Internacionales

La panacea de los refugiados

Una multitud de ciudadanos de la ciudad capital del estado de Baviera -lindante con Austria-, recibió a los primeros refugiados que llegaron en trenes procedentes de Viena con abrigos, vestimenta, alimentos y juguetes para los niños. Así, Munich, se convirtió en una especie de “tierra prometida” para quienes huyen del conflicto en medio oriente.

Si bien la ciudad de Munich es conocida por ser cuna y capital espiritual del nazismo, también cuenta con un corazón revolucionario, como lo demuestra la breve constitución del «Soviet de Baviera» en los primeros días de la República de Weimar. Y esta útima es la faceta que mostró al recibir con calidez a los refugiados durante los últimos días. El clima en la principal estación de trenes de Munich sigue estando marcado por las muestras de cariño y por gestos de solidaridad.

“Gracias Alemania, sólo queremos la paz». brega un cartel de bienvenida sostenido por cuatro jóvenes sirios con el afán de tranquilizar a los refugiados que, como ellos, huyeron de la guerra y ahora arriban a la ciudad de Munich sin saber muy bien cuál será su futuro.

Gracias Alemania, sólo queremos la paz.

Transformada en una suerte «Tierra Prometida» para los refugiados que escapan del conflicto en Siria y sus países limítrofes, Munich enfrenta en estos días un gran desafío desde el plano logístico, político y social, ya que se si bien abunda la solidaridad hacia la multitud de hombres, mujeres y niños que llegan cargados de alivio e incertidumbre, también existe un cierto rechazo por parte de algunos sectores sociales.

Muchos ciudadanos alemanes, tanto jóvenes como ancianos,  se acercan a los recién llegados a recibirlos con aplausos, con ropa recién comprada -que es aceptada con sonrisas y gestos de inmenso agradecimiento, a pesar de que intentan decirles que no la necesitan-, incluso se aproximan a la estación madres que intentan pasar para que sus niños den la bienvenida a los niños recién arribados.

Pero si bien la mayor parte de la gente está a favor de recibir refugiados, hay quienes exigen que vuelvan a su país y reprochan a los periodistas que están cubriendo este drama humanitario.

La distribución de refugiados en Alemania -cuyo gobierno afirmó que tenía capacidad para recibir 500.000 personas por año- se hace dependiendo de un sistema de cuotas basado en la población y en los ingresos fiscales de cada uno de los 16 Estados federados. A Baviera, el segundo estado más poblado, le toca recibir un 15% del total de refugiados.

Pero los socialcristianos de la CSU, partido que gobierna en el Estado Federal y que es socio de los democristianos de la CDU de la canciller federal, Angela Merkel, señalaron a la jefa de gobierno que la decisión de recibir a los refugiados «es errónea».

Sin embargo, pese al llamado a frenar la ola de refugiados, los alemanes afrontan el desafío con eficacia: «En el centro de Messe hay capacidad para 2.000 personas, y nosotros tenemos una escuela preparada para recibir a 500 más, pero las instalaciones están aún vacías», informó a la agencia Télam el Dr. Behrbonn, uno de los responsables de la Cruz Roja en Munich.

«Aquí sólo quedan unos 300 refugiados» declaró por su parte, Aba Samad, uno de los voluntarios del centro ubicado en el norte de la ciudad, una zona prácticamente aislada, entre una ruta y galpones industriales.

Uno de los centros de refugiados de Munich se emplaza en Schwabing Munchen Nord, un barrio residencial donde la presencia de los extranjeros no ha generado conflictos: «No todos están contentos, pero la mayoría sí. Tenemos escuelas suficientes, parques para los niños y trabajo para los jóvenes, que sólo tienen que ir al centro de la ciudad. Es un buen lugar para vivir. Son todos bienvenidos», dijo Christiane Gruber, residente de la zona.

Decenas de policías escoltan gentilmente a los refugiados que descienden confundidos de los vagones que arriban a Munich. Voluntarios se acercan y les ofrecen vestimenta y alimentos, previo a hacerlos pasar por un rápido control médico y subirlos a micros que los llevarán hasta el «Messe» -las instalaciones del centro de congresos Messe Munchen International-, donde les toman las huellas dactilares para registrarlos y luego enviarlos a los centros de refugiados.

Los destinos futuros de los refugiados son inciertos: Ali Kashar, refugiado sirio, afirma que no desea quedarse en Alemania, sino que pretende ir con sus hijos a Noruega: «Conocemos gente allí. Assad destruyó todo en Siria, la madre de los niños murió en un bombardeo y queremos olvidarnos de todo», añade. Quizás sienta que Noruega es el destino que más lo aleja del dolor vivido.

En cambio, Abderraman, de 15 años, apunta que él si se quedará en Alemania para «estudiar medicina y trabajar». «Viajé sólo y esto feliz de estar aquí», afirma.

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