El manotazo de ahogado de Milei
Victimizarse antes de las elecciones en Buenos Aires

Javier Milei dejó la presidencia de la Nación como su mayor prioridad para poner frente a una campaña en las elecciones de medio tiempo porque sus más grandes derrotas políticas surgen del seno del Parlamento argentino.
La desesperación del referente de La Libertad Avanza es visible a los medios y al ambiente político, consolidando como segundo territorio de derrotas a la calle, en medio de la gente común, afectada por las decisiones políticas tomadas con la motosierra en mano, cercenando derechos y contenciones sociales en sectores de alta vulnerabilidad como lo son las infancias, los enfermos, jubilados y personas con discapacidad. Nadie esperaba de un colérico Milei, un atisbo de empatía, sensibilidad o humanitarismo. ¿Por qué, entonces, Miei busca la acpetación popular que está muy lejos de obtener?
De colérico y omnipotente actor del neoliberalismo y de la derecha, a una víctima del andamiaje peronista hay una distancia considerable y todo retrae a las estrategias conocidas como las del ex presidente de Brasil, Jair Bolsonaro -hoy a punto de ir a la cárcel- Milei, actúa a horas de la veda electoral en el distrito principal del país, Buenos Aires.
Cuando, el periodista Sarkozy -hijo del ex mandatario francés- lo entrevista, Milei contesta y dispara culpas al «kirchnerismo» asegurando que una escalada de violencia en su contra, desde este sector, es para terminar con el plan económico que lleva adelante un gobierno que hace de la crisis, las maniobras financieras y el hambre, un arma en la cabeza de la población con menos posibilidades de supervivencia.
Las industrias y empresas que cierran todos los días sus puertas en Argentina, no son producto del peronismo que ahora parece ser la peor pesadilla del neoliberal Milei. No obstante, con una versión alterada de la realidad, el presidente afronta las olas de su propia crisis partidaria con dirigentes que renuncian, familiares envueltos en escándalos de corrupción y legisladores que abandonan el Titanic de LLA para abrir un espacio dialoguista con las derechas provinciales. Dato que no es menor, si se tiene en cuenta que el Poder Ejecutivo Nacional, ha decidido suspender el envío de fondos a las Provincias, mientras pierde el control cambiario con el dólar.

Las narrativas del presidente siempre buscan dejar el conflicto en el espacio opositor, jamás se le escuchó admitir una culpa, un error o una consideración reflexiva de ninguna índole. Tanto él como los miembros de su actual gabinete administrativo, arremeten con palabras insultantes, acusaciones sin valor probatorio y argumentos infundados que ponen en duda -acusativamente- la moral o la ética de sus contrincantes. Ejemplo de esto, las palabras de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich cada vez que se reprimen a jubilados, a niños, militantes políticos, activistas sociales y sindicales, etc.
Tampoco es desestimable, observar el comportamiento público del gabinete luego de las denuncias por corrupción que tienen en el ojo de la tormenta a la jefa presidencial, Karina Milei. La vara ha sido distinta, pues si se observa el proceso judicial contra la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner -presa política- se podrá notar que el lawfare es un modo de tortura y castigo para todo aquel nombre que asome con performance competitivo en el horizonte electoral. Milei, hoy teme se note su poca talla dirigencial y por eso es víctima en el escenario de la campaña proselitista, cuando no, un raro vocero de la derrota que se avecina.
El Congreso no será libertario, o las bancas opositoras no se entregarán fácilmente, sin sostener un arma en la cara de un presidente herido por un bróccoli en medio de la multitud. Tampoco temerá la cárcel, como le sucede a la rival más firme en las urnas, hoy proscripta.
Lo que La Libertad Avanza quiere es constituir una causa probable en contra de Kicillof, muy parecida a aquella que la derecha boliviana tiene hoy en contra del proscripto Evo Morales Ayma, líder del MAS. Hacer aparecer a un gobernador manipulando la policía en contra del presidente de la Nación, no sólo sería poco creíble, sino que además plantea serias dudas sobre el entorno de Milei, más cercano a los escándalos de lo que el mismo presidente puede llegar a entender si Connan -el perro muerto- no se lo explica.





