EE.UU. lanza nuevas amenazas contra Cuba: crónica de un doloroso déjà vu
Por Héctor Bernardo*- Trump declaró a Cuba una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional de los Estados Unidos. El secretario de Estado, Marco Rubio, afirmó que “la energía es el punto de estrangulamiento para acabar” con el gobierno cubano y aseguró que impedirán que llegue petróleo a la isla. Todo ello representa el regreso de políticas reaccionarias que han fracasado históricamente en su búsqueda de forzar un “cambio de régimen”.

“Hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes”, así definía Albert Einstein el concepto de “locura”. Parece poco racional pedirle cordura a la actual administración norteamericana.
Una vez más, un gobierno de los Estados Unidos ha decidido asfixiar la ya debilitada economía de Cuba, lanzar amenazas y tratar de provocar caos interno para generar el tan ansiado “cambio de régimen”.
“La historia se repite como tragedia y luego como farsa”, afirmaba Karl Marx. Hoy es difícil definir si esta es la etapa de la tragedia o de la farsa. Mientras los buitres de Miami se frotan la manos y como en una letanía repiten “¡Ahora sí!”, Cuba se sumerge nuevamente en un bucle temporal, en un doloroso déjà vu que, como en la película “El día de la marmota”, parece destinado a nunca acabar.
Seis décadas de bloqueo
En pocos días se cumplirán 64 años desde que, el 3 de febrero de 1962, el presidente norteamericano John Fitzgerald Kennedy (Partido Demócrata) firmó la Orden Ejecutiva 3447 con la que comenzó formalmente el bloqueo comercial, económico y financiero contra Cuba. Aunque ya el 19 de octubre de 1960 el entonces presidente Dwight David Eisenhower (Partido Republicano) había comenzado con las medidas coercitivas y la restricción en el intercambio comercial con la isla con la intención de desestabilizar la economía del país caribeño.
En 1996 el senador Jesse Helms y el representante Dan Burton, lograron que el Congreso norteamericano profundizara el bloqueo con la ya conocida Ley Helms-Burton con la que se atacó la inversión extranjera en la isla. Además el bloqueo se convirtió en Ley federal lo que impide que un presidente lo pueda abolir sin autorización del Congreso.
Ya durante su primer gobierno, 2017-2021, Donald Trump impuso 243 sanciones para profundizar el bloqueo contra el pueblo de la isla y, en enero de 2021, incluyó a Cuba en la “Lista de Estados patrocinadores del terrorismo” que emite el Departamento de Estado lo que aumenta las restricciones financieras, bancarias y el acceso al crédito internacional como así también limita el comercio exterior. En su última semana de gobierno, el presidente Joe Biden quitó a Cuba de esa lista pero, inmediatamente que asumió su segundo mandato Tump volvió a colocarla allí.
Todo ello a pesar de que durante 32 años consecutivos la Asamblea de General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) votó por aplastante mayoría la Resolución presentada por el gobierno de la República de Cuba que exige el fin del bloqueo contra la isla. Decisión democrática de Naciones Unidas que los sucesivos gobiernos de Estados Unidos (tanto demócratas como republicanos) se han negado a cumplir.
Resistir se ha vuelto costumbre
Durante 64 años Cuba no solo ha resistido el bloqueo ilegal e ilegítimo impuesto por Estados Unidos, también debió sobreponerse a todo tipo de atentados y campañas de desprestigio y desinformación.
En abril de 1961, grupos de mercenarios de la Brigada 2506 financiados y entrenados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) intentaron invadir Cuba y fueron derrotados por las fuerzas del gobierno revolucionario.
En octubre de 1976, se produjo el atentado contra un avión de la empresa Cubana de Aviación que partió de Barbados. Tras la explosión de una bomba murieron sus 73 pasajeros. El atentado se lo atribuyeron los grupos extremistas de Miami y habría sido ejecutado por Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, dos reconocidos terroristas cubano-americanos entrenados por la CIA.
Tras el derrumbe del bloque socialista liderado por la Unión Soviética, principal aliado económico del gobierno revolucionario, la economía cubana se derrumbó y la isla entró en lo que se conoce como “El período especial”. Los sectores de la ultraderecha creyeron que el fin del proceso cubano estaba cerca y que, para producir el colapso definitivo, había que atacar una de las pocas fuentes de ingreso que aún quedaban: el turismo. Los grupos de la mafia radicada en Miami realizaron atentados en hoteles con diversos tipos de ataques, entre ellos la colocación de bombas que provocaron heridos, muertos y daños materiales.
