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Hay que actuar con una buena lectura frente al macrismo descuartizado

Alejandro C. Tarruella

La actual etapa política expresa el último exabrupto del macrismo, que sale al ruedo con el dolor de ya no ser y estar. No hay lugar en la política argentina para un compendio semejante de maldad, desesperación, voracidad y empeño en destruir.

Escribe Alejandro C. Tarruella

El dolor de ya no ser y estar

Tal vez haya que evaluar hoy, en la medida de Sun Tzu, que haya habido una incorrecta lectura del peronismo y sus aliados, de la actual etapa o el plan que al menos tenían, con el cuchillo en la boca, los piratas de Mauricio. Y esto viene a cuento de que hoy actúan como si el dolor de ya no ser y estar, estuviese motivado por un asunto tan sencillo de ver, que es difícil de hallar.

Ellos asaltaron las arcas del poder a fines de 2015, en la idea voraz de quedarse durante al menos dos períodos para empujar a varios más. Para ellos no tenían otro plan político que el ejercicio de la impunidad. ¿Para qué? Contaban con quienes iban a habilitar su ejercicio feroz. Funcionarios, corsarios de las corporaciones, jueces de toda laya que accionan como máquinas tragamonedas, traidores, arribistas y venales, le refirmaron la única idea que tenía Mauricio. Así alistaron a jueces, policías, periodistas espías y truhanes de arriba.

En ese posible error de nuestro campo político, se forjó la idea que tenían de una eternidad en el poder. Ellos creían en eso. Agitan en la decadencia y quieren volver por la caja. Por eso, hay que medir con cuidado los hechos y establecer qué es lo que dicen y por qué acusan cada día como si fueran inquisidores del poder financiero.

Chorros, maquiavelos y ladrones

Si ellos esperaban la eternidad del ejercicio del despojo, los une hoy el terror a las rejas y el no poder hacer uso de la impunidad para saquear al país

La idea de ellos era convertirnos en poco menos que la Haití del sur a días sin ley y deuda externa. Y para eso necesitaban y alucinaban varios ejercicios del gobierno seguidos, para lo cual alistaban su ejército goebbeliano de chorros, maquiavelos, contentos y amargaos, valores y dublé. Cuando se quebró la fumata y la realidad los puso de patitas en la calle, alistaron el odio y “Cachá el bufoso. Y chau ¡vamo a dormir!”, y salieron a la calle a decir cualquier cosa que afecte al nuevo gobierno. En los ratos libres se dedicaban a la escucha.

Un problema nuevo es que hay en ciernes un nuevo orden mundial. Para el peronismo, sus aliados y el gobierno de Alberto Fernández, se trata de poner de pie una propuesta, analizar el escenario internacional y salir a jugar. El nuevo orden va a permitir que la deuda sea menos onerosa ya que dólar de hoy no va a ser el dólar de los próximos años, tal vez entonces esté atado al oro con resguardo a las nuevas potencias del escenario mundial, y abrir una instancia de mayor peso del Estado en la fijación de las grandes políticas nacionales, regionales, continentales e internacionales. Hay que estar preparados para eso, no para hacer de la política un ejercicio de la réplica permanente.

La maldad insolente

No hay que perder de vista, entonces, a quiénes son adversarios, enemigos, propios y aliados. Y qué quiere cada uno, adónde va y adónde puede arribar. Hay que debatir qué significa soportar los embates corporativos, la conspiración permanente de los agentes del Estado que dejaron y que deben salir mediante una reforma profunda. Y hay que saber que han perdido la oportunidad de un botín que llevan en solo alguna de sus partes. Son hijos de una maldad insolente muy grave e insaciables. Llegaron por hombres, mujeres y niños, bancos, empresas y lo que venga.

Ahora los más educados del batallón imaginan una propuesta más suave. Es el macrismo de guante blanco

La propuesta tiene otro tiempo y otros gestos. Pero es la misma a los fines de lo que hay que transformar. Pinedo es Macri con un curso de modales para actuar en el Palacio Duhau. Hay que negociar, sí, pero hay que saber quién anda detrás de la máscara porque la voracidad es semejante. Lo que vale es definir quiénes somos en la nueva apuesta, que queremos, con quien lo hacemos y adónde vamos. Hay que conocer los planes visibles e intuir y establecer, qué hay bajo el poncho. Luego, actuar en el mundo. No olvidemos que América confirma el universo.

Tenemos que conocer los nuevos datos de las grandes culturas que van a estar en ruedo. El vacío, el no hacer, la táctica del agua, son datos a incorporar al conocimiento para la acción que demanda esta etapa de la historia. Y están los que pueden aventurarnos en lo que se avecina. Perón decía que la conducción es un arte. Como lo es el arte de adentrarse en la realidad de un mundo nuevo en el que hay que recuperar la justicia social, la soberanía política y la independencia económica. Ponernos de pie nos va a permitir hacerlo mejor.

El llamado al ruidazo y posterior levantamiento de la acción, muestra que tenemos algunas fisuras. No es para alarmarse. No lo es, si no vemos la rajadura en estos intentos que van al fracaso. Pasa algo, bien, ¿qué pasa? Lo sencillo es invisible más allá de lo cotidiano. Hay que ensanchar el punto de mirada y con Juan L. Ortiz proponer: “No temas, no temas, y mira, mira hasta las islas…”. El horizonte de la porteñidad, a veces, no pasa mucho más allá del shopping.

Ese horizonte, entonces, demanda definir una lectura de la realidad y hacer para la transformación del país sin esperar. Jorge Rachid sostiene que “Planificar el modelo de país, es comenzar a vencer la pandemia”. Y Alexandre Roig aporta que a los mejores ingresos hay que sumarles una nueva redistribución del poder. De eso se trata.

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