Argentina, el shock de la Macri-economía

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Por Mathilde Guillaume, corresponsal Buenos Aires 

Traducción de Ana Sosa, especial para InfoBaires24

El presidente amigo de los banqueros, cuya elección hace un año terminaba con 12 años de kirchnerismo, sometió al país a un ferviente liberalismo. Mientras que los especuladores o los agricultores sacan provecho, las clases medias y pobres pagan los platos rotos.

Hace apenas un año, el entusiasmo desbordaba en los locales de la alianza Cambiemos cuando Mauricio Macri resultó electo presidente. Bajo una música estruendosa y un diluvio de globos amarillos, intentaba, victorioso, unos pasos de baile, prometiendo a sus partisanos en pleno delirio, «la revolución de la alegría ». Por primera vez en la historia del país, un candidato reivindicando su pertenencia a la derecha liberal y su simpatía con los mercados financieros, era elegido. «Por el voto y no por las botas», señalaba con sarcasmo el diario Página 12, en referencia a la ultima dictadura militar (1976-1983).

También por primera vez, el nuevo presidente no provenía ni del peronismo ni de su antiguo rival histórico, el Partido Radical, hoy día moribundo, sino de una alianza generada alrededor del partido creado hace 10 años por Mauricio Macri, el PRO. Su nombre, martillado como un slogan durante toda la campaña : «Cambiemos»

«¡Cambiemos!»  pidió entonces el 51,34 % de los argentinos. Y hubo cambio. En solamente tres meses, el ex intendente de la Capital Federal y su gobierno, principalmente constituido por CEOS (el ministro de Finanzas es un ex CEO del banco JPMorgan Chase, el de Relaciones Exteriores es el ex director Argentina, y el ministro de Energía fue presidente de Shell Argentina) dieron un brutal volantazo a la política económica del país. Apertura de los mercados, de las importaciones, devaluación y supresión drástica del control de cambios: esto significó, ni más ni menos, que el destrozo total del modelo proteccionista implementado por la administración Kirchner.

Serpiente marina de la inflación

Otros trastornos: el abandono de numerosos subsidios a los servicios públicos como el agua, el gas, la electricidad o el transporte, y la supresión de miles de puestos juzgados mas o menos prescindibles en un Estado importante.

En un año, Argentina perdió mas de 127 000 empleos formales, según las cifras oficiales. Pero aunque la clase media perdió en poder adquisitivo y en sentimiento de seguridad económica, es la clase pobre quien fue principalmente afectada durante estos primeros doce meses.

Yoni Tapia, fundador de la sopa popular mas importante de la Villa 31, gigantesca villa miseria en el corazón de  Buenos Aires, vió multiplicarse de manera alarmante los concurrentes: «Tuve que pasar a dos servicios por día hace dos meses, y no tengo suficiente alimento para todo el mundo. Los pobres son todavía más pobres.»

Una parte de Argentina empezó la resistencia, haciendo más manifestaciones que lo habitual. El viernes pasado, una marcha multitudinaria sostenida por los sindicatos fue organizada para aprobar un proyecto de ley de emergencia social, presentada por la oposición. El sábado, fueron los partidos de izquierda quienes se manifestaron en rechazo a las políticas del gobierno. Un poco antes, durante la semana, los científicos rechazaron las medidas de ajuste en el sector. En una de las banderolas se leía «Macri, tus globos explotaron».

La polarización de la sociedad, un clásico argentino que parecía haber encontrado su punto culminante al final del ultimo mandato de Cristina Kirchner, y que Mauricio Macri se comprometió a temperar, creció aún mas; sobre todo porque otros sectores se regocijan plenamente, empezando por el sector agrícola. «Nos sentimos considerados de nuevo» se alegra Juan Brasca, agricultor de la provincia de Buenos Aires, especializado en la soja. «La riqueza de Argentina siempre vino de la tierra y este gobierno es consciente. Le tenemos mucha confianza.»

«Nos sentimos considerados de nuevo» se alegra Juan Brasca, agricultor de la provincia de Buenos Aires, especializado en la soja. «La riqueza de Argentina siempre vino de la tierra y este gobierno es consciente. Le tenemos mucha confianza.»

El FMI bienvenido otra vez

Mauricio Macri no ignora el malestar actual. De la promesa de una «revolución de la alegría», pasó a la citación de Lenin (aunque la confundió con Churchill): «Para que las cosas vayan mejor, primero tienen que ser peores», declaró el viernes en una entrevista con el diario Clarín.

Citar la «pesada herencia» dejada por doce años de kirchnerismo, se volvio el leiv-motiv en el seno del gobierno. En esta óptica, Mauricio Macri emprendio la tarea de reestablecer el Indec. Durante los tres últimos años, la administración precedente no emitió ningún índice respecto de la inflación y la pobreza. Las primeras cifras, publicadas en septiembre de este año, anuncian que el 32 % del pueblo argentino se encuentra bajo el umbral de pobreza. «Problema: el nuevo método no se parece a ninguno de los utilizados por los institutos privados que funcionaron durante esos tres años; la cifra es solo una foto, por el momento es imposible de comparar», explica Francisco Jueguen, autor de un libro sobre el Indec.

El retorno a la normalidad del Indec, permitio de levantar la moción de censura del FMI que pesaba sobre el país desde su intervención en 2013. Después de diez años de ostracismo, el organismo de crédito internacional es, de nuevo, bienvenido en Argentina, feliz de haber encontrado la oveja descarriada. Dejando atrás la política de desendeudamiento llevada a cabo por los Kirchner, Mauricio Macri se endeudo por 45.000 millones de dolares, desde su llegada al poder, muchísimo mas que sus vecinos latinoamericanos. Cada linea de crédito, es celebrada como un símbolo de una «vuelta al mundo»

Espectro de los años  90
En plena recesión, el paós es una fiesta para las finanzas: «Con una tasa de interés del 26 %, una moneda que se reevalúa y ese enorme endeudamiento, el peso argentino es un muy buen negocio», analiza Orlando Ferreres. Tan jugoso, que es mejor especular que invertir en la economía real. El espectro de los años ‘90 y las consecuencias de la bicicleta financiera (paridad artificial entre el peso y el dolar que permitía inversiones jugosas mientras se agravaba la deuda) y la consecuencia de la «bicicleta financiera», combinado con medidas de ajuste,  es esgrimido como bandera roja por los opositores. En cuanto a las inversiones extranjeras prometidas por el presidente durante su campaña, que vendrían a reactivar la industria local, tardan en manifestarse.

Una gran parte del pueblo argentino continúa, a pesar de todo, creyendo en las promesas presidenciales, quien pide «tiempo» para que su modelo dé sus frutos. Un año después de su elección, Mauricio Macri concentra aún un 40 % de’opiniones favorables. Y ya emitió el deseo de un segundo mandato.

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