A todo ello hay que sumarle los más de 600 intentos de asesinatos contra el líder de la Revolución Fidel Castro Ruz. Todo esto es solo una parte de una larga historia de agresión y fracasos de intento de cambio de régimen.

No aprendieron nada
Envalentonados tras que el pasado 3 de enero invadieran Venezuela, el bombardeo a Caracas, asesinaran a más de 100 personas (entre ellos 32 cubanos de la guardia presidencial) y secuestraran al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, la diputada Cilia Flores, los líderes de la extrema derecha norteamericana comenzaron a decir exaltados: “¡Ahora es el turno de Cuba!”.
El 11 de enero de 2026 en su propia red social, Truth Social, el presidente Donald Trump escribió: “Durante años, Cuba ha recibido cantidades masivas de petróleo y dinero de Venezuela a cambio de brindar servicios de seguridad a sus líderes. ¡Ese arreglo ha terminado! ¡NO HABRÁ MÁS PETRÓLEO NI DINERO PARA CUBA: CERO! Venezuela está ahora bajo la protección de los Estados Unidos de América y su poderoso ejército. Les sugiero encarecidamente que alcancen un acuerdo, ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE”.
Más recientemente, el pasado martes 27 de enero, en declaraciones a los medios durante un mitin en Des Moines (Iowa) volvió a decir: “Miren lo que está pasando con Cuba. Durante décadas vivieron de la Unión Soviética, y cuando eso terminó, vivieron de Venezuela. Ahora Venezuela es libre, el petróleo ya no va para La Habana, se acabó. Cuba es realmente una nación que está muy cerca del colapso. Cuba caerá muy pronto porque ya no tienen a quién robarle. No necesitamos disparar ni una bala; sin el dinero de Maduro, ese régimen es un castillo de naipes. Les dije que hicieran un trato, pero son lentos. Ahora el tiempo se les terminó”.
El pasado 28 de enero, el representante más cabal de los sectores reaccionarios de lobby cubano-americano de Miami (y también de parte de lobby sionista), el actual secretario de Estado, Marco Rubio, debió comparecer ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado. Allí, Rubio aseguró: “la política de este gobierno no es invadir Cuba. Lo que estamos haciendo es dejar de subsidiar su tiranía. El cambio en Cuba lo tienen que hacer los cubanos, pero nosotros vamos a asegurar que no tengan un solo dólar ni un solo barril de petróleo para seguir oprimiendo a su gente. Eso no significa que nosotros vayamos a hacer el cambio por la fuerza; significa que vamos a crear las condiciones para que el régimen no tenga otra opción que negociar su salida”.
Según publicó la cadena CNN en español, ante la pregunta de si se buscaba forzar un cambio de régimen en Cuba, Rubio respondió: “¿Cambio de régimen? Oh, no. Creo que nos encantaría ver que el régimen allí cambie. Pero eso no significa que nosotros vayamos a hacer el cambio por la fuerza; significa que vamos a crear las condiciones para que el régimen no tenga otra opción que negociar su salida”.
Trump y Rubio son acompañados en sus diatribas contra Cuba por el coro de lo más reaccionario del Partido Republicano: Ted Cruz (senador por Texas), Carlos Giménez y Mario Díaz-Balart (Representantes por Florida), Rick Scott (Senador por Florida), María Elvira Salazar (Representante por Florida) y Lindsey Graham (Senador por Carolina del Sur). Como así también por algunos miembros del Partido Demócrata entre los que se destaca el senador por Nueva Jersey Bob Menendez.
Bloqueo petrolero
El 22 de enero, los medios informaron que el portaaviones norteamericano USS George H.W. Bush se había instalado frente a las costas de Cuba, a solo 96 kilómetros. Algunas versiones comenzaron a hablar de la posibilidad de realizar un bloqueo total al ingreso de petróleo a la isla.
“La energía es el punto de estrangulamiento para acabar con el régimen”, aseguró el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en su comparecencia en el ante Congreso de su país el 28 de enero, según informó el portal de noticias Político (Político.com).
Ese mismo día la presidenta de México, Claudia Sheinbaum confirmó que la empresa Pemex había suspendido el envío de petróleo a Cuba.
