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El ofendido de Sáenz, pieza clave de los entuertos de Stornelli

El gobernador que sí le gusta cagar en Pinamar.

Cuando Cristina llegó a Comodoro Py el martes 17 de marzo de 2026 a declarar por una causa sin fundamentos, pruebas, ni debido proceso jurídico, enmarcada en una avieza persecución política, nadie advirtió que pondría sobre la mesa aquellos episodios de corrupción y espionaje que hoy la mantienen con un arresto domiciliario.

La dos veces Presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, no solo fue aclamada por la militancia peronista que aguardaba en la puerta del edificio donde permanece presa, sino que en el traslado hacia los tribunales de Comodoro Py, llevó consigo una audacia que solo tiene arraigo en quien, con claridad de consciencia, porta los hechos y las argumentaciones jurídicas que siguen comprobando su total e inobjetable, inocencia.

Cristina menciona a aquellos artífices de desgracias, a peligrosos colaboradores del actual régimen fascista y entreguista que tiene por cabeza a Macri, entrenador personal de Milei y toda una banda que desde la administración del Estado argentino, atenta contra los intereses del Pueblo y el bienestar general, que no admiten el acatamiento del corpus legal vigente en la República Argentina y que incluso, hacen -exprofeso- caso omiso de la propia Constitución nacional.

Cristina habla profundamente de personajes como Stornelli, Gustavo (NdR Sáenz, ahora gobernante salteño) y otros, en el contexto de una reunión en Pinamar donde se acordaron dineros, tráfico de influencias, campañas electorales y mecanismos atentatorios contra la vida, la integridad y la libertad de la ex mandataria.

Cristina Kirchner mencionó a un «Gustavo» que «buscaba ser gobernador» en una reunión en Pinamar, en el marco de la investigación por espionaje ilegal y la «causa Cuadernos». Al caso, de modo inmediato, la intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza publicó fotos en redes sociales señalando directamente a Gustavo Sáenz, gobernador de Salta.

Este cruce ha reavivado la tensión entre el gobernador salteño y el kirchnerismo, con Sáenz pidiendo que «la historia la juzgue» y cuestionando la conducción del PJ. Sáenz quiere la conducción del Justicialismo para evitar futuras derrotas y por ello, además, apuesta a una obscena convivencia con La Libertad Avanza, tratando de torcer las voluntades de la dirigencia local de Orozco y Olmedo. Bajezas si las hay, del político rodado bajo, rogó públicamente cantar en otra puesta en escena de Milei, en el Movistar Arena como hecho federalista. Una burla a todo lo que implica el federalismo y la ética.

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Sáenz en boca de Cristina Fernández deja su rol bufonesco y adquiere su real dimensión en una operativa que determinó el apresamiento de la referente nacional peronista, hoy presa política en una Argentina de hambre, crisis y desmantelamiento, donde Salta, ve sus peores realidades en la vulnerabilidad de los sectores poblacionales perjudicados con la pérdida de derechos humanitarios y de contensión social.

El gobernador, no sólo es un hombre proclive a la guerra, sino que de modo inescrupuloso por sus propias ambiciones personales pone en el ojo de la tormenta a una de las provincias más afectadas por la suspensión de obras públicas y políticas que quiebran el desarrollo social de la ciudadanía norteña. No son las argumentaciones de Cristina lo que provoca el terremoto en Salta, son todas esas conductas ladinas de su gobernador que en cada comisión de estruendos mediáticos ofende el raciocinio de sus comprovincianos, mancha la historia política de una sociedad que dio pelea por la emancipación de la Patria y ofende el estandarte de la gesta güemesiana con un poncho al hombro que le queda grande, porque a este infame traidor todo lo que la salteñidad política supone, le queda gigante.

Sáenz olvida que «cual recio huracán que se agita, estruendoso en carrera gigante, así corre aquel pueblo arrogante, de opresores la Patria librar.» Tal reza el Himno al héroe nacional, Don Martín Miguel de Güemes. El actual gobernador, de extracción partidaria dudosa, se esfuerza quitándole bienestar a los salteños, por agradarle al poder libertomacrista. Si para eso debe sumar herramientas persecutorias, acuerdos oscuros, manipulaciones mediáticas, una guitarra, el hall del Colón o un video al lado del Obelisco, lo hará. No porque lo suyo sea caer bajo, sino porque jamás estuvo en lo alto de la política, su lugar es ser segundo en toda ocasión. Su odio misógino hacia Cristina, lo pone en la vidriera como un troll de Milei, sin nada que envidiarle al Gordo Dan.

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