UNA y UNO: La paridad es un derecho a conquistar


Hace 69 años las mujeres argentinas adquirimos el derecho político de votar y ser elegidas. Años de lucha del feminismo vernáculo sin resultados hasta la aparición en la escena nacional de Eva Perón. 

Daniela Bambill

A partir de entonces, ese derecho solo se limitó, salvo escasas excepciones al sufragio. Integrar las listas fue otro hito a conquistar.

Recién en 1991 se promulga la Ley que establece que las listas deben tener un mínimo de cargos a ocupar por mujeres, así el cupo de las listas paso a un 30% de cargos para nosotras.

Ahora bien, la paridad en la representación política sigue siendo una deuda.

El patriarcado ha encontrado sus vueltas para que ese 30% siga siendo propiedad exclusiva del poder masculino en términos de decisión política. Así podemos observar que el nepotismo ha impregnado la cultura electoral naturalizando el sistema de elección de las mujeres que ocupan el cupo.

Esto último no va en desmedro de las mujeres que acceden a cargos de representatividad política, muy lejos está de esta servidora desdeñar una conquista más en la lucha femenina por lograr la equidad. Sin embargo la realidad es insoslayable

En la Cámara de Diputados de la Nación descansa a la espera de su tratamiento un Proyecto de Ley que va más allá del 30% en las listas legislativas, el Proyecto presentado por la Diputada Cristina Alvarez Rodriguez presenta un abanico de realidades a conquistar para erradicar definitivamente la cultura machista en términos de decisión política.

Como hace 69 años frente a la posibilidad que las mujeres votemos, como hace casi 30 años frente a la posibilidad que ocupemos espacios de decisión política, se escuchan voces en contra.

EL argumento más utilizado es que establecer un cupo va en detrimento de la capacidad de las mujeres que “naturalmente” y sin legislación debemos integrar las listas en parida de condiciones con los varones.

Acusan a quienes sostenemos que es imperioso que se legisle la participación política femenina en igualdad de condiciones con los hombres de una suerte de tramposa discriminación positiva.

Cabe preguntarse entonces, si no existiera el mentado cupo, ¿cuántas mujeres concretamente ocuparíamos los espacios? La respuesta puede ser diversa y controversial, es verdad.

Pensemos otra más concreta: ¿Qué lista presentada desde 1991 tiene en su constitución más del 30% de nombres femeninos? La respuesta es contundente: NINGUNA.

La respuesta nos lleva inmediatamente a otra pregunta, ¿solo el 30% de las mujeres que participan activamente en política están capacitadas para integrar listas?

Otra pregunta en términos cualitativos que surge es ¿solo están capacitadas para cubrir el conquistado cupo femenino las mujeres ligadas familiarmente a los hombres que toman la decisión política a la hora de diagramar las listas electorales?

El patriarcado es mucho más que el machismo. Los derechos políticos de las mujeres están condicionados por el sistema cultural imperante Cada paso en la lucha por la equidad encuentra los mismos argumentos que antaño, las mismas resistencias.

Esas resistencias no son exclusivas de un partido político, claro está. Tampoco lo son,  nobleza obliga, exclusivas de ningún género.

Queda en el tercer milenio y aunque parezca verdad de Perogrullo un largo camino por recorrer en la conquista de derechos de las mujeres.

Hoy, como ayer, volvemos a reclamar espacios y volvemos a encontrarnos con los mismos argumentos.

Es imperioso, como ayer, un instrumento normativo que regule la participación femenina para lograr la paridad en términos de derechos políticos.

#UNAyUNO es el punto de partida. Hacia allá vamos.

 

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