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TESTIGO PRESENCIAL DE LA DICTADURA: SERGIO TRIACA Y LOS VUELOS DE LA MUERTE

Su padre fue juez militar en Campo de Mayo y su madre, empleada administrativa

Su declaración fue importante para las causas por delitos de lesa humanidad.

La adolescencia de Sergio Triaca fue muy particular cuando los padres lo llevaban allí donde trabajaban. En medio del horror desatado por el Terrorismo de Estado en pleno Campo de Mayo. Sergio tenía por ese entonces 14 años y hoy con 56, da testimonio de aquello que oyó, vio y presenció en la labor que sus progenitores desempeñaban en aquel sitio del horror criminal.

Publican los compañeros de La Retaguardia al respecto de Triaca; «hijo de Numa Osvaldo Triaca y de Olga Elvira Chistoph. Su padre fue juez militar hasta su muerte en 1977, atribuida falsamente a Montoneros. Ambos llevaban a su hijo adolescente a Campo de Mayo, donde Sergio asegura haber visto a por los menos tres secuestrados. Dice que podría reconocer a una víctima de los vuelos de la muerte con la que cruzó miradas. El nuevo integrante de Historias Desobedientes de Argentina declaró el 3 de noviembre ante la jueza Alicia Vence, a cargo de la Instrucción de la Megacausa. Su testimonio, como todos los anteriores de hijos e hijas de genocidas, es un golpe de nocaut contra los discursos neonegacionistas y un nuevo aporte a la Memoria, la Verdad y la Justicia»

En declaraciones realizadas durante una entrevista con Fernando Tebele, Triaca se refirió aquello que fue parte de su testimonio judicial en la Megacausa Campo de Mayo sobre 3 personas secuestradas. Ocasión en la que escuchó a sus celadores hablar de que iban a ser víctima de los Vuelos de la Muerte.

Ante la prensa, Triaca dijo: Fui un testigo involuntario de lo que pasó. Recién ahora puedo vincular todo y comprender que si mis padres trabajaban a tan corta distancia de la pista de donde salían los vuelos de la muerte, algo tenían que saber, que fueron cómplices”.

“Declaro que fui muchas veces a Campo de Mayo”, testimonió Triaca ante el secretario de la jueza federal Alicia Vence, Agustín Rodrigo Berdier. Sus visitas a esa guarnición militar, repartidas entre los años 1975, 1976 y 1977, se deben a que sus padres “trabajaban” allí: la guarnición fue el último destino militar de su padre, entre 1971 y 1977, cuando falleció. Numa Osvaldo Triaca, juez de instrucción militar allí fue oportunamente ascendido a coronel. Su madre Olga Elvira Christoph era empleada en la oficina de Personal “y en Inteligencia” de la guarnición, testimonió. Su jefe era Benito Omaecheverría, quien integró la nómina de acusados en el juicio por la Megacausa Campo de Mayo durante las primeras semanas de debate: falleció al poco tiempo.

Triaca, relató esos episodios de su vida adolescente en sus habituales visitas, médicas pues lo atendían en el Hospital Militar del predio. También en Campo de Mayo utilizaba la pileta del Casino de Oficiales. En esas circunstancias dijo haber visto “cosas que eran extrañas”

Ante la Justicia denunció que, durante sus visitas al Hospital vio “gente entrando en camilla, llevada por cuatro soldados (…) recuerdo bien el mal trato de un médico hacia el paciente que estaba ensangrentado en la camilla”. Contó que en varias de sus estadías diarias en el Comando de Institutos Militares, lo dejaban en el Casino de Oficiales, pero a veces se iba a la oficina de su padre “sin aviso”.

Por esos recorridos vio, en distintas ocasiones, a tres personas custodiadas por «dos militares» en la puerta de la oficina de su padre. Aquellas víctimas custodiadas eran civiles de pelo «crecido, largo” y la vestimenta “informal, sucia”. Según lo que percibió, de ellos supuso que no eran militares. Aunque lo que le “llamó poderosamente la atención” conforme lo declarado es que las tres “tenían las manos atadas en la espalda, (…) no eran esposas (…) sería una soga con lo que tenían atadas las manos atrás”, declaró.

A dos de esos jóvenes custodiados los vio solo desde atrás, pero con el tercero cruzó miradas. Relató: “Sintió mi presencia y giró para mirarme. Era la mirada de un rostro muy triste e interpreté esa mirada como si fuese de despedida”. En el Juzgado repitió lo que le oyó decir a uno de los custodios sobre la persona de la mirada triste, “una frase que llevo dentro de mi vida durante 44 años”, aclaró en su denuncia: «éste sube al avión y sale volando», fue esa frase de uno de los custodios.

