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Irán, su triunfo estratégico y el duro revés para EE.UU. e “Israel”

Por “Ali Reza” Peralta*

El memorando de entendimiento de alto el fuego entre Estados Unidos y la República Islámica de Irán constituye un punto de inflexión diplomático y estratégico sin precedentes en las últimas décadas.Para analistas, sectores críticos y observadores independientes, las 14 condiciones del pacto -entre ellas la reanudación plena del tráfico en el estrecho de Ormuz y el levantamiento progresivo de sanciones- representan una clara victoria de Teherán y una concesión obligada de Washington, ante la demostración de fuerza y capacidad de disuasión que Irán impuso en los últimos cuatro meses, como continuidad directa de lo mostrado en junio de 2025, durante la guerra impuesta de los 12 días.

Lejos de ser un acuerdo negociado en igualdad de condiciones, el memorando de entendimiento negociado por las delegaciones estadounidense e iraní con mediación de Pakistán en Islamabad, se construyó sobre una realidad que las potencias anglosionistas no pudieron revertir: Irán consolidó su posición como potencia regional con capacidad de defender su soberanía en todos los frentes.

Sus ejes centrales son:

– Cese de hostilidades. Un alto el fuego inicial de 60 días, destinado a sentar las bases de una estabilidad duradera, que pone fin a las agresiones directas y a las acciones encubiertas en los distintos frentes de la región, particularmente en el Líbano, y que prohíbe la injerencia de EEUU en Irán.

– Reapertura de Ormuz y fin del bloqueo. El restablecimiento del paso seguro de buques comerciales y energéticos por el estrecho bajo control iraní, una vía por la que circula el 20 % del comercio mundial de petróleo, y el levantamiento de las restricciones marítimas que afectaban a los puertos iraníes.

En este punto es importante señalar que el control ejercido por Irán sobre esta vía estratégica no respondió únicamente a un objetivo de presión comercial o energética, sino fundamentalmente a razones de autodefensa y seguridad militar: buscaba interrumpir el abastecimiento por mar de las bases y despliegues de fuerzas extranjeras en el Golfo Pérsico. Al ser el reabastecimiento por aire mucho más lento y de muy bajo volumen de carga, cortar esta ruta marítima representaba una medida disuasiva eficaz y legítima para equilibrar la relación de fuerzas, lejos de ser una acción de “extorsión” como han querido presentar sus enemigos.

– El retiro de las fuerzas ofensivas de EEUU desplegadas en toda la región.

– Asuntos nucleares y financieros. El compromiso de EEUU de descongelar de inmediato los fondos iranies bloqueados por el sistema financiero y el levantamiento total de todas las sanciones petroleras y derivadas impuestas por EEUU. Así como el otorgamiento a Irán de una indemnización cercana a los 300 mil millones de dolares.

A cambio, y tras cumplirse todas estas condiciones en el transcurso de 60 dias, Teherán se compromete a iniciar discusiones para ajustar sus reservas de uranio enriquecido bajo supervisión de la Agencia Internacional de Energía Atómica (manteniendo su derecho al enriquecimiento con fines pacíficos) tal como propusiera Irán en todas las rondas de negociación desde hace décadas.

La disuasión que impuso respeto.

Este desenlace no es casualidad. Durante años, el objetivo explícito de Estados Unidos, “Israel” y sus aliados no fue solo limitar el programa nuclear, sino imponer un cambio de régimen y desmantelar todas las capacidades defensivas, científicas, tecnológicas e industriales de Irán para convertirlo en un Estado dependiente y sometido.

Sin embargo, esa estrategia fracasó rotundamente. Irán desarrolló una industria militar autónoma, sistemas de misiles de largo alcance, tecnologías de defensa aérea y una capacidad de respuesta que demostró en hechos concretos. Como señaló Esmaeil Baqaei, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, “durante décadas intentaron aislarnos, asfixiarnos económicamente y atacarnos por todos los medios. Pero lo único que lograron fue que fortaleciéramos nuestras propias capacidades. Hoy no pueden imponernos condiciones; deben negociar sobre la base del respeto”.

El reconocimiento del revés también viene desde sus enemigos, como Moshe Ya’alon o Gadi Eisenkot, ex jefes del Estado Mayor de las FDI y figuras claves de la política y el análisis de seguridad de la ocupación, quienes en entrevistas a medios israelíes admitieron haber intentado “por todos los medios frenar el avance de Irán y modificar su estructura política, pero cada agresión solo hizo que su disuasión fuera más fuerte. No logramos debilitar su voluntad ni su capacidad de reacción”.

