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Alberto, los sótanos de la democracia, la Gestapro y la respuesta de la unidad

Alejandro C. Tarruella

El discurso del Presidente, Alberto Fernández, en la apertura de sesiones del Congreso, mostró cambios sutiles y de singular firmeza en su formulación. Por eso, estuvo preciso en sus términos utilizando con astucia política la etapa que se atraviesa y exige la unidad del pueblo y sus dirigentes políticos, como un requisito inexcusable.

Escribe Alejandro C. Tarruella

Hacia nuevos mejores días

Estableció los parámetros del acuerdo que se propone al Congreso con el Fondo Monetario Internacional, que exigirá pagos hacia 2026 y presencia de “apriete” a negociar con sus funcionarios. Los cuestionamientos de cierto progresismo afín a una unidad no explícita izquierda-derecha (troscos de Bergman y del Caño) y Milei en el parlamento, más el que ilusiona siempre “ser algo más” que el peronismo, y cacarea incluso desde cargos en el Estado que no dejan “ni a palos”, a pesar de sus formulaciones críticas (“renuncio a la lucha pero no a los honores”, parecen clamar) en ámbitos superiores, actúan como revulsivos para establecer presuntas organizaciones políticas e ir por los cargos en la convulsión. La preocupación de muchos dirigentes peronistas, es que cuando se clama a escala progresista, se asiste a un riesgo: el progre-sismo, que suele incentivar la división. Y no admiten hacerle el caldo gordo al macrismo. Es el progresismo anti CGT que se presenta en estos días.

El discurso del Presidente tuvo una particular contundencia al llamar las cosas por su nombre y señalar aciertos, marcas dificultades, las faltas en las necesidades no resueltas y subrayar tanto la problemática de la justicia, el tema de la Gestrapo macrista como punto máximo de la piratería brutal de la oposición, unida en ciertos rumbos con el delito liso y llano, y amparada en zonas del Poder Judicial y la Corte Suprema de Justicia, cuyos miembros no la pasaron bien  -cosa que expresaban sus rostros por momentos demudados- durante la exposición y frente a los aplausos del peronismo.

Movimiento al sur del sur

El momento político de esta parte del mundo, el sur del sur, tiene oportunidades únicas y acechanzas para temer. Cuando se trajinaba un determinado estado de cosas, irrumpió la crisis de Ucrania, amplificada y mentida por los medios de comunicación de la globalización que apunta al norte del continente, que permite el ejercicio delirante de la reacción política del macrismo, expresada en el circo de exhibir los colores que se confundían con los de Boca Juniors, son los de Ucrania, en el recinto y en la retirada que inició Iglesias y no acompañaron ni la Coalición Cívica ni el radicalismo, pasó a ocupar parte de la iniciativa mediática. Sin información, deformando los hechos, los medios de la corriente macrista, y los que lo son a medias pero eluden el periodismo practican el alarmismo y poner en estado de inquietud permanente a la población. La incertidumbre que pregonó un ministro macrista.

“Yo, como titular del Poder Ejecutivo Nacional, hice cuanto estuvo a mi alcance para poner fin a las malas prácticas que se observaban en el sistema judicial -planteó Alberto Fernández con agudeza-. Durante la administración anterior, existieron serias interferencias de los servicios de inteligencia en el funcionamiento de las instituciones de la república, afectando los derechos y garantías de los y las habitantes de nuestra nación. A la luz de lo que hoy sabemos, no habíamos llegado a tener real dimensión del enorme daño que esas intromisiones causaron.

Y continuó: “Cuando asumí la Presidencia me comprometí a terminar con los sótanos de la democracia prometiendo que NUNCA MÁS esas prácticas oscuras pondrían en riesgo la institucionalidad. Tengo la tranquilidad de haber cumplido con la palabra que empeñé. Me ocupé de que no existan causas armadas entre los servicios de inteligencia, las autoridades de los poderes públicos y miembros que deshonran la administración de justicia. Garanticé que no existan nuevos encarcelamientos sin sustento jurídico. Puse fin a las escuchas o seguimientos ilegales a dirigentes opositores, a sus familiares o a sus representantes jurídicos”.

Y anunció además, que en estos días enviara un proyecto de Ley de inteligencia que ponga las cosas en su lugar. Para ello, pidió la colaboración del Congreso, lo cual pone en duda la búsqueda. Es difícil que los piratas accedan a pagar sus deudas. Ahí es donde, el gobierno precisa de la unidad que significa debatir, contar con corrientes internas incluso para dar matices a la política, pero no encarar la oposición desde adentro para reafirmar el tono de construcción política del puerto de Buenos Aires, basado en el mercantilaje de cargos y privilegios por sobre los intereses del pueblo. Lo contrario a ese quehacer de colonia, es la unidad. En el sustrato del discurso del Presidente Fernández, que habló junto a su vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, y el titular de Diputados, Sergio Massa, estaba ese espíritu.

Deben ser los piratas, deben ser

Qué el macrismo, con Vidal una de los jefes de la Gestrapo, se haya retirado del recinto, no hace sino profundizar el rumbo de los que exigen que el peronismo y el Frente de Todos se divida cosa que enfrentó con rigor el discurso del 1° de marzo en el Congreso. Ellos representan a la globalización pirata que si bien retrocede, lo hace con una cuota de poder enorme y hoy tiene, en el FMI, una representación ante la que deben vérselas el gobierno y el pueblo argentino. Ellos pretenden atravesar fronteras, desconocer controles de los gobiernos y hacer de los bienes públicos un botín para descabezar estados y acabar con los derechos de los pueblos.

El narco y la inseguridad, son eslabones en la cadena de construcción de los miserables. Romper la unidad política que los enfrenta, es un capítulo central al que los grandes centros del poder asignan una enorme importancia. Los desmanejos de inteligencia, el uso de los recursos del estado para su ejercicio sin trabas, y el enriquecimiento ilícito de los gobernantes en el gobierno anterior, debe ser desmantelado y para ellos es clave el papel de la justicia. La unidad, el federalismo, la reconstrucción económica, cultural, sanitaria, educacional, científica entre otras, es el camino a construir. El país no es solamente Buenos Aires y su entramado de intereses corporativos que acecha a la política, hay que pensar y hacer en grande. Es posible que las palabras de Alberto Fernández sean un buen punto de partida. No es necesario coincidir en todo, la unidad precisa diferencias en matices, no en exigencias corporativas disfrazadas de política. Los riesgos son grandes y la decisión de un pueblo puede superarlos. En estos términos está el desafío.

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