Fracking: el riesgo de fractura de las napas de agua

InfoBaires 24 dialogó con expertos a favor y en contra de impulsar el fracking como modelo extractivo de recursos naturales, que provoca preocupación en las comunidades donde podría producirse una fuerte e irreparable contaminación. Cómo se lleva a cabo, qué químicos se utilizan y qué impacto podría generar en pueblos y ciudades de Cuyo y la Patagonia.
Hugo Gulman
En el primer informe, InfoBaires24 describió la intranquilidad que vive la población mendocina de San Rafael por el impulso empresario y gubernamental a la práctica del fracking para la explotación petrolera. Son muchas las localidades que corren el riesgo de verse afectadas por la contaminación del agua y las napas, con las naturales consecuencias en la alimentación y el oxígeno, que en este caso tracciona con firmeza el gobernador Alfredo Cornejo.
En el segundo capítulo nos referimos a la preocupación de los ambientalistas debido a la importante cantidad de agua necesaria en cada pozo, el tratamiento químico, los desechos y el desconocimiento de qué ocurriría en las honduras de la tierra ante fuertes movimientos telúricos, tan habituales en esas geografías. Las posibilidades de resquebrajamientos de las tuberías, que alcanzan la misma profundidad de los pozos, que en algunos casos llegan hasta los 4.000 metros, también generan disensos con las voces oficiales, que minimizan los peligros de la actividad.
El fracking en Argentina se usa en distintas formaciones de Vaca Muerta, en Neuquén, y en unos 1.500 pozos de Río Negro. En Mendoza comenzó por el sur. Se utiliza también en Malargue, y en Chubut se hicieron unos pocos que se frenaron por intervenciones judiciales.
En ese sentido, uno de los puntos clave que intranquiliza a los ambientalistas es la certeza de que la corrosión y las probables rajaduras que los movimientos sísmicos producirían en las tuberías filtrarán fluidos que contaminarán las napas de ríos y arroyos cercanos, con el consiguiente peligro para la población, la fauna y la flora. En respuesta, Miriam Skalany, Directora de Medio Ambiente de Mendoza, explica a IB24 que los pozos y tuberías se inspeccionan semestralmente y las empresas deben demostrar su seguridad con estudios de cementación. “En Mendoza obligamos a los yacimientos a presentar todos los contenidos relacionados con el impacto ambiental y dentro de las imposiciones está el uso de agua de formación para disminuir el consumo de agua dulce”, remarca.

Sin embargo, Fernando Cabrera, Director de Comunicación de la Organización Petróleo Sur (OPSur), detalló los riesgos de construir tuberías a tanta profundidad, ya que es imposible conocer qué ocurre con las resquebrajaduras propias del cemento o como consecuencia de movimientos de tierra, con las posibles filtraciones de aguas contaminadas por los productos químicos que se mezclan con el agua para facilitar las quebraduras de la roca o la filtración de los hidrocarburos.
Según Skalany, las nuevas tecnologías permiten detectar las fallas en el momento y el lugar que se están produciendo. Por otra parte, dice, está prohibido el vuelco y la evaporación, por lo que el único destino que tiene el agua es volver a la formación a través de pozos inyectores para proporcionar presión al yacimiento. “Vuelve al lugar de donde se sacó el petróleo y con las mismas condiciones que cuando se extrajo del pozo productor”, aseguró.
OPSur considera que la explotación convencional, que es más sencilla y menos dañina que la no convencional, generó desde que se masificó a fines de los 70 grandes perjuicios socioambientales y sanitarios. El especialista manifiesta que hay estudios de peritos de la Corte Suprema que dan cuenta de la contaminación de los lagos de los que se nutre de agua para consumo la población de Neuquén. “Los resultados establecen que esa agua no estaba habilitada ni para actividades deportivas y eso se profundizó en la actualidad con la nueva técnica, que implica nuevos problemas, como el uso de enormes cantidades de agua y arena”, expresó Cabrera.
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Los químicos representan otra importante disidencia. “Hace rato dejamos de investigarlo porque no accedimos a cuáles son”, afirmó el investigador de OPSur. Se emplean gelificantes y químicos que permiten que se licúe la arena que se mete en el pozo, y otros que matan pequeños hongos que se puedan generar con el tiempo: “Aunque son poca cantidad de químicos en relación a la cantidad de agua, al tratarse de tantos millones de litros de agua, un porcentaje mínimo en esas cantidades es mucho”, amplió Cabrera.
Contradiciendo la posición del especialista, la funcionaria mendocina sostuvo que no corren riesgos la fauna y la flora, ya que incluso la región vitivinícola más importante de la provincia, integrada por los departamentos de Luján, Maipú, Agrelo y Perdriel, es la más antigua zona petrolera y no han registrado accidentes ambientales.}

Finalmente, a partir de la explotación de hidrocarburos mediante el sistema de fracking se reavivó el debate sobre el uso de energías renovables. No son pocos los investigadores y ambientalistas que defienden la idea de invertir más en energías ‘verdes’ y cuando se encaró Vaca Muerta se debería haber destinado una parte de esa inversión en en el desarrollo de energía eólica y solar.
Uno de los argumentos que esgrimen los defensores de esta técnica es que los hidrocarburos se emplean no sólo en la energía, sino también en las industrias farmacéutica, textil, plástica, química, entre otras. Para Skalany, el problema de las energías ‘verdes’ es que no son de desarrollo inmediato y no en todos lados existen las condiciones climáticas para crear parques eólicos o solares. “En países avanzados como Alemania están volviendo al carbón porque no quieren más centrales atómicas en su territorio. Y el carbón es lo más contaminante que hay y es muy difícil de contrarrestar con nuevas energías.”, concluyó.
Sin embargo, Cabrera contrapone que ese es un planteo absurdo. “En Argentina es una discusión que no tiene validez: los hidrocarburos destinados a ‘no energéticos’ ronda tan solo el tres por ciento con lo cual no puede ser el eje del debate”, señaló.
A punto de concluir la entrevista, el investigador de OPSur dejó su preocupación sinetizada en un recuerdo: “Empecé a estudiar esto hace más de veinte años en las inmediaciones de Loma de la Lata, con los pueblos mapuches. Un día empezaron a sacar hidrocarburos de los mismos pozos que sacaban agua y dijeron ‘che, esto está viniendo raro’ y era petróleo. Acercaron una llave y se encendió fuego. Y así sigue hoy, y veinte años después avanzan con una técnica más contaminante, cara y riesgosa, multiplicando las problemáticas que ya tenía la extracción convencional, cuando antes se bebía el agua de los ríos”.
Lo cierto es que aunque en otras latitudes se utiliza desde hace casi siete décadas, el fracking es una práctica reciente en nuestro país. Y aunque los focos de resistencia se han presentado a través de pequeños grupos de vecinos, claramente podemos advertir mayor concientización que deriva en la creciente protesta de los pobladores afectados. Luchan contra el mismo enemigo de otros ámbitos de la política nacional: la desinformación.
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