Entre lo oculto y lo manifiesto, los 100 peores días

Ya se hizo costumbre desde hace tiempo, y no sólo en la Argentina, trazar un primer balance a los 100 días de asumido un gobierno. El número es arbitrario; pueden ser 80 días, 100 ó 120. La cuestión es determinar un perfil; analizar las prioridades políticas y económicas; ver qué tipo de relaciones se establecen con los distintos actores sociales; observar cuál es el rumbo fijado, la dirección hacia la que apuntan; qué tipo de cambios implementan y qué cosas mantienen de la administración anterior.
Escribe Claudio Siniscalco, especial para InfoBaires24
Pero 100 días, ¿es poco tiempo o es mucho? Depende para qué y para quién. Es poco tiempo para lograr avances en los aspectos que realmente había que mejorar, más allá de que pueden ser discutibles: unión de todos los argentinos; crecimiento de la economía; pobreza cero; calidad institucional; obras de infraestructura para mejorar la vida cotidiana de los sectores más desprotegidos, etc.
Pero resulta que todos esos cambios, que la mayoría de la sociedad esperaba, precisamente porque eran cambios positivos que significaban vivir mejor, para el macrismo tienen que ver sólo con lo discursivo, con las promesas electorales; en definitiva, con lo que nunca piensa hacer, porque no es su objetivo hacerlo. Es decir, esas promesas tienen que ver con lo manifiesto, con lo que hay que decir pero no hay que hacer.
Por lo tanto, ante cualquier cuestionamiento, responden: “Recibimos una pesada herencia y hace sólo tres meses que estamos en el gobierno”, argumento que sería válido si realmente se propusieran corregir errores para mejorarle la vida a millones de personas.
¿Por cuál de las dos cosas vamos a juzgar la gestión de Macri? ¿Por lo que prometió que iba a hacer y no hace; o por lo que ocultó que haría y está haciendo?
Sin embargo, en mucho menos de 100 días devaluaron; permitieron el aumento desmedido de precios sin tomar medidas compensatorias; transfirieron riqueza sin recibir nada a cambio; despidieron a miles de empleados públicos con métodos policiales; alentaron el aumento del desempleo en el sector privado; reprimieron protestas; atropellaron las formas republicanas; desactivaron áreas vitales del Estado; abrieron las importaciones; nombraron familiares y amigos en la función pública; y ahora preparan un nuevo endeudamiento, entre otras cosas.
Todas estas medidas configuran el plano inverso al anterior: lo que no se dijo en la campaña, lo que se ocultó porque no se podía decir, pero se hace. Y como las medidas ejecutadas ya no pueden ocultarse, porque afectan a millones de personas, entonces se les adjudica el valor opuesto al que realmente tienen.
O sea, se nos dice que el objetivo de estas medidas es alcanzar la pobreza cero, hacer obras para la gente, mejorar la calidad institucional…
¿Por cuál de las dos cosas vamos a juzgar la gestión de Macri? ¿Por lo que prometió que iba a hacer y no hace; o por lo que ocultó que haría y está haciendo?
El gobierno perdió bastante apoyo en estos 100 días, aunque aún conserva una aprobación significativa. Todavía es una incógnita cuánto tiempo será necesario para que la realidad concreta de las acciones se imponga a la realidad virtual del cinismo y las falsas consignas.