Fracaso total del intento de sometimiento.

 

Lo que se evidencia con este acuerdo es que el bloqueo y las presiones no lograron limitar la independencia de Irán. Por el contrario, obligaron al país a desarrollar ciencia propia, industria nacional y defensa autónoma, rompiendo con la lógica de dependencia que impone el sistema anglosionista.

Como afirmó el líder de la Revolución Islámica, Ayatolá Alí Jameneí, pocos días antes de su martirio, “quisieron que fuéramos un país que no puede fabricar ni un clavo, y hoy producimos desde medicamentos hasta sistemas de defensa que protegen nuestra soberanía. El cambio de régimen que soñaron se transformó en el fortalecimiento de nuestra independencia”.

Analistas de seguridad internacional coinciden en que las sanciones no lograron el objetivo político buscado, sino que transformaron a Irán en una nación más autosuficiente y difícil de someter. Un informe del Instituto de Estudios Estratégicos de Londres reconoce que “las medidas de presión extendidas durante más de 40 años no debilitaron la estructura del Estado ni su capacidad de decisión. Al contrario, aceleraron el desarrollo de sectores clave que hoy constituyen su principal fortaleza”.

Un triunfo de la soberanía iraní.

Para la República Islámica, este desenlace es interpretado como un triunfo diplomático y militar, pero sobre todo como la confirmación de que la independencia se defiende con capacidad propia. Tanto los enemigos de Irán como analistas internacionales coinciden en que la Casa Blanca se vio obligada a ceder ante la realidad estratégica: no podía ganar una confrontación directa y sus aliados regionales tampoco podían imponer su voluntad.

Como señala el artículo de fondo de la revista Geopolítica y Soberanía, “Irán demostró que cuando un país defiende sus recursos, su ciencia y su capacidad de defensa, no hay bloqueo ni amenaza que pueda doblegarlo. Este acuerdo marca el fin de una etapa en la que se creía que las potencias podían cambiar gobiernos y límites a su antojo”.

En definitiva, lo que sucede en esta etapa es claro: el intento anglosionista de someter a Irán fracasó en todos los frentes. El país persa no solo mantuvo su independencia, sino que consolidó su posición regional, demostrando que la disuasión y la soberanía tecnológica son las únicas garantías reales frente a las presiones externas.

 

La escuela Soleimani: disuasión, unidad y una Tradición de resistencia.

 

El general mártir Qasem Soleimani, comandante de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria de Irán, sentó las bases de una estrategia que trascendió lo militar: la construcción de un Eje de Resistencia unificado, basado en la autosuficiencia técnica, la convicción y la coordinación entre los pueblos y movimientos que rechazan la hegemonía. Su visión dejaba claro que la verdadera capacidad de disuasión no depende solo de armamento, sino de la autonomía para producirlo y la voluntad de defender la soberanía.

 

En Palestina, su aporte más profundo fue transformar la resistencia: no se limitó a enviar armas, sino a transferir conocimientos para que los grupos de Gaza y Cisjordania pasaran de depender de ayuda externa a generar sus propios medios de defensa. Para él, esa lucha era la vanguardia de la dignidad colectiva:

 

“Les decimos a los sionistas: nuestra confrontación con ustedes no se limita a un lugar específico. Ustedes han convertido la región en el campo de batalla de la resistencia islámica… su agresión constante ha forjado una resistencia indestructible que devolverá la dignidad a la Ummah”.

 

En el Líbano, trabajó durante años para consolidar a Hezbolá como una fuerza capaz de equilibrar el poder en la región. Su análisis sobre su capacidad de disuasión fue directo:

 

“El Líbano no es el mismo de antes. Gracias a la valentía de los combatientes islámicos, hoy el enemigo sabe que cualquier agresión tendrá un costo insoportable y que la resistencia tiene el poder de decidir el destino de cualquier batalla”.

 

Para Soleimani, la clave para enfrentar a las potencias imperialistas radicaba en la unidad y la firmeza:

 

“La experiencia ha demostrado que los opresores solo entienden el lenguaje de la fuerza. El mundo islámico encuentra su verdadera fuerza y disuasión cuando los creyentes se mantienen firmes, unidos y dispuestos al martirio para defender su soberanía y liberar sus territorios”.

 

En definitiva, lo que se conoce como  “escuela Soleimani” es mucho más que una doctrina militar: es la valorización de una tradición espiritual con una enseñanza política que demuestra que sin autonomía, sin conocimiento propio y sin voluntad colectiva, no hay soberanía posible.

