Alejandro Tarruella: En Brasil, el semanario “Istoé” auspicia matar a Lula

Hace unos días, nada más, el 10 de noviembre de 2017, el semanario brasileño, Istoé, publicó una columna de Mario Vitor Rodriguez, en la que promueve sin eufemismo, la muerte de Luis Inacio Lula, el candidato popular que reúne casi el 40% de las intenciones de voto, en las encuestas que realizan consultoras y servicios de inteligencia del Brasil. Es, ni más ni menos, que un llamado al crimen. Algunos periodistas brasileños se preguntan si ahora, el Ministerio Público Federal, las policías bravas, que investigaron sin pérdida de tiempo la muerte del viejo perro de la presidenta Dilma, lo hagan ahora con la incitación a un magnicidio que realizan el instigador Rodríguez y el semanario “Istoe”, que expone a cara de perro, el rol de los medios de comunicación hegemónicos cuando se creen dueños de la vida y de la muerte de una sociedad. En cierto modo, recrea formas de control social propias del nazismo y otros regímenes violentos.
Pero ocurre que, las razones por las que “Istoe” reclama públicamente el crimen, son justamente las que alega una mayoría social para pedir, por respeto y por afecto, el regreso de Lula a la presidencia de la Nación. Rodriguez, en un lenguaje de tono policial que supera cualquier intento de declararlo periodístico, intentó argumentar su posición y escribió el 10 de noviembre en el semanario de derecha:
“Por el bien del país, Lula debe morir. Es una verdad incontestable. En el caso de Luiz Inácio, el presidente de Brasil, Luiz Inacio, es el encargado de la buena parte de la sociedad como el prócer a seguir, si sigue siendo capaz de liderar investigaciones e inspirar a militantes Brasil afuera, entonces Lula necesita morir.
“¿No entendieron? Yo explico –insiste el personaje-: mientras que el ciudadano no es más que un arribista que ha llevado la vida despojándose de los desafíos para pintar oportunidades, el mito, para alcanzar sus objetivos, todavía es capaz de zapatear sobre cualquiera. Incluso en la memoria de la difunta esposa.
Por el bien del país, Lula debe morir. Es una verdad incontestable. En el caso de Luiz Inácio, el presidente de Brasil, Luiz Inacio, es el encargado de la buena parte de la sociedad como el prócer a seguir, si sigue siendo capaz de liderar investigaciones e inspirar a militantes Brasil afuera, entonces Lula necesita morir
“Al individuo, criminal que es, sólo quedaba escapar de la cárcel. El personaje político, sin embargo, persiste en su sano por el poder, incluso después de haber comandado el esquema de corrupción más perverso en la historia de la República.
“En el caso de los niños, el sujeto merece la expiación pública – con el cumplimiento de la pena por los crímenes que cometió -, pero al antes líder carismático no cabe esa cucharadita: el folclore en torno a Lula necesita acabar, y eso sólo sucederá si es derrotado en las urnas.
Y resume, con el cuchillo entre los dientes: “si la gente respeta al presidente Lula, entonces es justamente por eso que él debe morir”.
La polémica estalló y la columnista de Brasil/247 Tereza Cruvinel, periodista de alto nivel de información, señaló que hay una «clara semejanza» entre el asesinato político de Juscelino Kubitschek (muerto en un sospechoso accidente mientras viajaba en automóvil el 22 de agosto de 1976) por la dictadura que gobernó la nación sudamericana entre 1964 y 1985 y la cacería desatada contra el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva para abrir camino a un cambio en el poder”. Lo que advierte Tereza Cruvinel es que asesinar a Lula está inscripto en una conducta que las dictaduras, gobiernos fuera del Estado de Derecho, como el de Temer, pueden adoptar. Hay que recordar que además de Kubitschek, está en discusión la muerte de otro presidente, Joao Goulart, presuntamente asesinado por la dictadura militar argentina en Corrientes, el 6 de diciembre de 1976. Por lo cual, el mandadero Mario Vitor Rodriguez estaría apuntando a recuperar una metodología afín a las dictaduras de su país.
La agresión como instigación a matar
En la Argentina, Prat Gay inauguró en cierto modo, la agresión verbal como método que abre las puertas de un pedido semejante cuando aludió a “la grasa militante”, desde su triste sitial de oligarca que fue catapultado del ministerio de Economía por sus pares de la clase media. Lilita Carrió, secretaria del Tribunal Superior de justicia del Chaco, nombrada con nivel de Juez de Cámara por el dictador Viola, utiliza la violencia verbal cercana precisamente al uso de los represores. Una de sus últimas intervenciones fue cuando comparó el caso Maldonado con Walt Disney. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”, sostenía Goebels en consonancia con Durán Barba. ¿Anunciar que hay que acabar con Lula no es acaso, además del llamado al crimen, inventar informaciones que distraigan?. Proponía Goebels también “Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave” e “Individualizar al adversario en un único enemigo”.
Esas ideas en Argentina, llevan el sello de Durán Barba y se inscriben, luego de tomarlas en parte del nazismo alemán, en el camino de muerte que propone el mandadero Rodríguez. Lo cierto es que Brasil parece marcar un camino que va de la reforma laboral que retrocede a la exclavitud, la pérdida de derechos, la formulación de la estructura legal del gobierno de facto de Temer sobre la base de la imposición de sus normas y la creciente presencia de fuerzas militarizadas en la represión. El macrismo observa esa construcción, la sigue y busca en un consenso de pura imaginación, acercarse a esa regresión “de 100 años” como la calificó Ricardo Alfonsín, político de Cambiemos. Y en tanto, va apretando la presencia represiva cuando prepara mediante el ministro Oscar Aguad, que colaboró con el general Menéndez en la Córdoba de la dictadura, un quiebre más acentuado de la legalidad. Un Mario Vitor Rodríguez podría ser parte de ese juego perverso.





