Otro ataque a la cultura: «La Catedral del Tango» clausurada

Por Camila Correa, especial para Infobaires24
En la madrugada del sábado, tres inspectores del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se hicieron presentes en la reconocida milonga «Sin Rumbo», ubicada en el barrio de Villa Urquiza. Inmediatamente, los hombres se identificaron ante el bufetero, y le pidieron el Libro de Habilitaciones. Como éste se hallaba en una oficina bajo llave, el encargado se ofreció a llamar al dueño para poder cumplir con el pedido, pero los inspectores se negaron rotundamente, labraron un acta y convocaron a los responsables al viejo Mercado del Plata para presentarlo ante los controladores, dejando el lugar clausurado hasta entonces. Es la primera vez, en 96 años de existencia, que este sitio de culto para todos los tangueros del mundo cierra sus puertas.
«Sin Rumbo» es uno de los tantos espacios culturales a los que el gobierno de la Ciudad decidió darle la espalda. Konex, El Café de los Patriotas, La Barbarie y Compadres del Horizonte son algunos de los nombres más recientes. Todos los meses, en distintos barrios del distrito, actores políticos y sociales se organizan para exigir el cumplimiento de la ley de protección de Centros Culturales, sancionada recientemente por la Legislatura Porteña. Sin embargo, la gestión macrista desoye todo tipo de reclamos, llegando a clausurar más de veinte centros en un solo fin de semana.
Lo sorpresivo es que esta inspección que no duda en ponerle una faja a la aparentemente peligrosa Catedral del Tango, no muestra la misma tenacidad a la hora de controlar otro tipo de lugares.
Un claro ejemplo de esta doble vara lo constituye Iron Mountain, el depósito de documentos de Barracas que se incendió en febrero del año pasado, costándole la vida a nueve bomberos y un rescatista de Defensa Civil. El galpón funcionaba sin habilitación -el Gobierno porteño admite que el papel estaba «extraviado»-, bajo dudosas condiciones de seguridad, y con más de 15 alertas por haber desaprobado el plan de evacuación. ¿Dónde estaba la rigurosidad macrista?
Tampoco parece haberse hecho presente en el taller clandestino de Flores, donde dos niños de 7 y 10 años murieron quemados cuando el fuego los sorprendió mientras dormían en el sótano del lugar. Los pequeños vivían allí, en condiciones infrahumanas, con puertas y ventanas bloqueadas, tapiadas y enrejadas, junto a sus padres y cinco personas más; los adultos trabajaban confeccionando ropa durante más de 20 horas, cobrando $5 por prenda, si es que los empleadores cumplían con el pago. Como si esto fuera poco, antes de realizarse los peritajes, un segundo incendio por causas aún desconocidas, arruinó documentación fundamental para la investigación.
Las contradicciones afloran constantemente y no se trata de meras casualidades. La realidad evidencia los dos modelos de país que se encuentran en pugna. Mientras la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner inaugura el centro cultural más grande de Latinoamérica, el gobierno porteño sostiene una concepción privatista y neoliberal del espacio público. La clausura es ideológica: expone una visión que privilegia al mercado sobre el Estado, a los negocios frente a los derechos. Mientras unos pocos actúan inmunes a cualquier tipo de control, los sectores más vulnerables enfrentan la desidia, la censura, y hasta la muerte.





