Los pibes, el blanco equivocado


El primero de febrero se cumple un año de que Gendarmería reprimiera con balas de goma y plomo a los pibes de la murga “Los auténticos reyes del ritmo” de la villa 1-11-14 del Bajo Flores. Mientras ensayaban para lo que sería su actuación de carnaval, vieron cómo avanzaba hacia ellos, por la calle Charrúa, un patrullero colmado de gendarmes hasta llegar a donde estaban y, aunque pidieron por favor, comenzaron a reprimir sin importarles que hubiera menores.  

Por Lic. Alma Rodríguez, especialista en literatura infantil y juvenil y miembro del Colectivo LIJ.

Especial para InfoBaires24

En el lugar se encontraban bailando alrededor de 80 chicos de dos años en adelante junto con madres que suelen ir con sus bebés a los ensayos. Por supuesto, este hecho se hizo eco en los medios cuando ya no pudo ocultarse -las fotos de los pibes baleados circularon por todos lados- y así y todo, no tuvo la repercusión necesaria para que todos pudieran advertir la gravedad de los hechos. Seguramente no hubiera pasado lo mismo si las víctimas de la represión hubieran sido chicos de otro estrato social; no cabe ninguna duda de eso. Es que chicos “tan blancos y tan puros” no están vulnerabilizados como los pibes de la villa del Bajo Flores: tan sencillo y complejo como eso. Esto es así, entre otras cosas, porque sabemos que no son los mismos los catorce años de un chico de un sector social o de otro así como tampoco sus realidades  y posibilidades.

En estos días, ¿casualidad?, en que muchos temas relevantes y constitutivos de lo que serán las políticas de Estado a lo largo del año -y más considerando que se trata éste de un año electoral- salen a la luz de lo que se llama “opinión pública”, comenzó a instalarse en los medios y, proveniente de las esferas de poder, el debate sobre la baja en la edad de imputabilidad de 16 a 14 años.

Se sabe que la reapertura de esta discusión compleja por todo lo que implica constituye una problemática de innumerables aristas que van desde poner nuevamente sobre el tapete políticas educativas hasta políticas penitenciarias y de seguridad pasando, por supuesto, por una concepción de infancia propuesta desde el Estado, lo que implica, además, innumerables discusiones en torno a lo social y a lo social vinculado específicamente a la infancia y adolescencia.

Luego de doce años de kirchnerismo en los que hubo un Estado presente en los sectores más vulnerables, que estuvo atento a cada necesidad y en el que se pensó a la infancia a partir de la igualdad de derechos y posibilidades desde todos los aspectos -salud, alimentación, educación, vivienda, posibilidad al acceso de la información, a partir del ya destruido  plan conectar/ igualdad, acceso a los libros por medio de un plan nacional de lectura que ya no existe, entre muchos otros derechos-, suena lógico que lo que lo que el Gobierno actual dio en llamar “el cambio” ponga en el blanco a los sectores más vulnerados y vulnerables, los más chicos y, dentro de esta franja, los que menos tienen.

Como sabemos, sin represión y sin exclusión este modelo no cierra y, por ende, debe ir acompañado, además, por la profusión de discursos relacionados con el accionar punitivo tan a tono con el votante PRO. No es casual que este debate se dé a casi un año de la represión a los chicos de la murga de Flores porque, tal como viene demostrando este gobierno a poco más de un año de haber asumido, es una constante poner en el blanco a los más débiles y a los que menos tienen. De esta manera, los pibes pobres pasan a ocupar -de manera legitimada- el lugar donde depositar todos los males sociales, así como los miedos a la inseguridad entre otras cuestiones y entre tantos prejuicios, porque si en algo se especializa este Gobierno es en poner el blanco en el lugar equivocado.

Sin represión y sin exclusión este modelo no cierra y, por ende, debe ir acompañado, además, por la profusión de discursos relacionados con el accionar punitivo tan a tono con el votante PRO

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