 

Irán y el frente de resistencia imponen una nueva ecuación.

 

Este desenlace confirma que las cartas de Irán eran mucho más fuertes que lo que Estados Unidos estaba en condiciones de soportar, y esa fortaleza se sustenta fundamentalmente en el plano militar. Con su capacidad de disuasión, Teherán impuso respeto, tomó el control del estrecho de Ormuz y golpeó directamente las bases de fuerzas extranjeras en la región. Esa medida no solo alteró el mercado energético occidental, sino que respondió a una razón estratégica y legítima: interrumpir el abastecimiento marítimo de esas instalaciones, sabiendo que el reabastecimiento por aire es mucho más lento y de muy bajo volumen. Se trató, por tanto, de una acción defensiva, no de extorsión, y su impacto económico y político fue solo una consecuencia más de su poderío.

 

Aún así, Irán actuó con moderación —no por debilidad, sino por consideración a otros actores regionales que no desean verse arrastrados a una destrucción que podría beneficiar a los intereses anglosionistas. Una victoria clave fue lograr que esos mismos actores funcionaran como contrapeso y moderadores frente a las potencias agresoras. Lo que estas últimas lograron en el acuerdo —la supervisión de sus reservas nucleares por parte de la OIEA— es solo un recurso para “salvar la cara”, una concesión menor que solo hace el vencedor, porque es el único que realmente busca la paz.

 

Además, el escenario regional se transformó en forma irreversible: la unidad y movilización de la nación iraní, la capacidad de resistencia de Hezbolá, la actuación decidida de Yemen —que también puede bloquear el estrecho de Bab el Mandeb— y la cohesión del Eje de la Resistencia conforman un nuevo equilibrio. Incluso en lo que respecta a Gaza, se estima que “Israel” quedará tan debilitado que los acontecimientos se orientarán progresivamente en favor de los derechos palestinos. Como advirtiera el general Qasem Soleimani, el proyecto del “Gran Israel” ha quedado derrotado, al menos por ahora, y la soberanía regional ha recuperado terreno frente a la hegemonía externa.

 

Advertencia firme: dignidad y respeto a los acuerdos.

 

Las Fuerzas Armadas de la República Islámica han dejado clara su postura: no permitirán que se violen los acuerdos ni la soberanía de los pueblos vecinos. A través del Cuartel General Central Jatam al Anbiya, máxima instancia de mando, advirtieron que si continúan las operaciones y ataques israelíes en el sur del Líbano, la respuesta será contundente y devastadora, en estricto ejercicio de autodefensa y respeto a lo pactado.

 

En declaraciones, el Ayatolá Mojtaba Jamenei, Líder Supremo, sostuvo que “la paciencia tiene límite. Quien cruce nuestras líneas rojas o agreda a quienes contamos con su amistad, pagará un precio muy alto. Ya no hay espacio para la impunidad anglosionista en esta región”. Afirmó además respecto al acuerdo con Estados Unidos que “el poder del aparato de política exterior del país se empleará para asegurar los intereses supremos de la República Islámica de Irán, preservar los derechos del honorable pueblo iraní y proteger la dignidad, independencia y poder de esta tierra, dentro del marco de los principios y fundamentos que guían nuestra acción, y no escatimaremos esfuerzos para lograr estos objetivos y salvaguardar los intereses nacionales”.

 

En el mismo sentido, el Presidente del Parlamento Islámico, Mohammad Baqer Qalibaf, manifestó que “las decenas de violaciones al alto el fuego confirman que Israel no respeta la palabra dada. Por lo tanto, advertimos que cualquier agresión en suelo libanés se considerará agresión directa contra Irán y tendrá respuesta inmediata”.

 

La Comandancia de la Guardia Revolucionaria emitió un comunicado donde advierte que “quien siembra vientos recoge tempestades. No estamos dispuestos a ver cómo se desmantelan los acuerdos mientras nos quedamos de brazos cruzados. Defendemos la dignidad propia y la de nuestros hermanos”.

 

Teherán denuncia que estas violaciones se producen con el visto bueno de Estados Unidos, y que la advertencia busca presionar para que se cumplan las garantías de seguridad pactadas. Para Irán, responder con firmeza no es una amenaza, sino el único camino para preservar su honor, su soberanía y el equilibrio regional frente a la lógica de imposición del bloque anglosionista, que sufre así un duro revés ante la capacidad, la voluntad y la victoria estratégica de la República Islámica.

 

 

*Director de la Academia del Pensamiento Estratégico (APE).

 

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