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Historias de la MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA: LOS PIBES DE LA UES
Secuestrados y desaparecidos en febrero de 1977

Eran 19 pibes cazados en 48 horas. Familiares, amigos y compañeros recuerdan aquel hecho fatal durante la última dictadura cívico militar que diezmó al país. ¡Alerta Alerta Alerta que están vivos todos los ideales de los desaparecidos!
BARRA, Daniel Alfonso 19 años, “El Negro”. Nació un 15 de enero de 1958 en la provincia de Buenos Aires. Militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) en tanto estudiaba en el Colegio Nacional Nº 1 “Bernardino Rivadavia” de Capital Federal. Fue secuestrado-desaparecido en circunstancias que se ignoran el 20 de febrero de 1977 y fue visto con vida en el CCD Club Atlético antes de su asesinato. Fuente: RB.-
A PROPÓSITO de los 19 PIBES DE LA UES desaparecidos en esa noche infernal seguían cazando a los chicos de la UES de 16, 17, 18 años»…en apenas 48 horas en el verano de 1977 fue expuesto por Sosti ( la fiscal), al hilvanar los testimonios prestados en la audiencia y documentos incorporados al debate, desde legajos de la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (CONADEP) hasta declaraciones prestadas en juicios anteriores.
El hilo conductor de la exposición de los casos fue el testimonio de una sobreviviente del Atlético que tenía 18 años al momento de los hechos. Sosti recorrió su declaración y enalteció su aporte a la verdad: «Es una de las pocas sobrevivientes de esa masacre. Carga en su memoria y en su cuerpo el último momento de cada uno de sus compañeros torturados en esas mazmorras y exterminados; pero aún a riesgo de más dolor, nunca duda en darle a la justicia esa información imprescindible, nunca deja de rendirle homenaje a esos compañeros de los que está orgullosa».
Una de las características fue la negación de la identidad: los represores imponían una denominación alfanúmerica para individualizar a sus víctimas.
Aquella testigo estuvo en el CCD entre las 2.00 del 16 y las 3.00 del 19 de febrero. Como en todos los casos, su nombre fue reemplazado por una letra y un número. La llamaron B13. «Fue abusada sexualmente y ferozmente torturada para sacarle información sobre sus compañeros, hasta provocarle un ACV, que le dejó paralizado medio cuerpo», describió la fiscal. Pero su caso no figura entre los 352 del objeto procesal, «por un incomprensible recorte de la instrucción», dijo la fiscal.

Durante los tres días en el Atlético, aquella jóven fue testigo de la faena emprendida contra los estudiantes. El ingreso y egreso de la patota con nuevas víctimas, los interrogatorios, las torturas con el objeto de obtener información en un recinto que denominaban «quirófano» y las nuevas salidas para dar con sus compañeros. Como en los casos de todas las víctimas que pudo identificar, la testigo se comunicó con su familia para contar lo que supo de los últimos momentos con vida de sus seres queridos.
En el juicio recordó que gracias a Daniel Alfonso Ibarra, desaparecido, pudo saber el nombre de todos los que estaban allí. Le decían «el Negro» y era el responsable de la UES en la Escuela Joaquín V. González. «Después de una paliza brutal, Daniel Ibarra les pidió a todos los compañeros tomarse de las manos, decir sus nombres para saberse juntos, para al menos sobrevivir en la memoria de quienes pudieron salir de ese infierno», describió Sosti.

Así la testigo supo los nombres de María Pabla Cáceres, que estaba embarazada y fue secuestrada junto a su esposo, Fernando Simonetti, en la madrugada del mismo 16 de febrero. Simonetti recuperó la libertad, pero María Pabla Cáceres continúa desaparecida.
Mario Alberto Calvo, «Lito», también fue secuestrado el 16 de febrero y permanece desaparecido. La testigo, recordó Sosti, intentó intervenir para que no lo torturaran, dado que lo castigaron «bestialmente», con patadas y saltos encima de su cuerpo, y la terminaron torturando a ella.
Verónica Barrionuevo, la «Tana», era de la ENET 4. Tenía 19 años y en el CCD la renombraron como B18. Fue torturada y desaparecida. La testigo, que compartió el cautiverio con ella, contó que le acarició el pelo para calmarle la angustia por el dolor de la tortura con picana en sus pechos.
También mencionó a Sergio Aneiros, quien militaba en la ENET 15 y vivía a la vuelta de la casa de la testigo. Fue secuestrado el 16 de febrero y permanece desaparecido.
María Elena Garasa tenía 16 años y estaba embarazada de siete meses -la testigo recordó haber visto su panza prominente- y junto a su marido, Emilio González, de 22, y su hermano, Mario Garasa, pasó por el Atlético. Los tres están desaparecidos. Tampoco se sabe del niño o niña que debía nacer dos meses después. «Solo quienes implementaron este genocidio saben si ese bebe nació y fue, obviamente, apropiado, o además de matar a sus padres, también la criatura tuvo ese destino», indicó Sosti.
«Después de una paliza brutal, Daniel Ibarra les pidió a todos los compañeros tomarse de las manos, decir sus nombres para saberse juntos, para al menos sobrevivir en la memoria de quienes pudieron salir de ese infierno», describió Sosti.

