
Ni el grito del final te va a salir. Macri volvió a gritar en Córdoba con expresión feroz: “Esta incertidumbre nos hace daño”. No cumplió con la premisa de su ministro, el Bullrich que invitaba a ser feliz en la incertidumbre a los pobres, desahuciados y ciudadanos que no querían salir del Estado de Derecho, la mayor propuesta macrista en estos años de ahogos y retrocesos. Lo dijo el hijo de Franco en Córdoba, cuando ante un grupo de adictos cerró su último intento un tanto sumido en la desesperación, de convencer a propios y otros de por ahí para que le entreguen su voto el próximo domingo.
Escribe Alejandro C. Tarruella
Al mismo tiempo, miles de personas se reunían junto al Monumento a la Bandera en Rosario, para cerrar la propuesta de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, en compañía de un conjunto de gobernadores de provincias, encabezados por Omar Perotti, el candidato peronista de la provincia de Santa Fe. Tanto Cristina como Alberto abrieron la propuesta a una nueva etapa histórica que va a desterrar el desguace que encaró en su desgobierno el macrismo y sus aliados de las corporaciones, muchos de los cuales en estos instantes huyen sin ser vistos de sus principios de final ante la perspectiva de perder todo lo que ganaron en los 12 años peronistas por apoyar la locura institucional vigente. La visita del empresario Mindlin a Alberto Fernández hace unos pocos días, semioculta a pedido del empresario que dejó sin luz a 50 millones de personas de Argentina y otros países, es una muestra clara –visible tratándose del dueño de la visibilidad a precio de oro- de que muchos amigos de Macri quieren huir con astucia y sin revelar aún su rumbo.
Cristina revalidó su capacidad de convocatoria, su generosidad política y personal, al dejar el lugar central a Alberto, que una vez más muestra que la elección de ella, que va a ser confirmada por millones de votos, ha sido correcta
Su discurso abundó en los pasos del próximo gobierno de acentuar la preocupación social, dar aumentos a jubilados y trabajadores, acabar con el festín macrista de la usura a los usuarios, tasas fuera de la ley, ganancias sin medida para los bancos y las financieras, y una atención personificada en la salud, educación, vivienda, crédito, ciencia, cultura y en general, una mirada para el país que permita abordar la etapa de reordenamiento mundial sobre nuevos actores, que afrontará el próximo gobierno argentino.

Un día histórico
El lunes próximo se celebra el Día de la Reconquista, como si se supiera en la historia y el presente que hay un tiempo de recuperación nacional y social que requiere de asentar su formulación en un hecho histórico. La Reconquista del 12 de agosto de 1806 marcó la primera expulsión del invasor británico que había gozado del apoyo de los Martínez de Hoz y otros, que había usufructuado bienes nacionales, robando las arcas de Buenos Aires que nunca fueron recuperadas. La nueva reconquista comenzará con la confirmación de las PASO del papel histórico del peronismo y el Frente de Todos como herramienta para iniciar el camino, precisamente, de la reconquista de los derechos del pueblo de la Nación puestos en riesgo por el hijo de Franco y un grupo de innombrables, truhanes, rapiñeros, avaros y usureros de todo tipo, que iban por la justicia en tanto habían convertido la ley en un bien de uso personal y corporativo. El punto de inflexión es la decisión popular de dar término a la ocupación por los invasores de la voluntad popular.
“Lo único que produjo Macri son los 4,5 millones de pobres. Pero nosotros nacimos para defender a esa gente, para darle dignidad a los que quedaron al margen”, expresó Alberto Fernández ante representantes de 19 provincias, algo que el hijo de Franco no puede presentar
“Quiero que los argentinos vuelvan a ser felices”, anunció por su parte Cristina, como recordando en aquel escenario que fue Belgrano uno de los primeros líderes del país, que estableció que la felicidad de su pueblo era una premisa central de un gobierno democrático, reconocido por el conjunto de la sociedad.
“Los dirigentes tienen la obligación moral, ética y democrática de ponerle fin a esta situación”, estableció al señalar las penurias que sufren las familias. “Necesitamos unir los esfuerzos de todos los argentinos para poder dejar atrás esto tan feo que estamos viviendo como ciudadanos”, se lamentó para reconocer que “Nunca pensé volver a ver tanta gente o ver familias enteras viviendo en las calles”, dijo Cristina entre permanentes interrupciones para expresar el cariño que tiene de quienes se acercan a sus discursos.

Un lunes sin retorno
El lunes, pasadas las incertidumbres del escrutinio que tendrá a los encargados de seguirlo desde el frente al “pie del cañón”, será entonces la hora de la reconquista, el instante de establecer que los hechos históricos se unen en ocasiones y dan cuenta en presente de sucesos que son la confirmación de un camino sin retorno en la recuperación de la soberanía nacional y el Estado de Derecho.
Se trata de un cambio de época que tendrá en los jóvenes a protagonistas como lo serán las provincias, lo remarcó Alberto en su discurso, a la hora de reconstituir la economía sobre la base de un proyecto nacional y regional que pondrá en pie al país luego de la oscuridad de los años de macrismo corporativo y pirata.
Como en 1806, la unidad desde las bases, la comprensión de los dirigentes que las expresan, forjaron la decisión de decir basta, romper el cerco e iniciar un tiempo de construcción, reconstrucción y encuentro.
Belgrano dijo alguna vez, como si ayer y hoy estuviera entre los argentinos para acabar con la sinrazón macrista, “Que no se oiga ya que los ricos devoran a los pobres, y que la justicia es sólo para aquéllos”





