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LA SOBERANÍA NO SE IMPORTA: 75 AÑOS DE DESARROLLO NUCLEAR ARGENTINO.

Ali Reza Peralta*

Cuando hablamos del desarrollo nuclear argentino no hablamos solamente de energía. Hablamos de una política científica y tecnológica que comenzó hace más de 70 años y que permitió construir una capacidad única en América Latina. Una capacidad que no apareció por casualidad: fue el resultado de décadas de inversión sostenida del Estado.

Y esa decisión fundacional tiene nombre, fecha y doctrina: Juan Domingo Perón.

EL PRESENTE BAJO LA GESTIÓN MILEI: REESTRUCTURACIÓN, RECORTE Y ALERTA ESTRATÉGICA.

A 75 años de esa fundación, el programa nuclear atraviesa bajo la presidencia de Javier Milei su proceso de reestructuración más profundo desde el retorno democrático. Según el anuncio oficial del jefe de Gabinete Adrián Ravier el 30 de junio de 2026, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) redujo su estructura un 57,83%, al pasar de 645 a 272 cargos jerárquicos, cifra confirmada por el vocero como parte del plan de reducción del gasto.

El ajuste se materializó con la no renovación de entre 61 contratos -según la versión oficial del presidente de la CNEA, Martín Eduardo Porro- y cerca de 100 trabajadores según la denuncia de ATE y la comisión interna, lo que representaría el 20% del plantel contratado. El hecho derivó en una toma pacífica de la sede central en Av. Libertador 8250 y en el ingreso de Gendarmería para desalojar la protesta.

En paralelo, dos decisiones ponen en tensión el ecosistema que el artículo describe:

  1. CAREM en riesgo de desjerarquización: La Gerencia de Área Central Argentina de Elementos Modulares (GACAREM), encargada del primer reactor modular de potencia diseñado íntegramente en el país -un prototipo de 32 MW-, sería degradada de Gerencia de Área a gerencia simple dentro del nuevo organigrama. Esto ocurre en un contexto donde 2025 fue el primer año con fondos «casi 0» para el proyecto, que lleva un 61% de avance de obra construido, con pérdida salarial superior al 30% y éxodo de técnicos, según especialistas del sector.
  2. Privatización parcial de Nucleoeléctrica: Mediante el Decreto 695/2025, publicado en Boletín Oficial con firmas de Javier Milei y Luis Caputo, el Gobierno autorizó formalmente el procedimiento de privatización parcial de Nucleoeléctrica Argentina SA, operadora de Atucha I, II y Embalse. El esquema mantiene el 51% bajo control estatal -Secretaría de Energía y CNEA- pero abre el 49% restante a capitales privados para financiar, entre otros, la extensión de vida de Atucha I prevista para 2027.

La narrativa oficial justifica las medidas como una «reestructuración integral para que la CNEA funcione como un organismo de investigación y desarrollo con capacidad de generar sus propios ingresos» y garantice su sostenibilidad. Desde adentro trabajadores denuncian un «desguace» y una «estructura pensada para vaciarla», sin criterio técnico. La contradicción entre el objetivo declarado de exportaciones nucleares de alto valor agregado para 2026 y el desfinanciamiento simultáneo del CAREM es el núcleo del debate actual sobre soberanía tecnológica.

El punto de partida: cuando nadie hablaba de átomo.

En 1948, mientras el mundo se repartía entre dos bloques que blindaban sus secretos atómicos, Perón entendía que la Argentina no podía resignarse a ser una colonia tecnológica.

El 31 de mayo de 1950, por Decreto 10.936, crea la Comisión Nacional de Energía Atómica – CNEA. Fue una de las primeras comisiones de energía atómica del mundo entero. Anterior a la de Francia, anterior a la de Brasil, contemporánea a las de las propias potencias. Una audacia propia de la Tercera Posición: ni alineados con Washington, ni con Moscú, con conocimiento propio.

El episodio del Proyecto Huemul, con Ronald Richter en la isla de Bariloche, suele ser caricaturizado por el liberalismo. Pero la historia seria registra otra cosa: aun cuando el experimento de fusión controlada fracasó, Perón no desmanteló el proyecto. Lo reorientó. De las cenizas de Huemul nació, en 1955, lo que hoy es el Centro Atómico Bariloche y el Instituto de Física Balseiro. La usina de científicos más prestigiosa de América Latina. Donde un austríaco prometió un sol artificial, el peronismo dejó una universidad del átomo.

Esa es la matriz original del programa: Estado planificador, Fuerzas Armadas y universidad pública articuladas, y la industria nacional como destinataria final del conocimiento. El triángulo de Sábato que el antiperonismo nunca supo ni quiso replicar, aquél que sostenía que para tener desarrollo tecnológico propio necesitas que 3 vértices estén conectados permanentemente:

  1. GOBIERNO – diseña y ejecuta la política
  2. INFRAESTRUCTURA CIENTÍFICO-TECNOLÓGICA – ofrece la tecnología (universidades, laboratorios)
  3. ESTRUCTURA PRODUCTIVA – demanda la tecnología (empresas, industria)

Si uno de los vértices no habla con los otros dos, no tenés desarrollo, tenés dependencia.

