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Edgardo Rovira: Toma de sentido

Edgardo Rovira

Podemos decir que no hay “esencia” en el relato del macrismo, apenas reconocemos “construcciones” de momentos, encuestas y observaciones particulares de la vida que se presentan publicitariamente. Son “ficciones útiles”que recomponen un presente fragmentado de impresiones difusas que nos plantean grietas sobreactuadas y principios sociales sin responsabilidades salvo el económico. Cambiemos escribe su historia presuponiendo que el presente es una instancia capaz de sustraerse de los efectos de la propia historia que escriben desde la Casa Rosada. El gobierno de Macri, de la mano de Duran Barba y Marcos Peña Braun, entiende que para escribir la historia política nacional alcanza con mencionar lo que supuestamente “doña Rosa”dice en la verdulería o los resultados que arrojan los análisis cualitativos de los focusgroup que arman cotidianamente para medir acciones y políticas a seguir.

El reclamo de los estudiantes secundarios no es hipócrita ni alude a falsas razones educativas. Los alumnos que participan de las tomas rechazan la reforma educativa por considerar que dicha reforma va en contra de la esencia misma de la escuela pública y de los intereses futuros de los estudiantes. Es claro que una de las necesidades del neoliberalismo es la construcción de subjetividades con amplitud de adaptación y permeables a los cambios que requieran las corporaciones económicas. Necesitan una sociedad dócil, que no cuestione el orden establecido, ni reflexione sobre la correlación de fuerza en pugna dentro de una sociedad entregada por los poderes de turno. Los poderes fácticos a través de los medios masivos de comunicación abusan de los estereotipos, en este caso, los jóvenes,son sujetos carentes de ideas, muy incompetentes para reflexionar o debatir, están necesitados de un adulto que los guíe pero que también les imponga norma para desempeñarse en la escuela.

Los alumnos que participan de las tomas rechazan la reforma educativa por considerar que dicha reforma va en contra de la esencia misma de la escuela pública y de los intereses futuros de los estudiantes.

 

La toma no es una acción de fuerza violenta, ni una expresión vulgar de prepotencia. Es la manifestación de un reclamo, la presentación de un problema invisibilizado por los medios masivos de comunicación, que el gobierno de turno no quiere atender.

Ejercer un derecho no va en contra de los intereses de los estudiantes y preguntar no es algo antinatural dentro de un colegio. Si los alumnos de 16 años pueden votar y a los 18 pueden ir a la guerra, ¿cómo no van a poder hablar de los problemas que enfrentan, de los deseos que tienen, de las ideologías que los mueven?La ocupación de los colegios representa una tradición histórica de reclamos estudiantiles. El futuro es de los chicos y chicas que hoy se sientan en los pupitres a estudiar, discutir sobre el presente y el futuro es necesario para que ellos sean parte. Es mentira que la toma de los colegios no conduce a nada, muchos reclamos estudiantiles encontraron respuesta y solución gracias a las tomas.

Las razones por las que los alumnos y alumnas de 17 secundarios tomaron sus colegios se resumen en cuatro puntos centrales: el rechazo a la reforma educativa por considerar que las prácticas laborales que contempla la reforma de la escuela secundaria sólo sirve para garantizarle “trabajo precarizado” a ciertas grandes empresas; el pedido de educación sexual integral para evitar enfermedades, embarazos y abortos que terminan con la vida muchas alumnas; la exigencia de protocolos de intervención frente a la violencia de género y los abusos familiares, en el caso de chicas víctimas de trata, de abuso y de femicidios los colegios se volvieron centrales en las denuncias contra familiares, profesores o preceptores, permitieron la búsqueda de compañeras desaparecidas y permitieron canalizar reclamos de justicia; otra de las razones fue denunciar la violencia institucional que soporta la juventud día a día y va creciendo con el gobierno represivo de Macri y por último, pero no por eso menos importante, pedir por la aparición con vida de Santiago Maldonado.

Como puede advertirse, los planteos son razonables y necesitan una discusión que no quiere darse en las escuelas. Recordemos que hace unas semanas se difundió un 0800 para denunciar a quienes hablaran de la desaparición forzada de Santiago Maldonado en las aulas

Como puede advertirse, los planteos son razonables y necesitan una discusión que no quiere darse en las escuelas. Recordemos que hace unas semanas se difundió un 0800 para denunciar a quienes hablaran de la desaparición forzada de Santiago Maldonado en las aulas. El número ya existía y lo hizo famoso Esteban Bullrich cuando lo usó como ministro de Educación de la Ciudad para denunciar a quienes “hicieran política en las escuelas”. En los últimos dos años hubo maestras judicializadas por disentir y aumentan cada vez más las acciones policiales intrusivas frente a las tomas de secundarios. La semana pasada el jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta y la ministra de Educación, Soledad Acuña, distribuyeron a los directores de los colegios secundarios de la ciudad, un documento con el que el Ejecutivo porteño ordenaba denunciar penalmente las protestas estudiantiles. Es preocupante que la respuesta ofrecida por el Estado a los reclamos educativos realizados por la comunidad educativa sea la judicialización y la intervención de las fuerzas de seguridad.

La judicialización sitúa a las prácticas escolares bajo la norma, lo que se debe hacer y lo que no; lo que está habilitado como parte del funcionamiento normalizador de la escuela y aquello que la desplaza de esta función. La judicialización de los vínculos opera como una exterioridad legal que encierra a la escuela dentro de sus propios muros. Coloca un cerrojo de miedo enorme y multiplica adentro las responsabilidades habilitando a las fuerzas de seguridad para actuar entre guardapolvos y pizarrones.

El gobierno de Macri busca debilitar el derecho a la protesta en todos los órdenes y espacios sociales. Para el macrismo, cuanto menos se sepa mejor, cuanto menos se proteste mejor, cuanto menos se haga mejor.

 

El gobierno de Macri busca debilitar el derecho a la protesta en todos los órdenes y espacios sociales. Para el macrismo, cuanto menos se sepa mejor, cuanto menos se proteste mejor, cuanto menos se haga mejor. Recordemos, el silencio permite cualquier abuso, el silencio es cómplice de los peores abusos y las peores injusticias. La lucha es acción y la acción será para el orden establecido conflicto.

La sospecha, la duda, la estigmatización es la disposición y la estrategia de Cambiemos para contener conflictos sociales, los estudiantes entran en esa categoría, como entran los mapuches, los referentes de movimientos sociales, los piqueteros, los sindicatos, los políticos, las minorías que reclaman derechos. La sospecha es una disposición acorde con nuestro tiempo, que además halla un terreno altamente fértil en las condiciones de fragmentación social y desarticulación estatal que bien aprovecha el macrismo para proyectar las “ficciones útiles” con las que se acomodan en el poder.

 

 

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