Primero los hombres: el 17 de Octubre al revés
Dos actos, dos candidatos y una gesta convertida en escenografía.

El 17 de octubre de 1945 un pueblo cruzó el Riachuelo para rescatar a un hombre que le había dado derechos. Ochenta y un años después, en Tucumán, el peronismo hizo el camino inverso: los hombres subieron al escenario para rescatarse a sí mismos, y la gesta quedó de fondo, como un telón.
El Hipódromo: un mosaico de apellidos. La foto aérea del acto de Osvaldo Jaldo es elocuente. En las tribunas no dominan Perón ni Evita: dominan los nombres. «Jaldo-Masso», «Jaldo Najar», «Jaldo Darío Monteros», «Jaldo Juri», «Jaldo Acevedo Chahla 2027». Cada pasacalle es una factura territorial: el dirigente que trajo su gente y necesita que se note. La imagen de Perón y Evita, cuando aparece, lo hace como ilustración secundaria en el cartel de un referente local. La convocatoria del PJ circuló con el hashtag #Jaldo2027, y el discurso cerró el círculo: «el único candidato en Tucumán del peronismo se llama Osvaldo Francisco Jaldo». La lealtad, en esa gramática, es a la gestión y a quien la encabeza.
Villa Luján: un ring para el Dr. Juan Manzur eligió un templo del boxeo y entró con la música de Rocky. Gorras con la leyenda «Juan Manzur gobernador 2027», banderas de «Que vuelva Juan» y «Manzur-Yedlin 2027», y un pasacalle sin rodeos: «En 2027 volvemos con el Dr». En pantalla, el senador recorriendo barrios. El momento más revelador fue un video con un Perón recreado por inteligencia artificial que hablaba de traidores y compañeros, y que cerraba con la frase «Juan es lealtad». Perón, literalmente, como telonero del candidato. El discurso fue un cruce personal: Jaldo «se fue con Milei», «no te tengo miedo», la respuesta al «pollerudo».

Lo que no se vio. En la cobertura de ambos actos no aparece una reivindicación sostenida de la gesta: ni el 45, ni los trabajadores que la hicieron, ni la doctrina como programa. Hubo menciones Manzur dijo que la lealtad es con la doctrina; Acevedo y Chahla nombraron la escuela y la salud públicas—, pero la arquitectura de los dos escenarios estuvo al servicio de una sola pregunta: quién conduce el peronismo tucumano en 2027. Los mismos símbolos, usados para disputar la misma silla.
La pregunta incómoda. En 2024 el propio Jaldo recordó desde un escenario la regla que todo peronista conoce: primero la Patria, después el Movimiento y por último los hombres. Este 17, la escenografía de ambos sectores dijo exactamente lo contrario. Si los apellidos tapan a Perón en las tribunas y un Perón sintético termina diciendo «Juan», ¿qué aprende el militante de veinte años que fue con su gorra? Que el movimiento es una escalera y que la lealtad se mide en colectivos llenos. Las Veinte Verdades, la Comunidad Organizada, la justicia social como programa de gobierno no se enseñan en ninguno de esos escenarios. Lo que se enseña es a quién hay que aplaudir.
Lo que se dirá. Se dirá que la política es así, que los actos siempre fueron demostración de fuerza y que el peronismo nació alrededor de un liderazgo. Los jaldistas dirán que «Tucumán primero» es la traducción provincial de la Patria primero; los manzuristas, que enfrentar a Milei es la verdadera lealtad doctrinaria. Hay algo de razón en ambos. Pero el liderazgo de Perón se legitimaba en derechos conquistados para otros. Cuando un liderazgo sólo se legitima en sí mismo, la liturgia queda vacía.
Ochenta y un años después, la pregunta no es quién llenó más. Es quién se acordó de para qué se llenaba la plaza.
Por Hernán Gordillo · Director de Datacivis
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