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CUANDO EL AJUSTE SE VUELVE PROYECTO, LA RESISTENCIA DEBE VOLVERSE ORGANIZACIÓN

La crisis industrial, el avance de la reforma laboral, el endeudamiento y la subordinación externa no son hechos aislados: forman parte de un modelo que se acelera. En la mesa de los viernes, los comensales y los invitados históricos discuten el sentido de época y una pregunta decisiva: si este tiempo quedará marcado por la resignación o por el inicio de una resistencia organizada con vocación de futuro.

No fue una semana más. Tampoco un simple repaso de títulos alarmantes. Lo que se acumuló en los últimos días —cierres de fábricas, caída del empleo formal, inflación persistente, ajuste laboral, presión del FMI y retrocesos en soberanía— empezó a dibujar algo más profundo: la confirmación de un rumbo. 

Por eso la mesa de los viernes no se reunió para comentar la coyuntura, sino para pensarla políticamente. Porque cuando el ajuste deja de ser una respuesta transitoria y se convierte en proyecto de país, discutirlo exige algo más que diagnóstico: exige posición. 

Estaban los de siempre —Miguel, Ricardo, Mimí, Hipólito, Fernando, Germán, Tony, Melisa, Nora, Horacio, Fermín, Oscar, Gerardo, Diego, Néstor—, pero el clima convocó también a otras presencias. Perón, Cooke, Ferla y Cafiero se sumaron sin estridencias, no como figuras del pasado, sino como herramientas vivas para leer el presente y discutir el futuro. 

La conversación empezó donde ya no se puede mirar para otro lado: industria, trabajo, reforma laboral y dependencia externa, todo enlazado por una misma lógica. 

Perón abrió la conversación sin rodeos. —La crisis que retratan los titulares no es un accidente ni una secuencia de errores técnicos —dijo—. Hace mucho que la industria está en crisis, el empleo formal cae y cierran fábricas, mientras la apertura importadora avanza sin control. Eso no es casual, es consecuencia de un modelo que prioriza mercado antes que producción y exportación antes que industria nacional. 

Cooke agregó: —Milei llegó con la bandera de “liberar” la economía, pero la liberación fue para los capitales, no para los trabajadores. Boom importador, destrucción de empleo formal, cierre de pymes y aumento de contratos precarios. La economía no se “moderniza”: se desmantela.  

La referencia al empleo formal resonó en la mesa. Oscar tomó la posta: —Los datos duros muestran que la pérdida de empleo y la precarización no son estadísticas técnicas: golpean a familias y comunidades. El desempleo formal se desploma, mientras crece la informalidad y el cuentapropismo.  

Hipólito, articuló esa idea con la producción: —Las pymes están pagando la factura del modelo. La principal empresa textil cierra una fábrica en Tucumán, mientras se facilita la importación. Eso no se arregla con discursos, se arregla con política industrial de verdad.  

Melisa miró los títulos sobre inflación y dólar: —Y encima, lejos de las promesas de control, la inflación sigue para arriba y el dólar mayorista se estira otra vez. Cuando el gobierno quiere festejar datos técnicos, hay miles de familias que sienten que su salario no alcanza.  

—Eso explica por qué el índice de precios sigue subiendo a pesar de las celebraciones oficiales —intervino Cafiero—. La economía se desarticula cuando no hay producción interna. Y mientras tanto, el gobierno corre detrás de las metas incumplidas del FMI y espera un waiver para recibir más fondos.  

Néstor, siempre atento a las conexiones más amplias, añadió: —No es solo un problema doméstico aislado. Si Milei incumple metas con el FMI y necesita un salvavidas financiero, es porque el modelo que se está aplicando no estabiliza nada estructuralmente.  

—¿Y qué decir de la demora en inversiones mientras el cobre rompe récords? —preguntó Horacio—. Parece que aquí no hay estrategia, solo espera de capitales externos. 

Ferla asintió. —La economía argentina se está transformando con un rumbo que no promueve producción, sino especulación, sin industria nacional ni empleo estable. Y cuando se retrasa la inversión local mientras se exaltan precios de commodities en el mundo, lo que se acelera es la dependencia.  

