Adrián Paenza: “Es política criminal el cierre de Conectar Igualdad”


Cynthia Garcia

Además de su multipremiada labor en el mundo de las matemáticas y su tarea de divulgación científica, Adrián Paenza tiene un manifiesto compromiso con las políticas públicas que llevó adelante el kirchnerismo.

En esta charla desde Chicago, donde reside, analiza el desmantelamiento del Estado que realiza el gobierno nacional pero abre la puerta a un futuro esperanzador.

-Además de lo grave que significa despedir a toda la gente que trabajaba en Conectar Igualdad, está la incertidumbre de una política de esa dimensión que vos defendiste mucho.

-Si esta hubiera sido la primera medida, me hubiera sorprendido de la forma en que lo hizo, pero teniendo en cuenta el contexto, me parece que es consistente con lo que está pasando en el país: es como si entrara un elefante y se lleva puesto todo. Todo lo que llevó tanto tiempo construir. Es un proyecto enorme, haber entregado cinco millones de computadoras, haber pensado en cinco millones de familias que de golpe pasaron a tener acceso, a tener una esperanza de ver qué pasa en el mundo en vez de espiarlo… Las consecuencias de lo que se está haciendo van a ser devastadoras para el país y para su futuro. Nos estamos alejando de la alfabetización digital de los chicos, es una política criminal. Es una vergüenza, ni siquiera ha sido discutido.

Las consecuencias de lo que se está haciendo van a ser devastadoras para el país y para su futuro

-Se percibe como que la derecha que gobierna esté dando su batalla cultural.

-Cuando decís que este sería “el plan de la derecha” que viene a desarticular porque tiene un plan cultural… Yo lo pondría en duda. Yo veo que esto deja de ser un negocio, deja de ser importante. No es que hay otra política, otras ideas. Si fuese así, nos sentamos y lo discutimos. Pero, ¿cuál es la política que reemplaza a esto? ¿Cuál es el plan alternativo? Podría haber un grupo de personas con mejores ideas, pero no me saquen la comida de hoy de arriba de la mesa sin ofrecerme nada. ¿Cómo seguimos viviendo? A menos que me reconozcan que no les importa: en ese caso sí, yo no le reconocería al otro la autoridad intelectual de confrontar una idea, ya sería que no les interesa porque no hay un negocio.

-¿Ves que va por el lado del negocio?

-Hasta podría estar planteado como un negocio, de desmantelar este plan para dárselo a Clarín, pero tampoco. Esa hasta sería una política de gobierno, entregarle un negocio a las empresas afines, pero tampoco. Sería para discutir, porque tienen bien ganadas las elecciones y tienen legitimidad para plantear nuevas políticas públicas, pero lo que no pueden hacer es patear todo lo que había antes. ¿Qué le ofrecemos a los chicos? Esto me subleva, me hace sentir impotente.

lo que no pueden hacer es patear todo lo que había antes

-Cuando digo “la batalla cultural de la derecha” veo que se trata de desacreditar lo logrado. Por ejemplo, se señala que las maestras no estaban preparadas…

-Ah, no… Eso sería algo para mejorar, para ver cómo hacemos, pero no saquemos las computadoras; es un problema afrontar la transición de la era analógica a la digital. No se puede suspender el crecimiento de los chicos, no podés pedirle a los alumnos “esperen cuatro años que preparo al plantel docente y después retomamos”. Lo que hay que hacer es preparar a los docentes simultáneamente, pero si ese es el problema, díganmelo.

Ahora es importante la batalla en el congreso, no se puede gobernar con decretos de necesidad y urgencia todo el tiempo. A algunos no les importará, pero a mí sí que me importa. Esto va a cambiar en la Argentina, va a cambiar en América Latina y va a cambiar hasta en los Estados Unidos. Cuando escucho a un candidato a presidente de los demócratas, Bernie Sanders, que posiblemente no llegue a confrontar con los republicanos, que se declara socialista, decir que “hay que garantizar la educación pública y gratuita para todos los ciudadanos, igual que la salud”, pienso que debo estar mirando mal, que debo tener el Alzheimer tan avanzado que en Estados Unidos están hablando de cosas que yo aspiraba a que pasen en la Argentina.

