Giustozzi, el final de un saltimbanqui sin fe

Escribe Ignacio Campos, Director de InfoBaires24
Los movimientos en falso que viene dando Darío Giustozzi desde que partió del Frente para la Victoria al mambo Renovador de Sergio Massa, solo muestran el síntoma que produce cierto oportunismo sin destino en la política local. En primer término, al culminar una etapa en Almirante Brown donde gobernó incluso con la intención de sostener un cierto tono de nobleza concediendo el gobierno a la familia. Luego, en su búsqueda sin freno de ser el único candidato a gobernador de la mano de familia Massa. En este último caso, Giustozzi chocó con los deseos de un desdibujado Felipe Sola, y un mejor financiado Francisco De Narvaez, que suele dorar a sus campañas con abundantes inversiones para al menos ocupar un espacio en la cartelera mediática. En ningún caso, lanzado a la arena de la política grande, Giustozzi mostró coherencia política de defender un proyecto como el que conduce hoy Cristina Fernández de Kirchner. En todo caso, es apenas una sombra en la arena, una sombra que con al paso de las horas se disipa y se pierde sin que nadie la recupere siquiera para el olvido.
Giustozzi quiere sorprender cuando se va porque lo desplazaron de su única fe: tener la candidatura a gobernador por la familia Massa, afirmando que “Si el Frente Renovador administra el país, vuela todo por el aire”. ¿Cree el saltimbanqui Guistozzi que los electores son tontos que se desplazan a la escucha de sus reflexiones? Resulta ahora que cuando tenía a mano la candidatura, que es su propósito esencial sin interesarle demasiado qué pensamiento le pone dentro, el massismo era tan elocuente que ganaba la próxima elección. Y ahora, cuando él se desilusionó, o mejor dicho, cuando perdió una candidatura en un entrevero en el que De Narvaez lo “dejó de araca”, recién se da cuenta que el proyecto de Massa y los Galmarini (sin olvidar a su suegra que logró echar a Gustavo Posse del Frente Renovador), es poco menos que un ladrón sin destino.
Habría que analizar qué dirigentes en el Frente para la Victoria, jugaron como Giustozzi al mambo massista de creer que pasaban a una etapa superior, casi de raza blanca, donde los iba a recibir el líder que ganaría las elecciones en octubre próximo para echarse al pecho la banda como quien se toma un champagne en Puerto Madero. Insaurralde bebíó en esas copas e hizo movimientos de baile anunciando que se lanzaba a dar “el salto del tigre” de la mano de Jessica Cirio y la farándula. Se casó para la tevé y alucinó de pronto ser poco menos que una figura de Hollywood. Nada más.
En otoño, la hojarasca expresa un cambio, la necesidad de contar con retoños para inaugurar una nueva etapa de la vida. En otoñó cayeron las hojas de Giustozzi, de Insaurralde y muchos otros que fueron albergados en la algarabía de Tigre, un sonido que por lo visto decae a niveles sorprendentes. Aquí la historia es otra. Un movimiento nacional, con su expresión política en el Frente para la Victoria bajo el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner, es avalado por una mayoría del pueblo. Y al caer las máscaras, resulta que la aprobación social sobre la gestión del gobierno y Cristina, es muy alta. No la alcanza ni una masa de agoreros vestidos de frac que alucinan rodeados de banqueros, financistas y algún sindicalista desmadrado que huele su agonía.
Guistozzi es un titular para los diarios. Se sabría que lucha por mantener una oficina de lujo en el Parlamento, o el lujo de las prebendas logradas en la política. Pero en la arena de los días, se lo va llevando el viento. En tanto, sin premura, el proyecto nacional y popular se afirma. Se afirma como su economía, su propuesta en educación, empleo, la baja de la inflación. El próximo 25, habrá un gran acto en Plaza de Mayo. Con la adhesión del pueblo, se reafirmará un camino histórico y allí, toda genuflexión histérica quedara hundida en el susurro permanente de las mayorías populares.





