Aunque las protestas obligaron al oficialismo a retirar el capítulo sobre la extranjerización de la tierra y los cambios a la Ley de Manejo del Fuego, la iniciativa mantuvo dos reformas centrales.
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Modificación del régimen de expropiaciones: Exige mayores condiciones y requisitos formales para declarar la utilidad pública de un inmueble antes de proceder a su expropiación.
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Agilización de desalojos («desalojos exprés»): Se establece que las acciones de desalojo en terrenos urbanos y rurales se tramiten mediante juicios sumarísimos. Esto reduce los plazos procesales, elimina excepciones previas, prohíbe alegatos defensivos y restringe las posibilidades de apelación.
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Ampliación de la legitimación activa: Habilita a cualquier persona que invoque un derecho o interés legítimo a iniciar una demanda de desalojo, lo que incrementa el riesgo de persecución judicial en zonas con irregularidad o vacíos en los títulos de propiedad.
Impacto en las comunidades indígenas
El análisis advierte que estas reformas legales afectan directamente la seguridad jurídica de las comunidades originarias y se articulan con otras medidas del modelo económico extractivo (como el RIGI):
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Vulnerabilidad procesal: Las comunidades quedan expuestas a litigios acelerados con herramientas de defensa reducidas frente a reclamos territoriales de terceros.
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Derogación de la Ley 26.160: La eliminación de la norma de emergencia deja sin contención el proceso de titulación comunitaria.
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Valor de las carpetas técnicas: A pesar de los intentos de anulación o revisión por parte del INAI, las carpetas técnicas resultantes del relevamiento catastral previo constituyen actos administrativos del Estado con validez jurídica plena, por lo que deben ser utilizadas como instrumentos para exigir la titulación definitiva de las tierras.
INDÍGENAS ARGENTINOS: CHOQUE DE DERECHOS

Lo que está pasando con esto del desalojo de las Comunidades Indígenas es el choque entre los Pueblos Preexistentes a la Argentina (las Naciones que estaban antes de que exista Argentina) y la existencia de la Argentina misma. Hay una superposición entre el territorio indígena y el territorio argentino.
Se trata de un choque de derechos practicamente irreconciliables. Reconocer a uno, implica desconocer al otro. Por eso todo es tan complicado. Los jueces no responden a una jurisprudencia indígena, son jueces del Estado Argentino. Y aunque en una «propiedad privada» con papeles y todo, haya dentro una comunidad indígena viviendo hace siglos, esos jueces van a elegir privilegiar a esa propiedad privada. Es que elegir la Comunidad Indígena implicaría desconocerse ellos en su condición de jueces de un Estado No Indígena.
Para poder llevar con cierta fuerza este despojo a los Pueblos Indígenas, el Estado Argentino debió convencer primero, a través de los manuales escolares de primera mitad del Siglo 20, de los historiadores, antropólogos y medios de comunicación, que esos pueblos indígenas eran enemigos de la Argentina, que algunos se habían extinguido y que de otros apenas quedaban trazas en la Puna, la Selva y la Patagonia. No había propiedad indígena que reconocer si no había indígenas. La Argentina era un Pueblo Blanco, Europeo y Victorioso.
Pero la realidad era y lo vino a demostrar el ADN, que además de los Pueblos Indígenas que seguían existiendo, la inmesa mayoría de los argentinos eran descendientes de indígenas por algún lado de su árbol genealógico. La historia del bisabuelo italiano y las pastas de los domingos, ocultó astutamente que ese bisabuelo había venido, en la mayoría de los casos, sin mujer, y que había encontrado mujer en tierras americanas. De esa mujer criolla y su historia casi nadie hablaba. Mi abuelo -hijo de italiano- que no hablaba mucho, un día me dijo como al pasar «mi mamá era medio india». Y tenía razón. Por las venas de esa bisabuela corría sangre Guaraní, Tonocoté, Qom, Aconcagua y Afromendocina.
Nos quisieron hacer creer que eramos europeos, pero siempre habíamos estado aquí. Nunca nos habiamos ido. No importa si sos rubia, tenés los ojos azules y la piel color de te. Nunca nos fuimos. Nos quisieron hacer creer que éramos alienígenas y resulta que éramos terrestres.
La Argentina fue malfundada y malparida, se construyó sobre la sangre derramada de los Pueblos Originarios; y los males que tiene esta sociedad son herencia directa del Sistema de Cosas que trajeron los europeos, donde todo era una mercancía y el fin de la vida era acumular toda la riqueza posible aún a expensas de la vida de otros.
¿Qué podemos hacer? Nos guste o no, la Argentina existe y los Pueblos Originarios también. La solución tal vez, pase, porque todos los Argentinos empecemos a reconocernos Originarios, por Refundar este País, no con los valores de la Conquista sino con los de la Indianidad: Cuidar al Otro, Defender la Vida, Compartir la Tierra y Agradecer la Existencia.
Los Argentinos que no pertenecemos a los Pueblos Indígenas, podemos elegir Fundar una Nueva Argentina, Nuevas Identidades Provinciales, diferentes de estas que no han funcionado para las grandes mayorías pero si para una pequeña minoría que lo posee casi todo, pero que le falta algo que Nosotros tenemos. Porque Nosotros tenemos El Amor a esta Tierra y a sus Pueblos, y el deseo de que la Tierra Argentina pueda ser ocupada y disfrutada por indígenas, campesinos y pequeños productores que no envenenen los Campos de la Patria.
La Gran Propiedad Rural Argentina es el resultado de Jugadores que hicieron Trampa y se quedaron con casi todo. NO reconozcamos la legalidad de esa Trampa. Hay que empezar a Jugar Limpio. Barajar y dar de nuevo. Argentina para Todos los Argentinos.
Este es el Tiempo de las Nuevas Tribus, de reconocernos como Pueblos Nuevos de raíz indígena, para caminar juntos a las Naciones Originarias de este País, un Nuevo Camino, el de la Justicia para los Pueblos.
Porque una Argentina más Amable y Compartida es Posible. (Texto: Flavio Dalostto)