CUANDO EL AJUSTE SE QUEDA SIN RELATO
ESCRIBE: José “Pepe” Armaleo – Militante, abogado...

Una semana atravesada por el desgaste del poder, la compra de gobernabilidad, el ataque a jubilados, universidades y trabajo, y el regreso de la protesta social. En la mesa de los viernes, voces del pasado y del presente leen un mismo signo: el modelo avanza, pero la legitimidad se resquebraja y el conflicto empieza a organizarse.
La mesa de los viernes estaba completa. No por la cantidad de platos, sino por el peso de lo que se discutía. El anfitrión había invitado a los de siempre —Miguel, Ricardo, Mimí, Hipólito, Fernando, Germán, Tony, Melisa, Nora, Horacio, Fermín, Oscar, Gerardo y Diego— sabiendo que esa semana no admitía miradas parciales.
Porque esa mesa no es solo un encuentro: es un espacio de resistencia, de elaboración colectiva, de memoria activa frente a un presente que intenta fragmentar, aislar y desorganizar. Y como ocurre cuando el presente se vuelve denso y la entrega se acelera, el pasado volvió a sentarse sin pedir permiso. Perón, Cooke, Ferla y Cafiero ocuparon sus lugares como si nunca se hubieran ido, no como figuras del recuerdo, sino como herramientas vivas para pensar el ahora y disputar el futuro.
Miguel fue el primero en hablar, con voz firme. —No hay sector que no esté tocado. Jubilaciones, universidades, discapacidad, industria, provincias. Todo junto. Como si el daño fuera deliberadamente simultáneo.
Perón asintió, sin sorpresa. —Porque lo es —respondió—. Cuando un gobierno ajusta de manera fragmentada, administra conflictos. Cuando ajusta todo al mismo tiempo, busca quebrar la capacidad de reacción. ATN repartidos para comprar obediencia, presupuesto de ajuste, ataque al sistema previsional, entrega de los glaciares, subordinación al Fondo. No es economía: es dominación.

Melisa intervino desde la experiencia territorial. —En los barrios ya no se discute inflación o déficit —dijo—. Se discute si se llega a fin de mes. Si el comedor sigue abierto. Si la changa alcanza. Y mientras tanto, nos dicen que baja el desempleo.
Cooke sonrió con ironía. —Ese es el truco clásico —dijo—. Menos desocupados, más precarizados. No es empleo: es disciplinamiento social. Gente con miedo a perder lo poco que tiene. Por eso avanzan con la reforma laboral aun cuando sus propios asesores admiten que no va a generar empleo.
Gerardo tomó la palabra. —En la industria esto se siente como una condena anticipada. Apertura de importaciones, caída del consumo, financiamiento imposible. Una “mesaza de penas industriales”, como tituló alguien con precisión brutal.
Ferla retomó el hilo. —No hay contradicción en ese esquema —explicó—. La destrucción industrial no es una consecuencia indeseada, es una condición necesaria. Sin industria no hay sindicatos fuertes. Sin sindicatos no hay negociación colectiva. Sin negociación, el salario se vuelve variable de ajuste permanente.
Hipólito, con tono más grave, sumó otra capa. —Y todo eso se sostiene con un clima cultural de humillación. Jubilados reprimidos y con haberes de miseria, provincias disciplinadas, estadísticas maquilladas. Cuando el Banco Central manipula números es porque la economía real ya no responde.
Cafiero intervino, señalando el tablero federal. —Córdoba es un caso testigo —dijo—. Crisis previsional, déficit estructural y jubilados “top” fragmentados para evitar reacción colectiva. Es ajuste con ingeniería política. Lo mismo ocurre con los ATN: no hay federalismo, hay premios y castigos.
Fernando golpeó suavemente la mesa. —Y cuando el ajuste fracasa, aparece el garrote. Bullrich consigue dictámenes, pero no consensos. La reforma laboral se patea para febrero. Incluso los senadores propios dicen “basta de latigazos”.
Perón levantó la mirada. —Eso tiene una lectura clara —dijo—. Un gobierno que amenaza con vetar su propio presupuesto, que necesita comprar votos para sostenerse, que enfrenta a la CGT, a las universidades y a los jubilados, ya no gobierna: sobrevive.
Nora intervino, con preocupación. —La CGT lo dijo sin rodeos: “sigan sin escucharnos y terminaremos en un paro nacional”. No es amenaza, es aviso. Pero el gobierno parece decidido a quemar todos los puentes.
Cooke respondió de inmediato. —Porque cree que la política es un estorbo. Pero cuando se rompen los puentes, el poder queda aislado. Y cuando el poder se aísla, empieza a gobernar contra la sociedad.
Tony sumó otra dimensión. —La Corte confirmando la tobillera de Cristina no es un hecho aislado. Es parte del clima. Judicialización permanente, disciplinamiento simbólico, desgaste deliberado.
Ferla asintió. —Cuando la justicia deja de ordenar y pasa a intervenir políticamente, todo el sistema se vuelve inestable. No hay reglas compartidas, solo correlación de fuerzas.
Diego tomó la palabra. —Sin embargo, algo empezó a cambiar. La oposición logró salvar universidades y la emergencia en discapacidad. El PRO amenaza con no dar más quórum. Los aliados se rebelan.

