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Scioli se afianza en la preferencia popular

Escribe Alejandro C. Tarruella especial para Infobaires24

 

Cambio en la continuidad

   Scioli se afirma en cada provincia y en cada pueblo, porque su propuesta se basa sobre una acción de gobierno visible y transformadora. Por eso, si persiste en señalar que habrá 82% para los jubilados de menores ingresos o  devolución del impuesto a las Ganancias, con dos renovaciones del mínimo imponible anuales, está avalado por 12 años de acción de gobierno donde el Estado se hizo ver. Y esta confirmación, señala además que su propuesta, el plan que tiene entre manos, constituye un cambio en la continuidad.

  Los nuevos puntos propuestos, como los indicados, su insistencia en profundizar en términos de desarrollo lo construido hasta ahora, acercan al país a un momento histórico. Con más empleo, más educación, más salud, y un despertar científico que se observa en el papel del país en la industria satelital por ejemplo, Scioli sabe que si triunfo el 22 de noviembre, es un apoyo a ese rumbo que el va a profundizar.

  Así, es correcto lo que expresó Rosario: «Este ballotage tiene… 2 opciones: un camino que va al desarrollo y otro que puede volver a las viejas políticas del pasado», advirtió. No estaba equivocado porque las políticas del futuro son las que vendrán y las que están en curso. En Misiones visitó un complejo donde construyen 11mil viviendas, el más grande del país. ¿Cuándo antes en décadas cercanas hubo un proyecto que construir 11 mil viviendas? Solamente del 2003 a esta parte. Y no hay vueltas ni danzas alegres que puedan celebrar la restauración del neoliberalismo para acercarnos casi a los rasgos de la dictadura militar que asoló al país en 1976.

Este ballotage tiene… 2 opciones: un camino que va al desarrollo y otro que puede volver a las viejas políticas del pasado.

   Scioli rechazó en estos viajes la presunta “campaña del miedo” que instalan los medios alimentados por las corporaciones: «No me voy a distraer en estas cuestiones. Es una confrontación de ideas y eso no tiene que molestar a nadie, ni ofender”, respondía con inteligencia Scioli porque hay que dar por el pito, más de lo que el pito vale, como dicen en el barrio. El miedo es el que impuso la dictadura, el que metió Cavallo cuando impidió que los jubilados accedieran a sus dineros en los bancos o les arrebatara junto a Patricia Bullrich, el 13 por ciento de sus ingresos. El miedo es ver el rostro de Rodríguez Larreta en los afiches pidiendo al Fondo Monetario Internacional divisas para endeudar y entregar la Ciudad de Buenos Aires.

Oponerse a todo

   Por los bostezos de la dictadura y el neoliberalismo que arrastran en estos años fue que “Durante 12 años de gobierno, la oposición se opuso a todo”, como expuso Carlos Zannini, compañero de fórmula presidencial de Daniel Scioli, al momento de firmar la Segunda Acta de Reparación Histórica de Formosa con el gobernador Gildo Insfrán. Zannini decía que “la derecha no habla de lo que va a hacer, no habla de lo que piensan, esconden su pensamiento, en todos lados dicen lo mismo para “aplicar ideas que ya se aplicaron en la Argentina y nos fue mal”. Esa es la síntesis, con ellos nos fue mal. ¿Qué razón habría para que la gente quisiera tropezar una vez más con la misma piedra?

   Macri usa un estilo semejante al de Menem en campaña, salvando las distancias porque el riojano era un tipo de interesante nivel de inteligencia, y habla en consignas. Ahora abruma pronosticando una presunta “revolución de la alegría”. Menem lanzaba por su parte, la “revolución productiva” que consistía en producir cada vez menos y pagar menos rompiendo la posibilidad de recuperar las paritarias, que en los noventa estaban prohibidas. “¿Revolución productiva, cómo es que no me di cuenta?”, cantaba por el 2001 José Larralde mientras cuestionaba desde la canción popular a la ensalada neoliberal cuya proyección está expresada hoy  en Macri, Frigerio, Melconian, Rodríguez Larreta y los demás.

Hay un rotundo repudio al retorno a los noventa.

   Ricardo Pignanelli, uno de los dirigentes sindicales que conoce el lenguaje sencillo del pueblo dijo en estos días que “En el ballotage se pone en juego la Argentina”, y agregó que “Hasta ahora tuvimos una devaluación controlada. Macri quiere una devaluación violenta, con un dólar a $20”. Ese es el horizonte que cabría para el país si el hijo de Franco, que no es franco, manoteara el gobierno. Por eso, no es posible que Mauricio llegue hasta ahí. Gestos de arrebato, chillidos de histeria, mentiras de arriba para manejar el abajo, puede ser. Pero no es posible hoy restaurar el 2001 para que los que alcanzaron las comisiones por endeudar el país desde el 2003, cobren ahora. El pueblo los tiene marcados. Melconian dice ahora lo que ellos no pueden decir, el quiere quitar el cepo al dólar para que el cepo vuelva a las comisarías y los cuarteles.

   Hay un rotundo repudio al retorno a los noventa. Se huele en las provincias, se siente en cada proyecto que anuncia al próximo. Scioli se afirma en su trabajo permanente de ir a cada pueblo, a cada voluntad dispuesta al cambio en la continuidad. Ahí estamos.

 

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