
La reciente reunión de Miguel Pichetto con Cristina Fernández, el acto que este mismo dirigente protagonizó junto a Guillermo Moreno, el Gringo Castro y otros referentes políticos, sindicales y sociales, el lamentable espectáculo que protagonizó el presidente en la asamblea legislativa, las críticas de la ex intendente de Quilmes y actual diputada Mayra Mendoza al gobernador Axel Kicillof —reprochándole que no hubiera reclamado públicamente la libertad de Cristina en su discurso—, y las prudentes y acertadas declaraciones del dirigente del peronismo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Juan Manuel Olmos en el programa de Carlos Pagni, me llevan a formular una serie de reflexiones que deseo compartir, con miras a contribuir a elaborar una propuesta electoral competitiva capaz de confrontar, con reales posibilidades de éxito, contra el presidente Milei, quien con toda probabilidad buscará la reelección.
Para encarar con posibilidades la competencia electoral que se avecina, resulta imprescindible dejar de seguirle el juego a quien, hasta ahora, mejor lo domina: el propio presidente. La oposición debe trasladar la confrontación a un terreno de racionalidad, propuestas concretas y discurso diferenciador.
Responder a la agresividad del discurso presidencial con más agresividad y gritos es un error estratégico de primer orden, máxime cuando el presidente contaba con el monopolio del micrófono y la cómplice cobertura de los medios afines. En ese escenario, la preocupante actitud de algunos legisladores opositores que optaron por vociferar no hizo más que proporcionarle el marco que buscaba: un espectáculo en el que él se mueve con total comodidad y del que sale fortalecido.
La actitud presidencial no tomó a nadie por sorpresa: era perfectamente previsible. Lo racional y sensato hubiera sido no concurrir, o bien asistir y permanecer en silencio, o retirarse en bloque en el momento en que comenzaran los agravios, dejando al presidente en evidencia ante la ciudadanía. Lo que bajo ningún concepto debía hacerse era entrar en su juego, como finalmente ocurrió.
Otro comportamiento igualmente desafortunado fue el de la diputada Mayra Mendoza al reprocharle públicamente al gobernador bonaerense no haber reclamado la libertad de Cristina en su discurso de apertura en la asamblea legislativa provincial. Para analizar esta cuestión, recurro a los títulos «CRISTINA LIBRE», UNA CONSIGNA EXTORSIVA HACIA ADENTRO Y PIANTAVOTOS HACIA AFUERA* de Néstor Miguel Gorojovsky y «A VER MAYRA» de Gustavo Matías Terzaga —publicados en sus respectivos perfiles de Facebook—, que cuestionan con sólidos argumentos la postura de la hoy diputada. Reproduzco sus partes sustanciales:
Expresa Gorojovsky: *Esa alianza, si queremos empezar por el principio —que es recuperar la presidencia—, abarca mucho más que a los seguidores de Cristina, e incluye, con toda seguridad, a no pocos que la detestan.
La manera en que La Cámpora utiliza la consigna “Cristina libre” es innecesaria hacia adentro del movimiento nacional, porque todos coincidimos en ese reclamo. Y es, además, extorsiva, en la medida en que viene tácitamente asociada a la de “Cristina conductora”, que a muchos no los representa.
Pero mucho peor es su efecto hacia afuera, allí donde están los votos para ganar en primera vuelta —que es la única forma en que podemos ganar—: necesitamos también los votos de argentinas y argentinos que no pondrían la mano en el fuego por la inocencia de Cristina, o que —como gran parte de los asalariados registrados con afiliación gremial— tienen viejas cuentas pendientes con el peronismo político y, en particular, con el kirchnerismo.
Coincidentemente, expresa Terzaga: *Si de verdad querés a Cristina en libertad —como la queremos muchos acá—, el camino no es la exigencia del testimonio permanente y obligatorio “Cristina libre” para todo aquel que hable en público, sino construir poder real que genere verdaderas chances electorales.
Todos sabemos que el “Cristina libre” funciona como contraseña de subordinación a su conducción. Pero Kicillof ya se desligó de esa obediencia hace tiempo, mucho antes de la condena, y eso —evidentemente— resulta imperdonable para la lógica del dedo y la custodia cerrada de la herencia política.
Hoy, guste o no, el dirigente con mayor proyección nacional de cara a 2027 es Axel Kicillof. No porque alguien lo haya ungido, sino porque gobierna la provincia más grande del país bajo asedio financiero permanente, resiste el brutal ajuste de Milei, gestiona con eficacia y conserva legitimidad electoral. Y encima, los sostiene estoicamente a ustedes, que son un lastre para cualquier construcción colectiva.
Entonces cabe formular una pregunta directa: ¿Qué aporta el desgaste constante? ¿Qué se gana exigiendo declaraciones de lealtad mientras la provincia es atacada y desfinanciada? “Cristina libre” es una consigna legítima, pero no es —por sí sola— un programa capaz de ganar una elección nacional. Todo lo contrario: es un eslogan que resta votos. A muchos bonaerenses no les preocupa esa cuestión; les preocupan el barrio, la seguridad y el trabajo.* Con estas apreciaciones coincido plenamente y a ellas me remito.
Viene al caso recordar un discurso de Juan Perón pronunciado en 1973, recién regresado de su largo exilio, en el que acuñó una frase que se hizo célebre y que considero plenamente aplicable a la situación actual: «Somos lo que las 20 verdades peronistas dicen. No es gritando ‘la vida por Perón’ que se hace patria, sino manteniendo el credo por el cual luchamos».
El gobierno opera a partir de medias verdades que, con la complicidad de los medios hegemónicos, logra instalar falsamente como verdades absolutas en el imaginario colectivo.
Como colofón, frente a la adversidad del momento histórico que atravesamos, debemos demostrar que esa adversidad no nos vence, sino que nos retempla. No debemos seguir haciéndole el juego a Milei y sus aliados respondiendo con la misma moneda de agresiones y descalificaciones.
La respuesta debe articularse sobre tres pilares: veracidad en los hechos, racionalidad en el análisis y honestidad intelectual —que no debe confundirse con ingenuidad— en el debate. Sobre esa base, ajustando el discurso a las nuevas realidades y analizándolas desde el prisma de las tres banderas peronistas, será posible construir las propuestas alternativas que el país necesita frente al proyecto del gobierno libertario.
(*) Militante peronista, conductor de Grupo Descartes y Ministro de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires 2007/2015





