Soberanía en peligro: la Confederación Mapuche advierte sobre la entrega territorial en Vaca Muerta
El avance sionista bajo el gobierno de Milei

Las recientes declaraciones de Jorge Nahuel, werken (vocero) de la Confederación Mapuche de Neuquén, encendieron las alarmas sobre la política exterior e interna del presidente Javier Milei.
El dirigente indígena expuso la estrecha relación entre el megaproyecto de Vaca Muerta, las amenazas de desalojos comunitarios y las alineaciones estratégicas del Gobierno nacional con potencias extranjeras.
La amenaza del «desalojo exprés» y la entrega de recursos
El debate legislativo en torno a la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada volvió a poner en evidencia las intenciones del Ejecutivo. Si bien la presión social y política logró frenar el capítulo orientado a facilitar la extranjerización de tierras, la vigencia de mecanismos de «desalojo exprés» amenaza de forma directa a decenas de comunidades originarias que habitan ancestralmente sus territorios sin titularización formal.

A la par, el avance desmedido de la explotación petrolera y gasífera en Vaca Muerta expone la omisión sistemática del derecho a la Consulta Previa, Libre e Informada consagrado en el Convenio 169 de la OIT. La urgencia por acelerar la extracción de recursos estratégicos subordina los derechos territoriales y ambientales en beneficio del capital privado.
Seguridad nacional, geopolítica y geopolítica de ocupación
La crítica de la Confederación Mapuche se extiende a la política exterior del Gobierno nacional. El alineamiento incondicional de Milei con Estados Unidos e Israel —materializado en acuerdos multilaterales y de cooperación militar— introduce tensiones Geopolíticas e incertidumbre sobre el destino de los recursos naturales del Sur.

Desde la perspectiva de las organizaciones territoriales, el acercamiento a regímenes cuestionados internacionalmente por políticas expansionistas sienta un precedente peligroso para la integridad del territorio nacional. La vinculación del alineamiento internacional con la entrega del suelo y el desalojo de comunidades originarias dibuja un mapa donde la soberanía pasa a un segundo plano.
Frente a este escenario, las organizaciones de la región permanecen en estado de alerta ante un modelo económico y político que profundiza la extractivismo, flexibiliza la tenencia de la tierra y desplaza el derecho de los pueblos a favor del mercado financiero e hidrocarburífero.
Análisis crítico: Los «Acuerdos de Isaac» y el riesgo para la soberanía patagónica
En el centro del reclamo se encuentra la política exterior de Milei, materializada en los denominados Acuerdos de Isaac. Presentados formalmente como un marco de cooperación bilateral con el gobierno de Benjamin Netanyahu en áreas de seguridad, inteligencia antiterrorista, innovación y comercio, estos pactos replican en la región la lógica militar e influencias de los Acuerdos de Abraham.
Desde una perspectiva analítica y crítica, esta alianza geopolítica compromete severamente la soberanía nacional sobre la Patagonia y sus bienes comunes:
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Sujeción de recursos estratégicos: La apertura a capitales e inversiones de seguridad en un territorio crítico como la Cuenca Neuquina (Vaca Muerta), clave para la soberanía energética mundial, expone las reservas de gas, petróleo y agua dulce a dinámicas de penetración e influencia de potencias extranjeras.
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Militarización y control territorial: La cooperación de inteligencia y seguridad en el marco del combate al «extremismo» instala un sesgo punitivo sobre la protesta social y las demandas ancestrales indígenas, criminalizando los reclamos de las comunidades y facilitando esquemas de desalojo a favor de corporaciones trasnacionales.
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Geopolítica de ocupación: El paralelismo trazado por las organizaciones territoriales advierte sobre un modelo de desposesión. Al imitar las alianzas geopolíticas de ocupación territorial internacional, la Argentina corre el riesgo de subordinar la integridad de su suelo patagónico al mercado financiero internacional y a intereses extranjeros bajo el disfraz de «cooperación estratégica».
Frente a este escenario, las organizaciones de la región permanecen en estado de alerta ante un modelo económico y político que profundiza el extractivismo, flexibiliza la tenencia de la tierra y desplaza el derecho de los pueblos originarios a favor de agendas geopolíticas ajenas a las necesidades nacionales.





