Juan Carlos Díaz Roig: «El Patriotismo»

Decía Charles de Secondat, el barón de Montesquieu, en sus «palabras preliminares» a su obra cumbre, «L’Esprit des Lois» (El Espíritu de las Leyes), que era conveniente que los pueblos volvieran a cultivar las virtudes. Y que para los monárquicos, la virtud principal era el honor. Y que para los republicanos, debiera serlo el patriotismo.
Y afirmaba que el patriotismo era la igualdad (hoy diríamos la igualdad de oportunidades).
Varias veces me ocupé de las relaciones entre Nación, República y Patriotismo. Y la celebración del lunes, de la fecha patria, me parece un momento oportuno para volver a reflexionar sobre ello.
Reza el primer artículo de nuestra Constitución Nacional que la Nación Argentina adopta para su gobierno la forma Representativa, Republicana y Federal. Es decir que la Nación está antes que la República así como las provincias existen antes que la Nación.
Tengo para mí que la Nación tiene tres componentes. Dos de ellos materiales, que son el Territorio y el Pueblo. Y uno espiritual, que es el Patriotismo.
Para mí, el patriotismo es simplemente el sentido de pertenencia. Es la convicción íntima y profunda, de cada integrante del pueblo, de atar indisolublemente el carro de su vida y el de su familia, al destino de su pueblo. Es la convicción del destino común, porque nadie puede realizarse sino en una comunidad que se realiza íntegramente y que contenga a todos sus miembros.
Es por ese patriotismo por el que pueblos como Israel y los palestinos se han mantenido como Nación, aún sin territorio.
Y por eso es importante en nuestros días, reflexionar sobre la esencia de nuestra propia identidad.
Varias veces también me referí al obstáculo más serio que enfrenta el patriotismo. Y lo denominé el «virus» del antipatriotismo.
Cuando escuchamos a aquellos que dicen «este país», en forma despectiva, a quienes hablan de «los países en serio», entre los cuales, lógicamente nosotros no estaríamos, a los que se lamentan manifestando: «¡Qué vamos a hacer, somos argentinos!», con seguridad ya tienen inoculado el virus.
En realidad se trata de una manifestación de la penetración cultural extranjerizante, que Jauretche describía como «la autodenigración de lo argentino».
Los romanos, se llamaban a sí mismos civiles, o civilizados, porque defendían sus ciudades, sus «Civis». Y a los extranjeros los denominaban «bárbaros».
Pero la mentalidad extranjerizante en nuestro país, llegó a su máxima expresión con Sarmiento, que en uno de esos raptos de extraordinario talento, con que los cipayos pretenden adoctrinar a las minorías presuntamente «cultas», invirtió la formulación histórica y planteó como central, la contradicción entre «Civilización y Barbarie», donde los bárbaros somos nosotros, y civilizados todo lo que venga de afuera.
Básicamente, inculcarnos que nosotros, los argentinos, los gauchos, los originarios, hoy los inmigrantes laboriosos y sus hijos y nietos, no servimos. Debemos necesariamente recurrir a «los de afuera», para salvarnos. Necesitamos su capital, sus conocimientos, su ejemplo y su protección.
Macri llego a afirmar que no había que invertir en Investigación Científica y Tecnológica, total, la tecnología se puede comprar «de afuera», del mismo modo que en la década del 90 un «spot» publicitario nos mostraba que ni siquiera sabíamos construir sillas, porque se rompían, y había que importar todo.
En mi humilde criterio, resulta menester, tras el festejo del día de la Patria, que entendamos estas cuestiones.
Que entendamos que una cierta cantidad de argentinos, están ideológicamente culturalizados en el virus del antipatriotismo. Ellos creen que es mejor la propiedad privada y la competencia individual, que el bien común; creen que es mejor el fútbol para pocos que el fútbol para todos; que es mejor la salud para pocos que la salud para todos; creen que el que quiera estudiar debe pagar; que el que no aprueba un examen, debe repetir el grado y ser excluido (nosotros pensamos que hay que buscarlo hasta en la casa, para que aprenda y apruebe, porque a la comunidad le conviene que todos estudien y aprueben); creen que la jubilación debe ser privada; que se debe volver a privatizar YPF, Aerolíneas, Aguas, el Correo, etc.
Creen que se debe pagar la deuda externa, aun cuando sea ilícita, si así lo ordena un juez extranjero; creen que estar en el mundo es hacer lo que Estados Unidos ordena; creen que hay que terminar el curro de los derechos humanos, como afirma Macri; creen que la inseguridad, y la drogadicción, esos flagelos mundiales, en los que la Argentina no está entre los países que tienen los peores índices, se resuelven con «mano dura», y no con un programa que abarque toda la realidad socio económica del país, fortaleciendo la prevención con participación de la comunidad.
Los resultados de los últimos comicios, van confirmando que hoy, Civilización es ganar electoralmente en los cuatro distritos de la Pampa húmeda, donde más perfora la prédica de los grandes medios de información pública que manipulan la realidad y ocultan la verdad, sesgando la información, y en cambio Barbarie es hacerlo en Salta, Chaco, Neuquén y las otras 20 provinciales marginales.
El día de la Patria debe servirnos para entender a los que no piensan como nosotros, a los que admiran a Rivadavia, Sarmiento, Mitre, Roca y sus actuales referentes, encabezados por Macri y Massa.
Nosotros, debemos encolumnarnos detrás de Moreno, San Martín, Rosas, Irigoyen, Perón, Alfonsín y Néstor y Cristina Kirchner, y la visión Universal de Francisco.
Y así, convencidos de que el amor siempre al final vencerá al odio, debemos constituirnos en permanentes actores de la Unidad Nacional sin exclusiones, concebida como la suma de nuestras verdades relativas, con la militancia en memoria de todos los que murieron en la lucha por la liberación nacional, solamente así, tendrá sentido, en mi modesta opinión, y desde lo más profundo de nuestros corazones, gritar, sintiéndonos orgullosos de nuestra identidad: ¡Viva la Patria!