Ahora es importante la batalla en el congreso, no se puede gobernar con decretos de necesidad y urgencia todo el tiempo. A algunos no les importará, pero a mí sí que me importa.

-¿Cómo se puede comprender, desde la razón, que políticas públicas inclusivas sean desmanteladas?

-No les importa la parte pública porque no les importa el Estado. El Estado es un estorbo. Todo lo que sea una manifestación popular, la gente en las calles, es una molestia. Las calles son de la sociedad, de la gente… son nuestras. Por eso no les importa ni Canal 7, ni canal Encuentro ni las políticas públicas de cualquier tipo, de salud, de educación, son un estorbo. El problema es mucho más serio y más profundo. Pero no quiero poner todo en términos tan desesperanzadores. Esta es una época transitoria, esto va a cambiar. Tendremos que esperar  poco menos de cuatro años, como un cronómetro que va yendo para atrás. Y habrá que aguardar en dos años a las elecciones legislativas. Además está la gente joven que va a modificar esto… Es solamente una etapa. Habrá que tener paciencia.

-Pero esto genera de manera inevitable un conflicto social.

-Sí, es inevitable. El otro día lo hablaba con Víctor Hugo: tengo mucho miedo a la represión. El despido de tanta gente es una cosa muy brutal y de una insensibilidad que linda con la locura. Uno no puede hacer eso. Por eso tengo miedo que haya manifestaciones populares que terminen con represión. La política de derechos humanos que hubo en la Argentina con Néstor y Cristina fue muy importante también.

-Se hizo un foro contra la violencia institucional y se tituló “Este modelo de ajuste no cierra sin represión”.

-No estuve ahí, pero haciendo las cuentas, a mí tampoco me da, no cierra.

-¿Cómo definirías a quienes nos están gobernando?

-Un gobierno son muchas personas. Ninguna de las manifestaciones, ni una, apuntan a que yo diga “sí, claro”… Quisiera poder encontrar algo. Lo diría así: si hay gente que se ha verificado que cobraba e iba a trabajar solamente una vez al mes, eso lo entiendo. Si había episodios corroborables de corrupción, estoy de acuerdo, porque no es aceptable con ningún gobierno. Pero me cuesta mucho creer que sean justificados los números de despidos que están ocasionando, estadísticamente no me da. Creo que se están llevando puesto todo. No puedo encontrar ninguna cosa en estos meses de gobierno que yo diga: “mirá qué interesante, esto se pudo haber hecho antes y no se hizo”. Estoy en contra de todo, sobre todo porque no hay una sola discusión. Todo está hecho casi con autoritarismo.

No puedo encontrar ninguna cosa en estos meses de gobierno que yo diga: “mirá qué interesante, esto se pudo haber hecho antes y no se hizo”. Estoy en contra de todo

-La situación de censura es tan asfixiante que las nuevas tecnologías nos permiten respirar un poco…

-Esto es una ventaja grande que en otro momento no había. Las redes sociales han hecho caer dictadores en Medio Oriente. Hay toda una oportunidad para unir estrategias. Si esto no nos mata, nos va a hacer más fuertes. Hay muchas cosas para hacer. Es el momento de ser solidarios, generosos, comprensivos y tratar de cooperar con el de al lado. Y obligar a discutir.

-También han puesto en duda a las universidades del Conurbano, cuya matrícula revela una enorme porción de primera generación de universitarios en las familias.

-Será cuestión de debatir todo. Cuál es el rol de las universidades privadas, también. O ¿solamente el que tiene la posibilidad económica puede estudiar? Las universidades privadas tratan al alumno como si fuera un cliente, son “enseñaderos”. Y la tarea de la universidad es totalmente distinta, no es sólo transferir conocimientos, no. Las facultades tienen otro objetivo, el del espíritu crítico y correr las fronteras del conocimiento. Esta era la revolución científica que se estaba produciendo, por eso también tengo esperanza. Es demasiado pronto, vamos a ver. Y vamos a defender todo lo conseguido.

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Cynthia Garcia

Cynthia Garcia

Periodista argentina. Nació en la ciudad de San Miguel de Tucumán (provincia de Tucumán), y de niña se mudó con su familia a Buenos Aires, donde en 1989 terminó sus estudios secundarios, en la secundaria Esteban Echeverría.