“Así como el padre debes ser, así como el padre no te es lícito ser”


En ocasión de que en Argentina se ha celebrado recientemente el “Día del Padre”, analizaremos hoy una relación “padre-hijo” bastante peculiar: Mauricio y Franco Macri. La historia sencillamente relatada cuenta que Mauricio es un “hijo rebelde” que no quiso seguir la línea empresarial paterna y se aleja, tomando a su cargo, primero la presidencia del Club Boca Juniors y actualmente la de nuestro país.

Franco, en un principio, se angustia, y se siente decepcionado, lo cual lo lleva a boicotear las decisiones de su hijo, aunque luego logra comprenderlo y lo perdona. Parece simple. Sin embargo, esta historia tiene muchos matices.

El psicoanálisis nos aporta conceptos interesantes para pensar las relaciones entre padres e hijos, las cuales llevan en sí mismas un conflicto que les es inherente. Todos sabemos que sobre todo en la adolescencia existe una ambivalencia hacia la figura que representa la autoridad: queremos parecernos a esa persona y a la vez, diferenciarnos; amor y odio en la misma escena.

Pensemos ahora en la figura del Padre. Sigmund Freud, en su texto El yo y el ello (1923) plantea un dilema controversial cuando enuncia: “así como el padre debes ser, así como el padre no te es lícito ser”.

Este doble mandato que propone la instancia psíquica del Superyó, por un lado insta a ser como el padre pero a la vez instala la prohibición, haciendo ver que el niño no puede hacer todo lo que hace su padre; existen cuestiones que le son prohibidas.

Esta doble faz del Ideal del Yo tiene su origen en el famoso complejo de Edipo. Este postulado por supuesto que es imposible de cumplir pero permite que el sujeto instale una nueva posibilidad, una alternativa viable: “ir más allá del padre”.

Por otro lado, Freud plantea que el superyó conlleva un carácter de herencia. Y no se refiere sólo a lo que se guarda en la psiquis de la instancia paterna que queda como resabio del fin del Edipo, sino a lo que de herencia transgeneracional y cultural, instituye para cada sujeto. Para ejemplificar, toma una cita del Fausto de Goethe : “Lo que has heredado de tus padres adquiérelo para poseerlo”.

Da cuenta entonces de que la herencia no es automática sino que implica una acción por parte del sujeto para poder contar con ella como tal. En este caso, ¿A qué nos referimos cuando hablamos de la herencia de los Macri?, ¿una herencia espiritual, material o ambas?… ¿Mauricio ha querido adquirir esta herencia o se ha negado?.

Analicemos. Si pensamos en el vínculo que une al presidente y a su padre, surgen palabras ilustrativas: tensión, competencia, desilusión, desencuentro, ambivalencia, éxito… por nombrar algunas.

Es sabido que Franco Macri no tuvo pudor de expresar públicamente su opinión al respecto de la candidatura de Mauricio, en una entrevista que se le realizó en Octubre del año pasado dijo abiertamente que su hijo “no tiene corazón para ser presidente” y dio a entender que si bien lo apoyaría, no estaba de acuerdo con que se postule para ser el nuevo presidente de los argentinos.

Esto deja entrever cierta desvalorización de su hijo, ya que lejos de considerarlo el candidato indicado, lo condenó a la incapacidad para gobernar. Sin embargo, este desencuentro data de hace muchos años atrás.

A comienzos del 2016, en su página web personal, Franco confesó que tardó años en perdonarle a Mauricio que se fuera de mis empresas. Y aseguró que le resultaba “imposible imaginar” que su hijo tuviese una vida lejos de sus empresas. Aquí se comprueba la ecuación: a altas expectativas, alto nivel de frustración.

Y el mismo Macri mayor lo reconoció en una nota que brindó al diario La Nación, cuando expresó que: “Tal vez le puse una vara demasiado alta con mis expectativas y con las cosas que yo había hecho, tal vez, como él mismo dice, competí con él cuando se fue convirtiendo en hombre.

Debo reconocer, haciendo honor a la verdad, que siempre pensé que mi hijo Mauricio iba a reemplazarme un día en el manejo de mis empresas.” Por su parte, Mauricio, confirma esta versión: “En mi padre conviven dos personas, la que me ama incondicionalmente y la que me boicotea”, y atribuye tanto el amor como el boicot a la elección de hacer su propio camino, lejos de su padre.

Ahora bien, manejar un club de fútbol como lo fue Boca Juniors no es lo mismo que presidir un país, aunque Mauricio muchas veces ha querido comparar estas situaciones. Incluso Franco ha dicho al respecto que un país es una empresa y si no sabes conducir una empresa no puedes conducir un país.

Provocación a la cual su hijo ha respondido oportunamente. Teniendo en cuenta todo esto… y siendo un poco mal pensados.. No será que Mauricio asumio la presidencia de nuestro país para desafiar al padre y demostrarle que si se puede? Esperemos que sólo sea un pensamiento rebuscado, porque de ser así estaríamos asistiendo a una peligrosa novela familiar que nos afecta a todos los argentinos.

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