A Sergio, aquel joven lo dejó “shockeado” declaró. “Era su mirada tan triste y desahuciada, no tenía ninguna chance, ninguna defensa. Y al día de hoy lo siento como una daga, me destruyó”. «No hice nada entonces, me quedé duro» afirma. Sólo varios años después comprendió la frase del avión en todo su horror.

–¿No le preguntó a nadie quiénes eran esas personas custodiadas?
–No hice nada. No se lo conté a nadie, pero lo seguí pensando. No lo hablé ni siquiera con mi mamá. Todavía no pude preguntarle «¿sabés todo lo que pasó, sabés dónde están los desaparecidos?». Y cada vez que empiezo a querer llevarla para ese lado, se da cuenta, está entrenada, me responde: “No te voy a dar ningún nombre”. Me da vergüenza contar esto después de tanto tiempo, me da vergüenza mi familia militar y negacionista, me da vergüenza haber trabajado en Mercedes Benz. Yo era un nene bien, un nene estúpido que vivía en una nube de nada. Donde sigue viviendo mi familia, ciegamente negacionistas, la nada misma.

Numa Triaca y Olga Christoph tuvieron cuatro hijos: Jorge, el mayor; Diana, la del medio, que nació melliza de un varón que falleció, y Sergio. El hombre murió en 1977 tras un episodio que el entorno militar y agrupaciones pro genocidas atribuyeron “a la subversión”, pero que el propio Ejército y sus servicios de Inteligencia descartaron tuviera que ver con las organizaciones políticas armadas de la época. La Asociación de Familiares y Amigos de Víctimas del Terrorismo en Argentina (Afavita) lo incorporó en una lista que presentó en 1984 ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. “Eso es falso, son unos mentirosos”, asegura el hijo menor.

Christoph aún vive. Tiene 93 años y habita todavía la casa familiar, en Olivos. Para Sergio, su madre “tiene que tener mucha información para aportar, si trabajaba en donde se dice se armaban las listas de los desaparecidos de Campo de Mayo, ¿cómo no va a saber?”, resalta, en relación a la Oficina de Personal, a cargo de Omaecheverría.

“Siempre me sentí sapo de otro pozo”, dice el hijo menor del matrimonio. “Mi hermana es peor que Cecilia Pando y mi mamá es pro militar. Yo intento igual acercarme, no pierdo el contacto con mi mamá, pero no puedo hablar de nada. Siempre me hicieron a un lado porque decían que tenía una opinión diferente a la de ellos”, completa. Ante el Juzgado de Vence describió brevemente algunos de los ataques verbales que le dedicaban su madre y su hermana: “Sos un zurdito también”, “a vos también te tendríamos que haber tirado del avión”.

Y si bien se sentía “distinto” de su entorno, recién hace algunos años pudo romper con el hermetismo que creció y que siguen manteniendo la familia Triaca y tantas otras sobre los crímenes de la última dictadura. El juicio por la Megacausa Campo de Mayo fue el punto de inflexión; los testimonios de los familiares de los trabajadores de Mercedes Benz, detenidos, llevados a Campo de Mayo y aún desaparecidos, el detonante.

“Esos testimonios son tremendos, desgarradores, me dejaron atónito”, asegura. El menor de los Triaca trabajó durante 25 años en la automotriz. “Trabajaba en la fábrica y también en las oficinas centrales, en Avenida Belgrano y Azucena Villaflor, Puerto Madero. Claro, Azucena Villaflor, Azucena Villaflor… me empecé a preguntar hasta que me puse a buscar y supe quién había sido esa mujer”, cuenta en relación a una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, secuestrada en la ESMA y asesinada desde los vuelos de la muerte.

Pero Sergio no descubrió solo a Azucena: “Frente a esas oficinas hay una placa muy chiquita de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires en homenaje a 14 desaparecidos de la fábrica. Yo pasaba y miraba, me anotaba los nombres. Está el que quiere mirar para el costado en la vida y estamos los que decidimos no mirar para el costado. Leyendo información sobre ellos en Internet me enteré del juicio y empecé a ir”, comenta. Era 2019. Para entonces, ya se había desvinculado de Mercedes Benz.

 

Fuente: Anred, La Retaguardia, pensamientodiscepoleano

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