“México es un país soberano y Pemex toma sus propias decisiones a partir de la relación contractual que tiene con Cuba o de las decisiones que se tomen desde el Gobierno de México por razones humanitarias. (…) México siempre ha sido solidario y México va a seguir siendo solidario, entonces la decisión de cuándo se envía y cómo se envía es una decisión soberana y está en términos de lo que defina Pemex en función de los contratos”, sostuvo Sheinbaum.
Lo cierto es que, antes del 3 de enero, Cuba ya recibía menos del combustible que necesitaba el normal funcionamiento de su estructura económica-social, por lo que la falta de combustible que lleva de Venezuela y de México, pone a la isla en una situación crítica.

El repetido cuento de la “seguridad nacional”
El 29 de enero la Casa Blanca emitió un comunicado titulado “Enfrentando al régimen Cubano”, en el texto se señala que “el presidente Donald J. Trump firmó una Orden Ejecutiva declarando una emergencia nacional y estableciendo un proceso para imponer aranceles a los bienes de los países que venden o de otra manera suministran petróleo a Cuba, protegiendo la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos de las acciones y políticas malignas del régimen cubano”.
“La Orden impone un nuevo sistema arancelario que permite a Estados Unidos imponer aranceles adicionales a las importaciones de cualquier país que proporcione directa o indirectamente petróleo a Cuba (…)”, agrega.
El texto remarca que “el Presidente podrá modificar la Orden si Cuba o los países afectados toman medidas significativas para abordar la amenaza o alinearse con los objetivos de seguridad nacional y política exterior de Estados Unidos, (…) El Presidente está abordando las depredaciones del régimen comunista cubano tomando medidas decisivas para responsabilizar al régimen cubano por su apoyo a actores hostiles, el terrorismo y la inestabilidad regional que ponen en peligro la seguridad y la política exterior de Estados Unidos”.
“El régimen cubano se alinea con numerosos países hostiles y actores malignos, albergando sus capacidades militares y de inteligencia. Por ejemplo, Cuba alberga la mayor instalación de inteligencia de señales de Rusia en el extranjero, dedicada al robo de información sensible de seguridad nacional de Estados Unidos”, asegura.
Sin mostrar ninguna prueba, la declaración argumenta: “Cuba proporciona refugio seguro a grupos terroristas transnacionales, como Hezbolá y Hamás, y apoya a adversarios en el hemisferio occidental, socavando las sanciones estadounidenses y la estabilidad regional (…)”.
Al igual que la Orden Ejecutiva emitida contra Venezuela por Barack Obama (Partido Demócrata) y que fue la base para las arbitrarias e ilegales sanciones que luego Trump le impondría al gobierno venezolano, se señala que “estas acciones constituyen una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos, que requiere una respuesta inmediata para proteger a los ciudadanos e intereses estadounidenses (…)”.
Un “brutal acto de agresión”
En respuesta a la Orden Ejecutiva emitida el jueves 29 de enero por el presidente norteamericano Donald Trump, el canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, publico en la red social X: “Condenamos en los términos más firmes la nueva escalada de EE.UU. contra Cuba”
“Para justificarlo, se apoya en una larga lista de mentiras que pretenden presentar a Cuba como una amenaza que no es”, sostiene.
El diplomático cubano aseguró: “cada día hay nuevas evidencias de que la única amenaza a la paz, la seguridad y la estabilidad de la región, y la única influencia maligna es la que ejerce el Gobierno de EE.UU. contra las naciones y los pueblos de nuestra América, a los que intenta someter a su dictado, despojar de sus recursos, mutilar su soberanía y privar de su independencia”.
“EE.UU. recurre también al chantaje y la coerción, para tratar de que otros países se sumen a su universalmente condenada política de bloqueo contra Cuba, a los que, de negarse, amenaza con la imposición de arbitrarios y abusivos aranceles, en violación de todas las normas del libre comercio”, afirmó.
Por último remarcó: “denunciamos ante el mundo este brutal acto de agresión contra Cuba y su pueblo, al que durante más de 65 años se ha sometido al más prolongado y cruel bloqueo económico jamás aplicado contra toda una nación y al que ahora se promete someter a condiciones de vida extremas”.

