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CGT Y LA REFORMA: Reunión de la conducción para analizar acciones
Todavía no definen si hay paro general para el 27 de febrero

En la central obrera descuentan que la iniciativa podría ser sancionada y anticipan que, de concretarse ese escenario, evaluarán estrategias para “hacer pagar el costo político” a los senadores que acompañen la norma.
La conducción de la Confederación General del Trabajo (CGT) se reunirá el próximo miércoles en la antesala de una semana clave en el Congreso, marcada por las sesiones del Senado y, en particular, por el tratamiento de la reforma laboral previsto para el viernes.
El encuentro del que aún no publicaron lugar y horario, se realizará mientras el oficialismo busca avanzar con la aprobación definitiva del proyecto. En la CGT admiten que la reforma laboral podría ser sancionada y anticipan que ante esa posibilidad, evaluarán estrategias para “hacer pagar el costo político” a los senadores que acompañen la norma.

No obstante, la mayoría de la mesa chica coincide en que “no hay contexto para una nueva medida de fuerza” a nivel general, por lo que ratificarán la decisión de judicializar los artículos que consideran inconstitucionales, entre ellos los vinculados a eventuales limitaciones al derecho a huelga.
Desde la conducción cegetista señalaron que analizarán “el malestar en la calle”, pero evitarán impulsar medidas de acción directa que impliquen un alto desgaste organizativo y político.
En paralelo, gremios de perfiles más confrontativos —como la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), el sindicato de Aceiteros, la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA) y la Asociación Trabajadores del Estado (ATE)— definirán este martes un paro de 24 horas para el viernes, jornada en la que también prevén realizar 12 horas de movilización en rechazo a la reforma.
La convocatoria será formalizada por el Frente de Sindicatos Unidos (FreSu), que además llamará a la CGT a sumarse a la protesta.
Se trata de los mismos sectores que la semana pasada cuestionaron la estrategia de la conducción cegetista al impulsar una movilización al Congreso durante el paro general sin marcha convocado por la CGT.
Los Gobernadores acuerdistas y entregadores
La Confederación General del Trabajo (CGT) intensificó su ofensiva contra la reforma laboral que impulsa el Gobierno, apuntando directamente a los gobernadores y al peronismo, a quienes acusan de «entreguistas» por facilitar su avance en el Congreso. Tras el paro general de la semana pasada, la central obrera ratificó que luchará «hasta el último minuto» para frenar la iniciativa, ahora a la espera de su tratamiento en el Senado.
– Votos a cambio de financiamiento: Octavio Argüello, uno de los líderes del triunvirato de la CGT, fue tajante al señalar a gobernadores de provincias como Salta, Catamarca, Tucumán, Chubut y Santa Cruz. Los acusó de haber «facilitado legisladores» para que la reforma avanzara, especulando que lo hicieron «quizás por obras, por financiamiento económico». Argüello sentenció duramente: «No se puede vender la dignidad del pueblo por una zanja cuneta y dos metros de asfalto».
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– Falta de diálogo: La CGT asegura que intentó dialogar con estos mandatarios, pero que después de un primer acercamiento, «no nos atendieron más».

– Legislativo: Aunque reconocen que es difícil, aspiran a que en el Senado no se acepten las correcciones de Diputados y la ley se caiga. Insisten en la necesidad de que los senadores sean «responsables» y no apoyen una reforma que consideran regresiva.
– Judicial: La central obrera ya está preparando una estrategia legal para judicializar la ley en su totalidad o en algunos de sus artículos, argumentando que es inconstitucional y ataca derechos laborales fundamentales.
– Calle: A pesar de haber realizado cuatro paros generales y trece marchas en los últimos dos años, la CGT no descarta nuevas movilizaciones y manifestaciones si la ley avanza. El último paro general fue «importante, como hace tiempo que no se daba».

El dirigente de Camioneros también lanzó duras críticas al peronismo, pidiéndole que «se ordene» y «deje de pelearse por cosas que no importan». La CGT enfatiza que el problema de la reforma laboral es «político» y que el pueblo «tiene memoria» y «en su momento van a tener que explicar cuál fue la traición» a los trabajadores.
La CGT sostiene que la reforma «quita todos los derechos» y «retrocede a los trabajadores a condiciones del año 1900», impactando gravemente en el empleo y la calidad de vida.





