Los medios de comunicación y la recuperación de la soberanía popular

Mirtha y los servis en acción
Escribe Alejandro C. Tarruella
Los medios de comunicación que emplea el régimen para encubrir la entrega del patrimonio nacional a las corporaciones y a los funcionarios corruptos (los Panamá Papers y otras operaciones los identifican), han iniciado una escalada contra los derechos de la sociedad que parece tener como fin, dar por finalizado el Estado de Derecho. Eliminar la ley para el conjunto social para aplicar los caprichos de los funcionarios y las corporaciones aparece en la nebulosa de la acción cotidiana. Allí los medios tiene un rol central. Las declaraciones de Lilita Carrió, que acusó a Mauricio Macri de no ser decente (aunque luego se echó atrás) como en los días en que lo definió como “estúpido”, el escándalo de la corrupción de menores que ahora investiga la justicia, los cruces entre el Ejecutivo y la justicia, y finalmente la operación aparentemente de servicios de Mirtha Legrand en la televisión, parecen buscar un clima de caos envolvente, que encubra diferentes episodios que afectan la credibilidad del gobierno. En particular, lo referido a tarifas de servicios públicos que está generando un rebelión que se puede generalizar en la provincia de Buenos Aires.
El pensador Paul Virilio, alentaba a discernir acerca de lo que nos dicen los medios, lo que callan en su estallidos estridentes. Sostenía que las redes de informatización no están contribuyendo a crear una nueva ágora electrónica, sino todo lo contrario. El ágora es el escenario de participación, y lo que pretenden los empresarios gubernamentales y sus ceos mediáticos, como Mirtha, es todo lo contrario. Ellos quieren anestesiar al soberano en un estallido informativo donde se confunda lo veraz como la mentira para finalmente, en una operación permanente de confusión, crear con lo falso un imaginario que sirva los intereses de “los que mandan”.
Lo sucedido en el programa de Mirtha es muy sencillo. Se lleva a un personaje irrelevante a escena, se lo reviste de una característica de “espía” que trabaja en las sombras (así se presentó Jaitt) y sin separar la paja del trigo, se la hizo acusar sin filtro, a figuras conocidas del ámbito televisivo vinculadas al periodismo. Se cruzó así, a un personaje aparentemente vinculado a servicios de inteligencia, con otros que ejercen el periodismo y suelen aparecer manipulando información de dudoso origen, incluido el servisperiodismo, con el fin de ocupar el centro de escena de los medios oficiales u oficializados.
Digamos que la ética nunca fue el fuerte de Legrand. Menos a la hora de “legitimar” aparentes operaciones que en las pantallas se atribuyeron, por ejemplo, a Jaime Stiuzo, uno de los servis que desde la dictadura tienen fuerte influencia en el gobierno, y que llevan adelante episodios como el caso Nisman. Esas usinas, que tienen en Gustavo Arribas en el espionaje y a Daniel Angelici, en las operaciones en la justicia, aliados del mismo gobierno. Arribas está apremiado por el caso Odebrecht que lo acorrala, y Angelici por la crisis entre el gobierno y la Corte Suprema de Justicia, cuestionada y apremiada en forma constante por la verborrágica Carrió, que intenta huir del caso de los pasajes de privilegio de diputados y senadores.
La causa sobre presuntos abusos a menores que se disparó en Independiente y sigue ahora en River, fue el escenario que se eligió en el programa de la Legrand para hacer actuar a la “agente” Jaitt. Es evidente entonces que, más allá de la certeza del caso, hay intenciones de utilizarlo para una gran operación se está desarrollando más allá de la necesidad de justicia que exige.
Si la visibilidad es la metáfora de lo público, como lo expresó John Berger, la intención del régimen y sus voceros, es “sacar de la cancha” al pueblo, a la sociedad y a su representación. Mientras el súbdito británico Aranguren y el gabinete Macri viven el jolgorio del endeudamiento y la guerra de tarifas (que intentan silenciar de los medios), sus servicios salen a embarrar la cancha para que no se escuche el clamor de los despojados. Ana Arendt decía con razón que la democracia, era el más charlatán de los sistemas políticos y por lo tanto, la violencia es muda y no se ve. A ese espacio quiere llevar las acciones los hombres del poder mientras entregan las Malvinas, dejan en el fondo del mar a los tripulantes del ARA San Juan, y cierran escuelas y centros educativos.
Participación democrática
Graciana Peñafort (nota de Infobaires24), expresaba que “Cuando ustedes tratan como fuente fidedigna a Leo Fariña o a Damián Pachter se olvidan de pedirles a ambos lo mismo que si le piden y reclaman a Natacha Jaitt: pruebas. Operaciones de los servicios? Si, como las escuchas que ustedes mismos difunden irresponsablemente”. Esto permite suponer, que el gobierno prepara nuevos actos de violencia como el de Legrand, tendientes a ahogar el ágora donde se expresa el pueblo para profundizar el programa de entrega. La respuesta es siempre política y pacífica. Llegan ahora las plazas (el ágora del pueblo) como la de Saladillo el sábado próximo, donde se expresará el rechazo a la estafa de las tarifas de luz, gas, impuestos inmobiliarios, agua y otros, de un Estado que está siendo privatizado en favor de algunas familias y la dependencia exterior que traman. Los británicos por ejemplo, a los que se les quiere garantizar la posesión de las Islas Malvinas, para continuar con otros territorios nacionales como los que ocupa el británico Lewis en la Patagonia. La rebelión social democrática y participativa, es la respuesta que se pretende ahogar. Por eso para los corruptos oficiales, es necesario acabar con el Estado de Derecho y las garantías constitucionales. Y ese intento es el que hay que impedir para profundizar la participación popular en las grandes decisiones, e iniciar el camino que nos aleje de la entrega del patrimonio nacional previa destrucción de la industria, la educación la previsión y la cultura en general.





