Milagro Sala, una lucha que espera por los dirigentes

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Ignacio Campos Nueve meses exactos han pasado desde la injusta y arbitraria detención de la dirigente social y parlamentaria del Mercosur, Milagro Sala.

Hoy, día de la madre, circuló por las redes un audio en el que una militante salteña de la Organización Tupac Amaru daba cuenta del lamentable estado físico y anímico en que se encuentra la dirigente jujeña y sus compañeras en la cárcel Alto Comedero de Jujuy.

De dicho audio se desprende que ya el desánimo está haciendo mella en el espíritu y la salud de la luchadora, puesto que tanto ella como sus compañeras están siendo víctimas de humillaciones permanentes.

Milagro Sala cuenta con el triste privilegio de ser la primera presa política desde que asumió como presidente Mauricio Macri, y no es casual que el régimen imperante represente de manera cabal la continuidad ideológica de la última y más sangrienta dictadura militar, que en sociedades como la jujeña se expresan con mayor claridad aún. Es por ello, precisamente, que debieron detener, con la excusa que fuera, a la única militante política que supo poner en evidencia la diferencia entre ocuparse de mejorar la calidad de vida de las clases eternamente marginadas y la simple declamación que hacen los candidatos durante sus campañas proselitistas en aquella provincia (y que bien podríamos extender a otros distritos de nuestra Patria).

El proceso que sostiene a Milagro detenida ilegalmente está tan teñido de irregularidades desde aspectos jurídicos tan elementales que hasta el ciudadano menos instruido en la materia puede notarlo. Es sabido que si bien Milagro Sala y su gran Organización crecieron al amparo del último gobierno kirchnerista, también es notorio el grado de compromiso y pertenencia a su movimiento que demostraron quienes integran la Tupac.

Entonces aquí es momento de preguntarse: ¿por qué a nueve meses de tan terrible avasallamiento institucional no ha habido aún una reacción seria, contundente y efectiva por parte de quienes hoy ocupan lugares de poder desde la oposición, incluyendo a aquellos que son los dirigentes naturales de la misma? Y aquí no debemos dejar a nadie sin considerar, puesto que se ha visto que no son suficientes algunas tibias menciones en un acto político.

No son suficientes las tibias menciones en algún acto político.

La detención de Milagro Sala entraña peligros mucho mayores, que están en línea con las políticas represivas sostenidas por Macri y sus ministros, y que llegan, por ejemplo, a la vergonzosa golpiza a los jubilados en el Puente Pueyrredón.

Aunque se dice hasta el hartazgo la frase “este modelo sólo cierra con represión”, cuando la sociedad política permite que se vulneren los derechos constitucionales más elementales, luego será tarde para reclamar por las medidas de mayor gravedad que se vayan a tomar desde el gobierno de Macri en contra de un pueblo que, a esta altura, no tiene otro camino que el de recurrir a la protesta.

Aún estamos a tiempo de adelantarnos a lo que parece inevitable, aún se puede frenar esta brutal escalada en contra de los derechos consagrados en la Constitución Nacional, pero la primera medida debe ser una pelea férrea y decidida en pos de la libertad de Milagro Sala y sus compañeras.

Las redes sociales dan cuenta de esto cada día con mayor fuerza, pero una vez más, la dirigencia política juega a las escondidas ante esta problemática como ante tantas otras que de manera sostenida vienen “llevándose puestas” las conquistas sociales conseguidas en los últimos doce años.

Si no se da esta pelea de manera urgente, corremos el serio riesgo de que sea finalmente la reacción popular sin conducción la que salga a defenderlas, con consecuencias mucho más graves.

La clase política debiera tomar seria nota de esto, de manera urgente, y salir finalmente de su aletargamiento, ponerse al frente del reclamo y que así Macri “pare la mano”.

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