Cafiero lo tomó como señal. —Cuando hasta los socios empiezan a poner límites, el poder pierde fluidez. La gobernabilidad comprada dura poco. Sin legitimidad social, no hay transferencia que alcance.
Fermín intervino, con calma, pero con una gravedad que tensó el aire. —Y el FMI vuelve a ocupar el lugar que nunca dejó —dijo—. Obliga a comprar reservas, aun sabiendo que eso puede acelerar la inflación. ¿Por qué? Porque no gobierna para el bienestar del pueblo argentino, sino para garantizar el repago de una deuda ilegítima. Cincuenta y siete mil millones de dólares en un año y medio no es una cifra: es una hipoteca política.
El anfitrión cerró desde la experiencia militante. —La gente empieza a unir los puntos. Ajuste, deuda, FMI, precarización, entrega de recursos. Ya no lo ve como errores sueltos.
Perón se inclinó levemente hacia adelante. —Ahí aparece lo decisivo —dijo—. El peronismo vuelve a ser alternativa no por nostalgia, sino porque es el único movimiento que históricamente enfrentó estos ciclos de entrega. No alcanza con resistir: hay que organizar el futuro. Industria, trabajo, soberanía, justicia social y federalismo real.
Cooke completó: —El fracaso del ajuste abre dos caminos: resignación o resistencia. Y esta vez, la resistencia empieza a organizarse del otro lado.
Ferla añadió: —Cuando el daño se vuelve cotidiano, el consenso se evapora.
Cafiero agregó. —La política vuelve cuando el ajuste fracasa. Y cuando vuelve, lo hace con memoria.
Perón se levantó apenas de la silla, como si esa escena ya la hubiera vivido muchas veces. —La Argentina no está condenada —dijo—. Está en disputa. Y cuando un gobierno necesita comprar voluntades, atacar a los jubilados, destruir la industria y obedecer al Fondo para sostenerse, es porque ya perdió lo más importante: la confianza del pueblo. Y sin pueblo, no hay poder que dure.
Cooke sonrió, apenas. —Ahí empieza la resistencia —dijo.
El resto de la mesa asintieron al mismo tiempo.
La escena quedó suspendida en esa certeza compartida: la entrega puede administrarse desde arriba, pero la historia siempre se define desde abajo.
La mesa quedó en silencio.
No era calma.
Era la certeza compartida de que la entrega puede administrarse desde arriba,
pero la historia —una vez más— empieza a escribirse desde abajo.
«La historia no se borra, la memoria no se clausura, la justicia no se negocia, la soberanía no se entrega y la apatía es la derrota que ningún pueblo puede permitirse.»
AUTOR: José “Pepe” Armaleo – Militante, abogado, magíster en Derechos Humanos, integrante del Centro Arturo Sampay y de Primero Vicente López.





