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Separadas por la cuarentena: la conmovedora historia de una perrita y su dueña

Abril y su perra se encontraban en Bolivia al momento que se decretó el aislamiento social preventivo y obligatorio. Forzada a volver a su hogar, se separó de su compañera de vida, que ahora se encuentra en el norte a la espera de un “rescate solidario”.

Corría el mes de marzo. El avance del coronavirus en América Latina era incipiente, pero los países no habían tomado grandes medidas al respecto. En ese momento, Abril Echeverría paseaba por Bolivia junto a su perra. “Es mi compañera de absolutamente todo”, reveló la joven. En medio de la travesía por tierras extranjeras, se tomó una decisión que cambio la vida de todos: la cuarentena.

“Ya no podía trabajar porque no se podía salir a la calle, no tenía plata para pagar hostel ni comida y al acercarnos al consulado nos ofrecieron repatriarnos… Dijimos que sí”, relató. Tras aceptar la propuesta, y cruzar la frontera de bermejo a aguas blancas por salta, ambas se encontraron con una barrera imposible de sortear. “El micro que nos recogía del lado argentino no me dejo subirla”, indicó. Es en ese momento cuando surge la imperiosa necesidad de decidir: abandonar a la perra o adentrarse en la incomodidad de la incertidumbre: “Llore como nunca había llorado en mi vida, me estaban pidiendo que la abandone y que yo siga viaje a mi casa”.

Por suerte para su compañera, Abril no dudo. “Nunca lo haría. Decidí quedarme en la frontera con ella y con mi compañera”, expresó mientras veía como el micro partía con dos asientos vacíos. Así las cosas, se encontraban en la absoluta soledad de las fronteras. A pesar de los desesperados pedidos a cada vehículo que pasaba por la ruta, nadie se detenía para darles una mano. “La mayoría eran policías y nos decían que no iban a llevar a nadie porque estaban trabajando”, relató la joven. Tras un tiempo de “libre albedrío”, los efectivos de seguridad informaron que darían aviso a la fiscalía y luego las detendrían por incumplir la cuarentena.

“El pueblo más cercano estaba a 10 km y estaba blindado, el siguiente a 54, exactamente igual”. La situación se tornaba desesperante. Algunos efectivos -los más desalmados- le aseguraban a Abril que había tomado una “mala decisión” cuando optó por no subir al micro para quedarse con su compañera. Por suerte, después de horas donde la angustia tomaba protagonismo, la solidaridad se hizo presente.

“Logre llegar al punto más humano de uno de los policías, con quien estaré eternamente agradecida”, señaló. Así las cosas, un efectivo “desacató” el protocolo y ofreció una solución momentánea: “Se comprometió conmigo a llevar a mi perrita a su casa, cuidarla, quererla y alimentarla hasta que todo esto termine y la pueda ir a buscar”. A cambio “me pidió que acceda a que él me lleve hasta el micro”.

Sin alternativas que resuelvan el problema de raíz, Abril aceptó la oferta y emprendió la vuelta hacia su casa en Buenos Aires. Allí, comenzó otra “aventura”, pero que no podrá tenerla a ella como protagonista. “Si alguien se encuentra viniendo desde aguas blancas/oran, provincia de salta, hacia buenos aires zona oeste y tiene un poquito de lugar en su auto, quizás puedan hacerme el enorme favor de traerla con ustedes”, publicó a través de las redes sociales.

“Si esto que pido está dentro de las posibilidades reales de alguien, lo agradecería con el alma entera y un poco más también”, Una historia conmovedora que necesita un cierre solidario.

Cómo comunicarse

Se puede contactar a Abril a través de Facebook.

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