FIFA arremete contra la Argentina con sanciones desmedidas y sesgo político
Doble vara e hipocresía en Zúrich

La Comisión Disciplinaria de la FIFA volvió a dejar al descubierto su discrecionalidad ideológica e institucional. Tras los altercados ocurridos al cierre de la final del Mundial, el organismo rector sancionó de forma inédita y desproporcionada a los futbolistas de la Selección Argentina, al tiempo que multó a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) con un claro tinte de aleccionamiento político.
En lo deportivo, el castigo recayó con una rigurosidad desmedida sobre Leandro Paredes, quien recibió diez partidos de suspensión y una multa de 90.000 dólares.
Nahuel Molina fue sancionado con siete fechas, mientras que Thiago Almada y Roberto Ayala sufrieron suspensiones menores. Sin embargo, la asimetría del fallo resulta escandalosa: mientras a los futbolistas argentinos se les imponen penas casi equivalentes a un proceso clasificatorio entero, los futbolistas europeos involucrados en la provocación recibieron penas simbólicas de apenas una fecha.
Un fallo económico con censura política
El apartado financiero del dictamen impone una multa global de 321.000 dólares a la AFA, acompañada por la restricción del 50% de aforo para los próximos compromisos de local.

Más allá de los argumentos sobre la conducta del público, el elemento más preocupante es el sesgo punitivo contra la libertad de expresión: la FIFA penalizó económicamente la exhibición de una pancarta con la leyenda “Las Malvinas son argentinas” durante los festejos ante Inglaterra, encuadrándola de manera insólita como un acto de “manifestación política no permitida”.

Esta postura vuelve a evidenciar la hipocresía estructural del máximo organismo del fútbol mundial. Mismo ente que promueve campañas publicitarias sobre causas sociales cuando le resulta rentable comercialmente, actúa con rigor implacable y censura cuando la reivindicación proviene de una nación del Sur global.
La AFA ya confirmó que apelarás los fallos ante los tribunales correspondientes, buscando poner un límite a una conducción internacional que aplica reglamentos con una preocupante doble vara.