La conversación derivó entonces a lo político y social. Tony levantó un título de un periódico local: —La CGT prepara una gira por las provincias para frenar la reforma laboral. Si quitan derechos, no habrá trabajo genuino.  

—Exacto —respondió Perón—. La resistencia no es sindicalismo corporativo, es defensa del tejido social. La reforma laboral no es solo una tabla salarial: es una estrategia de fragmentación de los trabajadores.  

—Y cuando la CGT anuncia movilizaciones —añadió Mimí—, no lo hace porque ama la protesta. Lo hace porque ve que los derechos están en riesgo.  

Fermín retomó otro título preocupante: —Mientras se deteriora el empleo formal y cierran pymes, el gobierno pretende avanzar sobre la Ley de Manejo del Fuego y encender culpas externas. La estrategia mediática busca distraer del desastre interno.  

—La política de bandas cambiarias que impone el Fondo a Milei —dijo Nora— también acelera la inflación, y no parece haber correlato real con la producción nacional.  

—Sí —intervino Miguel—, la banda cambiaria, la inflación que sigue para arriba y el castigo que aplica el mercado por las tasas que se pagan para renovar deuda muestran que el gobierno administra presión financiera, no economía real.  

La mesa quedó un momento en silencio. Cuando las voces volvieron al centro, Perón habló otra vez: —Lo que pasa afuera y lo que pasa aquí no es independiente. No podemos pensar solo en economía doméstica cuando la geopolítica y la economía global están reordenándose sobre lógicas de poder —remata con un peso histórico—. Es tiempo de organización, no de resignación. 

Cooke fue concluyente: —Este modelo de apertura absoluta y de dependencia externa no crea soberanía ni empleo. Crea subordinación y regresión social. 

Ferla, serio, señaló: —La respuesta sindical, política y social debe ser articulada, no reactiva; debe cuestionar el esquema de mercado que, bajo nombres distintos, termina destruyendo industria y empleo. 

Interviene Cafiero: —No hay salida técnica sin salida política. ¿Vamos a resignarnos a administrar el daño, o vamos a organizarnos para disputarlo? 

Cuando la discusión parecía agotarse, Cooke apoyó los codos sobre la mesa y habló sin elevar la voz, pero con una claridad que ordenó todo lo dicho. —Lo que estamos viendo no es solo una ofensiva económica. Es una tentativa de reordenamiento social profundo. Quieren un país sin industria, sin sindicatos fuertes, sin educación crítica y sin memoria colectiva. No porque odien esas cosas, sino porque estorban a un modelo que necesita obediencia, no participación. 

Miró alrededor, uno por uno. —Pero la historia demuestra algo: cada vez que intentaron cerrar el conflicto social por arriba, lo reabrieron por abajo. Cada fábrica que cierra, cada derecho que se quita, cada salario que no alcanza, va acumulando una experiencia común. Y esa experiencia, cuando se organiza, se vuelve política. 

Hizo una pausa breve. —No estamos ante el fin de nada. Estamos ante una disputa abierta. El poder hoy tiene iniciativa, pero no tiene destino asegurado. El campo popular tiene una tarea difícil, pero posible: transformar la bronca dispersa en proyecto colectivo, la resistencia defensiva en ofensiva consciente, y la memoria en programa. 

La mesa quedó en silencio, no por incertidumbre, sino por reconocimiento. 

—Si algo enseña este tiempo —cerró Cooke— es que la resignación o la apatía, nunca fue una opción para los pueblos que hicieron historia. Y que cuando el ajuste se vuelve sistema, la organización deja de ser una consigna: se vuelve una necesidad vital. 

Afuera, la noche seguía pesada. Adentro, al menos por un momento, el futuro volvía a discutirse en voz alta. 

La mesa no respondió en voz alta. No hacía falta. La respuesta ya se sabía: la disputa estaba en marcha. 

 

«La historia no se borra, la memoria no se clausura, la justicia no se negocia, la soberanía no se entrega y la apatía es la derrota que ningún pueblo puede permitirse.» 


José “Pepe” Armaleo – Militante, abogado, magíster en Derechos Humanos, integrante del Centro Arturo Sampay y de Primero Vicente López.


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