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Alejandro Tarruella: León Troski y las sombras del estalinismo

Alejandro C. Tarruella

Stalin”, obra escribía que León Trotski  en los días en que fue asesinado por Ramón Mercader en su casa de Coayacán, México, en agosto de 1940, estuvo negada durante siete décadas. Ahora se la conoce en un volúmen de casi mil páginas inéditas en su casi totalidad. El hecho sucede a poco del centenario de la Revolución de Octubre. Trotski fue un escritor notable, dotado de una singular capacidad de escritura torrencial, reflexiva y polémica. Se recogen en el libro, aspectos que describen a un Stalin poco conocido. “Stalin se divertía en su casa de campo degollando ovejas o vertiendo queroseno en los hormigueros y prendiéndoles fuego. Kámenev me dijo que, en sus visitas de ocio sabatinas a Zubalovka, Stalin caminaba por el bosque y continuamente se divertía disparando a los animales salvajes y asustando a la población local. Tales historias sobre él, procedentes de observadores independientes, son numerosas. Y, sin embargo, no faltan personas con este tipo de tendencias sádicas en el mundo. Fueron necesarias condiciones históricas especiales antes de que estos instintos oscuros encontraran una expresión tan monstruosa”, sorprende Trotski en textos hasta hoy desconocidos.

El líder del Ejército Rojo llegó a México luego de ser rechazado como asilado en varios países, entre ellos Turquía, y sufrir en Francia una situación contradictoria. Fue así que la editorial Harper & Brothers de Nueva York, al pagarle un acuerdo en buenos términos económicos (5 mil dólares en cuotas), permitió el trabajo del político ruso. El libro «Stalin», fue encargado a Trotski por la editorial Harper  & Brothers de Nueva York, en febrero de 1938 y salió a la venta en 1946 por primera vez en inglés. Facilitó la tarea Esteban Volkov, su nieto que está al borde de los 92 años, y es director de la Casa Museo León Trotski, la antigua vivienda de Coayacán donde fue asesinado por el comunista español, que respondía a Stalin, Ramón Mercader. Mientras Trotsky trabajaba, la traducción al inglés fue realizada por Charles Malamuth. Tras asesinato de Troski, los manuscritos inéditos fueron entregados a Malamuth, para la traducción y la edición del trabajo. El libro se conoció hace un año en versión inglesa de una editorial marxista de Londres y se publicó en italiano y en portugués. Se reveló así una vez más, el carácter de Troski como escritor. El nuevo ejemplar elimina inserciones políticas de Malamuth, y devuelve el manuscrito original con los papeles inéditos de los archivos de Trotsky que resguarda la Universidad de Harvard.

El nuevo ejemplar elimina inserciones políticas de Malamuth, y devuelve el manuscrito original con los papeles inéditos de los archivos de Trotsky que resguarda la Universidad de Harvard

Con Malamuth, Troski tuvo un incidente al dar a leer el manuscrito a Max Shachtman y James Burnham, miembros de una minoría en el grupo trotskista de EEUU,  que tenía diferencias con el análisis de Stalin que hacía Trotsky y de la URSS. Trotsky se enojó al saber lo que consideró un abuso de confianza. Trotsky se quejó a Joseph Hansen: «Entonces, en contra de todas mis advertencias, él (por Malamuth) se permitió una indiscreción condenable con mi manuscrito. Protesté. Su deber elemental debería haber sido disculparse por su error y todo habría estado de nuevo en orden. También me parece que los camaradas Burnham y Shachtman cometieron un error al entrar en una discusión con él acerca de la calidad del manuscrito sin preguntarle a él si tenía o no mi autorización para darles el manuscrito».

Una versión accidentada

La misma editorial norteamericana había hecho conocer en 1946, versión en inglés, versión recortada de la obra que años antes había sufrido la censura occidental cuando, a raíz de la guerra mundial, EE UU y la Unión Soviética eran aliados ente la Alemania de Hitler. Natalia Sedova, viuda de Trotski, llegó a la justicia entonces, con el planteo de que le edición era deficiente Trotski se lamentaba de su traductor y la editorial pero no alcanzó a impedir que llegase a los lectores. Por esas diferencias, la totalidad del trabajo no fue entregada a la editorial y el revolucionario entregó a la Universidad de Harvard, parte de sus documentos personales para evitar su pérdida. Así, entregó 20.000 documentos en 172 cajas de artículos, fotografías y papeles manuscritos, mecanografiados. Algunos había sido traducidos y otros llegaban en su idioma original, sin traducir, marcados con  correcciones que exhibían el carácter de político y escritor exigente.

Es curioso pero, los capítulos que hacían referencia a Stalin recién fueron revistados por el historiador británico Alan Woods en 2003. El escritor trabajó diez años para alcanzar el tenor que se pública ahora

Es curioso pero, los capítulos que hacían referencia a Stalin recién fueron revistados por el historiador británico Alan Woods en 2003. El escritor trabajó diez años para alcanzar el tenor que se pública ahora. Woods sostiene como Volkov, que León Trotski era adverso a dedicarle una obra a Stalin. Woods, estudioso y traductor de la nueva edición, define a la obra como “un estudio psicológico fascinante”. Woods integra la Corriente Marxista Internacional, se implicó en la lucha contra el franquismo en España y defendió en una etapa, al proceso político que lideró Hugo Chávez, del que se encuentra distanciado. Se dice que los observadores internacionales de la revolución de Octubre, reconocían el valor intelectual y político de Troski y reseñan para ello, que John Reed, en su obra histórica “Diez días que estremecieron al mundo” hace referencia a Stalin solo dos veces, mientras que a Trotski lo menciona en 67 ocasiones. Y vincula a Stalin con la destrucción del proceso revolucionario. “Lo que fracasó en la Unión Soviética no fue en ningún sentido el socialismo como lo entiende Marx, Lenin o Trotski. Lo que fracasó fue un sistema burocrático y autoritario”, expresó a Página 12. Y le dijo al periodista Patricio Porta: “Si tú me dices que el estalinismo es el producto del leninismo me tienes que decir porque Stalin tuvo que masacrar a todo el partido de Lenin”.

Woods acompaña a Troski en sus conceptos: “En todas las revoluciones hay un periodo que necesita héroes, gigantes. Cuando llega a un periodo de declive, necesitan mediocres. La degeneración burocrática hubiera tenido lugar sin o con Stalin, porque Rusia era un país aislado y atrasado. Pero en este caso la burocracia se encarnó en un personaje sanguinario”. Ahora resta leer “Stalin” para conocer revelaciones sobre una época decisiva en la historia de la humanidad.

 

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