La energía atómica será la base del futuro, y nosotros no podemos quedarnos atrás», dijo Perón en 1951. No hablaba de comprar reactores llave en mano. Hablaba de dominar el ciclo.

Dominar el ciclo: la palabra clave del poder

Dominar el ciclo nuclear significa poder desarrollar prácticamente todas las etapas necesarias para producir tecnología nuclear: investigar, diseñar reactores, fabricar combustibles, operar instalaciones y gestionar materiales nucleares.

Hoy, Argentina es uno de menos de diez países en el mundo que puede hacerlo. Es uno de los poquísimos que logró desarrollar un ecosistema nuclear tan completo.

Contamos con recursos humanos altamente calificados, empresas tecnológicas de nivel internacional como INVAP -que exporta reactores a Australia, Egipto, Argelia e India-, Dioxitek, Nucleoeléctrica y CONUAR, organismos de investigación, centrales nucleares en funcionamiento y una industria capaz de diseñar y fabricar componentes de alta complejidad. Es un patrimonio construido entre el Estado, las universidades y el sector productivo.

Son Atucha I -la primera central nuclear de toda América Latina y del Hemisferio Sur, cuya obra se inició en 1968 y se puso en marcha en 1974 durante el tercer gobierno peronista-, Atucha II y Embalse. Tres centrales que producen electricidad de manera continua, las 24 horas, sin depender del viento o del sol. Que aportan estabilidad al sistema eléctrico y generan energía con bajísimas emisiones de carbono, en un momento donde el mundo busca desesperadamente descarbonizar su matriz.

Y el desarrollo nuclear tiene aplicaciones que muchas veces pasan desapercibidas. Los radioisótopos producidos en el país permiten diagnosticar y tratar enfermedades como el cáncer. La investigación nuclear aporta al desarrollo industrial, a la producción agropecuaria, al estudio de materiales y a numerosos avances que impactan directamente en la calidad de vida de millones de personas.

La tecnología nuclear argentina no quedó dentro de nuestras fronteras. Reactores diseñados en el país iluminan otros continentes. Eso es soberanía exportada.

Irán: un ejemplo tercerista actual de defensa del desarrollo soberano.

Resulta la expresión más clara de la destrucción del peronismo leer las posiciones de cuestionamiento de algunos al desarrollo nuclear de Irán. ¿Cuál sería el problema? Ninguna nación soberana debiera pedir permiso para su desarrollo, sea nuclear o de cualquier otra índole.

Por eso se vuelve indispensable estudiar lo que ocurre en el Sur Global. La defensa soberana que hoy lleva adelante la República Islámica de Irán de sus capacidades nucleares desarrolladas de forma autónoma, bajo sanciones y amenazas constantes, confirma una misma verdad geopolítica que el peronismo advirtió hace 75 años: sin dominio tecnológico no hay soberanía política.

El modelo iraní, como el argentino en su origen, se sostuvo sobre tres pilares que el peronismo conoce bien: formación de profesionales altamente calificados en sus propios institutos, inversión nacional sostenida a pesar del bloqueo externo, y la decisión política de no delegar el ciclo completo de combustible.

Si la CNEA, en su etapa peronista, sentó las bases formando científicos en sus tres institutos -Balseiro, Sabato y Beninson- obteniendo antes de 1955 el descubrimiento de 14 radioisótopos y proyectando el primer reactor de investigación en operar en América Latina, la experiencia iraní demuestra que esa misma lógica tercerista sigue vigente.

Irán no compró un reactor llave en mano para depender de un proveedor extranjero. Desarrolló centrífugas, formó físicos, produce radioisótopos para su sistema de salud y genera energía para su población. Exactamente lo que Perón planteó para Argentina cuando hablaba de independencia económica en todos sus resortes fundamentales y de promover el uso pacífico de la energía nuclear regionalmente por su clara tercera posición de posguerra.

Todo pueblo que decide no delegar su matriz energética sufre presiones. Argentina las sufrió con el Club de Londres y las trabas tecnológicas. Irán las sufre hoy multiplicadas. Por eso, quizás, es el país más peronista y tercerista en serio del mundo actual: porque entendió que el átomo no se importa, se conquista.

 

La lección del presente.

En un mundo que vuelve a poner a la energía nuclear en el centro de la estrategia por la crisis climática, Argentina tiene una ventaja comparativa que pocos tienen. Mientras otros deben comprar la tecnología, nosotros la hacemos.

Defender hoy el presupuesto de la CNEA, terminar Atucha III, sostener el CAREM -el primer reactor modular de potencia diseñado íntegramente en el país- y financiar al Balseiro, no es nostalgia. Es doctrina viva.

No hay justicia social sin independencia económica, y no hay independencia económica sin independencia científica y tecnológica.

El átomo argentino es argentino, porque fue peronista desde el primer día.

 

*Director de la Academia del Pensamiento Estratégico, y de su plataforma comunicacional ApeTv.

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