La difícil vida cotidiana
En Cuba la mayor parte de la energía se produce en base al petróleo. Las restricciones impuestas para adquirirlo generan que la capacidad de producir energía se haya reducido enormemente lo que ha provocado cortes de energía eléctrica en casi todo el país de entre 12 y 20 horas.
La falta de combustible ha hecho que el transporte público también se vea afectado y reducido. Lo mismo pasa con la recolección de residuos que, si antes se hacía todos los días, ahora se hace una vez por semana, lo que produce la acumulación de basura con la consiguiente propagación de mosquitos y enfermedades que estos transmiten como el dengue y la chikungunya.
La profundización del bloqueo ha reducido la capacidad del país de generar sus propios medicamentos y ha provocado que escaseen productos básicos desde alimentos a elementos de higiene.
A confesión de parte…
En 1991, un documento desclasificado del gobierno de los Estados Unidos, conocido como el Memorándum de Lester Mallory, y que se remonta a los comienzos de la agresión económica norteamericano contra el gobierno revolucionario de Cuba, confesaba que las medidas que componía el bloqueo buscan “producir hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.
En 1992 la Ley Torricelli de 1992, implantó la prohibición del comercio de subsidiarias de empresas estadounidenses en terceros países pudieran comercial con Cuba, lo que atacó directamente el suministro de alimentos y medicinas.
El propio autor de la ley, el congresista Robert Torricelli (Partido Demócrata), declaró con cinismo que el objetivo del bloqueo era “provocar el colapso del régimen”.
Una cuestión soberana
Históricamente el gobierno cubano ha planteado un fuerte rechazo a las políticas injerencistas de Washington, a sus amenazas y a cualquier intento de tutelaje o anexión. Cuba ha intentado propiciar el diálogo, ha exigido el respeto a su soberanía y a las normas de derecho internacional.
Tras las nuevas amenazas de la Casa Blanca y la presencia del portaaviones norteamericano a pocos kilómetros de sus costas el gobierno del presidente Miguel Díaz-Canel rechazando cualquier intento de negociación bajo coerción.
Tras la agresión a Venezuela y las reiteradas amenazas contra la isla, el gobierno cubano declaró “Estado de guerra” y realizó ejercicios militares de artillería, defensa aérea y preparación para distinto tipos de ataques.
La noche del 27 al 28 de enero pasado, el presidente Díaz-Canel encabezó la marcha de las antorchas en conmemoración al natalicio del prócer José Martí (28 de enero de 1853).
La multitudinaria marcha, que se vio como una muestra de unidad del pueblo cubano ante las amenazas imperialistas de Estados Unidos, con gran participación de jóvenes, partió de las escalinatas de la Universidad y recorrió las calles de La Habana con consignas en defensa de la soberanía y la independencia de Cuba.

Historia de una obsesión
Desde el surgimiento de los Estados Unidos, la ambición de tomar control de territorio cubano no se ha detenido. Ya “los padres fundadores” aseguraban que la isla debía ser parte del territorio de las nacientes Trece colonias. Durante el siglo XIX los distintos presidentes norteamericanos intentaron comprar al reino de España ese territorio.
A principios de ese siglo, en 1823, en el contexto del surgimiento de la Doctrina Monroe, el entonces secretario de Estado, John Quincy Adams, (luego presidente 1825-1829) formularía la “Teoría de la fruta madura”, que aseguraba que una vez que Cuba se separará de España (como una fruta que se desprende de un árbol) la atracción hacia Estados Unidos funcionaria como la atracción de que la gravedad y sería inevitable que se incorporase a la Unión Norteamericana.
Durante el siglo XX, tras intervenir en el final de la guerra de independencia (1898), buscaron convertirla por la fuerza en un protectorado. La obsesión no ha cesado. El proyecto necolonialista del actual inquilino de la Casa Blanca busca consolidar el corolario Trump a la doctrina Monroe (ahora denominada por algunos expertos como la doctrina Donroe), tiene en su mira a Cuba y los sectores ultrareaccionarios de Miami presionan para que se dé un paso definitivo.
Cuba resistió y resiste. La amenaza continúa y repite casi las mismas ideas. El déjà vu no termina.
Héctor Bernardo* – Periodista, escritor y profesor de Introducción al Pensamiento Social y Político Contemporáneo – Facultad de Periodismo y Comunicación Social – UNLP. Miembro del equipo de PIA Global.
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