Halloween, celebración con sacrificios humanos y brujos

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Hoy es eje de la penetración cultural corporativa.  Escribe Alejandro C. Tarruella 

Alejandro C. TarruellaLa noche de brujas que llaman Hallowen surgió en la antigua Samhain, que era una celebración milenaria en las islas británicas. En la misma los hechiceros tenían la misión de apaciguar al señor de la muerte y pedir por las almas de los muertos. No existe certeza acerca del momento exacto en que comenzó a desarrollarse esa cultura. Las películas norteamericanas promovieron a nivel global, una suerte de circo de aquellos festejos en el marco de difundir el terror en todas sus formas, política de Estado que llevan a la OTAN para actuar subliminalmente sobre la población del planeta.  Se dice que proviene de una en el Samhain o Samagín, antigua celebración celta que se atribuye a  los druidas de Britania que reclamaban al dios de la muerte por las almas de los muertos. Para ello, recurrían a  las  fogatas a las que atribuían la capacidad de ahuyentar a los espíritus malos. Los druidas además, realizaban sacrificios humanos a través de los cuales creían poder ver el futuro.

Al parecer, eran tan severos que al llegar los romanos a las islas británicas, realizaron una prohibición parcial de los mismos.

   Los festejantes recurrían a máscaras, disfraces y diferentes elementos de valor artístico muchos de los cuales, a través del cine y la tevé, han llegado a nuestros países y aunque no tienen nada que ver con la cultura local, se imponen en las desesperadas búsquedas de identidad de la población, que asiste angustiada al aquelarre comunicacional de un sistema que rueda en su propia locura.

   La campaña militar de los romanos que encaró Julio César en el año 55 a.C., y que se afirmó en el año 43 a.C con Claudio era regida por los druidas, sacerdotes celtas que ocupaban el norte de Francia y las Islas Británicas. Los celtas se entregaban a artes ocultas y rendían honores a la naturaleza. Creían en las tradiciones y en la necesidad de satisfacer a los dioses.

Hallowen no Chakana

    Los celtas tenían un respeto muy elevado a las estaciones del año. Vinculaban al invierno con la muerte y al verano con la vida y adoraban a Belenus, el dios sol en particular el primero de mayo. Recuérdese que en el calendario Aymara, el 2 de mayo –la Chakana- se inicia el año de 13 meses (28 días por mes que dan 164 días más uno, el cero, que conocían hace unos 4 mil años).  Samagín, era para ellos el dios de la muerte (en México con su ambiente de arte, se celebra el 1° de noviembre y es una celebración popular más cercana a nuestros recordatorios de la fecha), y su evocación era el 31 de octubre.

El festival de Samagín, esa conmemoración de la muerte, se extendía tres días y tres noches y significaba, expresan los que saben, el  principio de la estación muerta del año. En ella campos y seres vivos dormían en la esperanza de la próxima primavera.

Eran creencia de los druidas que su pueblo era descendiente del dios de la muerte y se supone que constituía su principal deidad. Ahora, de ahí que la celebración se constituya en un hecho cultural en la Argentina y otros países, es un asunto de coloniaje cultural.

   La televisión y el marketing de guerra de las ventas, van despojando todo lo que hallan a su paso y las sociedades son frágiles a sus cometidos. Las corporaciones necesitan en su camino al sometimiento de los otros, de la destrucción de las culturales locales para imponer sus propios valores para instalar luego su precio. Hoy precisan que el cliente (su mundo es de clientes aunque haya que destruirlos por ataques de la OTAN o cambios paulatinos de cultura) siente su neoesclavitud como una satisfacción a sus deseos. De manera que trabajan sobre la sociedad desde el mundo de los niños, ahí va Hallowen. No tiene nada que ver contigo, no es tu cultura ni tu aspiración, pero lo es cuando la necesidad de vender un producto precisa de un universo de valores para llegar a la caja, a través de un relato, que expresa el cambio falso que solo viene de la mano corporativa. Cambiemos así no es transformar, modificar estructuras y padecimientos para compartir un mundo en común. Aquí se cambia para ser sometido, avasallado y arrasado como sucede con los migrantes de varias partes del planeta. Y si queda algo de la persona humana, que se entretenga comprando productos para celebrar el Hallowen que además, no le pertenece. Y que exige, como se cuenta, sacrificios.

 

 

 

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