La testigo tambíén recordó al «Conejo» Gustavo Ignacio Mendoza, quien también llegó al Atlético en la medianoche del 16 de febrero y permanece desaparecido. Y al «Flaco Leche», Daniel Carlos Diego Ramos, quien estuvo en la celda ubicada junto a la que ella ocupaba. Era egresado del Colegio Industrial N°19, y tras su paso por aquél CCD nunca más se supo de su paradero.
Adriana Marandet, «Pacha», de 19 años, fue vista por última vez por la testigo en la «leonera» del CCD el 17 de febrero. Tenía su pantalón verde manchado por la sangre de su compañero Eduardo Edelmiro Ruival, quien fue asesinado en la madrugada de aquél día por los represores que irrumpieron en su domicilio. Sosti narró que la testigo, que estuvo en el Atlético hasta el 19 de febrero, «se fue del pozo escuchando los gritos de Adriana, pidiéndole a sus verdugos que no la torturen más».
En el mismo operativo en que se llevaron a Marandet y a Ruival, fue secuestrado Eduardo Álvaro Franconetti, de 18 años, quien vivía a la vuelta del domicilio de la pareja. También se llevaron a su padre, quien luego fue liberado. La familia sufrió también el secuestro de las hermanas de Eduardo, Ana María y Adriana. Está última desapareció junto a su marido, Jorge Donato Calvo, en la Escuela de Mecánica de la Armada, reconstruyó la Fiscal el cuadro completo. El joven Eduardo y Ana María -«Ardilla», de 20 años-, permanecen desaparecidos tras su paso por el Atlético.
La lista de los 19 militantes de la UES secuestrados y desaparecidos en 72 horas se cierra con los casos de Roberto Rascado Rodríguez y de Hugo Estanislao Gjurinovich, novio de la testigo. A ambos los vio por última vez en la leonera del CCD.
La presa preciada

«Miguel escuchó los gritos de dolor, de suplicio, de clemencia, de todos los que pasaban por ahí, quizá 700 sesiones de tortura en esos noventa días. Algo que no pudo explicar pero dijo, y esto lo mencionó siempre, es que el 17 de julio [de 1977] ‘fue un momento de euforia de los asesinos estos. Parecía que habían ganado un mundial, no sé cómo explicarlo. Es un momento donde, no sé, los que salen a cazar, cazan la presa preciada'», citó a un sobreviviente la fiscal Sosti en su alegato.
Esa cita fue la presentación de los casos de tres mujeres militantes del PRT-ERP, uno de los cuales, el de Elena Codan, integra el objeto de este juicio. Conocida en el ámbito de su militancia como «la tana», «teniente Paula» o la «teniente Ana», la mujer fue secuestrada junto a su hija de tres años y medio y a su bebé cuando intentaba dejar el país a bordo de un colectivo Pluma. En el mismo vehículo viajaba junto a «Yoli» Prieto de Di Vito, quien también iba junto a su hijo, y Leila Sade El Juri. Las tres mujeres y los niños fueron fueron llevados al Atlético.
«La Tana se resistía, se desataba, se agarraba a trompadas, puteaba. Supongo que quería que la mataran ahí mismo. Terrible. Todas las torturas fueron terribles, pero esa alcanzó un grado extremo», dijo el testigo sobreviviente sobre «los dos días enteros» que dedicaron los represores a torturar a aquellas mujeres.
Elena Codan, que tenía entonces 29 años, había estudiado Filosofía y Letras. La Fiscalía consideró acreditado su asesinato en aquél contexto. Sus restos nunca fueron hallados. Su hija y su bebé fueron devueltos por los represores a las 72 horas del secuestro. Aquella niña prestó testimonio en este debate, cuarenta años después de los hechos. ¡Nunca Más! Solo querían un mundo mejor…





