“De todos mis oficios terrestres, el violento oficio de escritor era el que más me convenía”


Por Maximiliano Borches

El 9 de enero de 1927, nacía en Choele-Choel, o en Lamarqué -según distintas versiones biográficas-, provincia de Río Negro, el periodista, escritor y militante popular Rodolfo Walsh, quien a la edad de 50 años, en 1977, pasó a integrar la vasta lista de detenidos-desaparecidos de la última dictadura cívico-militar-eclesiástica. Dueño de una pluma desbordante de talento y de una capacidad innata para investigar, comprender y dar testimonio del tiempo que le tocó vivir, legó para la posteridad una de las obras más ricas de la literatura nacional y cuatro hitos fundacionales del periodismo contemporáneo: el género de “No Ficción” o “Relato Testimonial”, a partir de la publicación de “Operación Masacre”, y sus vitales aportes para la fundación de la Agencia Prensa Latina, en La Habana, el periódico de la CGT de los Argentinos y la Agencia de Noticias Clandestinas (ANCLA).

Antes de gestar su propia obra literaria, Rodoldo Walsh introdujo a uno de los escritores estadounidenses más exquisitos de la Guerra Civil que vivió ese país: Ambrose Bierce, y misteriosamente, quizás hasta sin quererlo, siguió sus pasos hasta el final de su vida, con las características que imponen vivir y desarrollarse comprometidamente en este rincón del planeta.

Gran parte de su vida, Walsh vaciló entre dedicarse de lleno a la literatura, al periodismo o a su compromiso político, primero en la Alianza Libertadora Nacionalista y años más tarde de lleno en el peronismo, para finalizar en una de sus variantes de izquierda: Montoneros, pero en la práctica realizó todas a la vez dejando imborrables huellas en cada una de ellas.

A diferencia de Ambrose Bierce, y retorno a este autor por la influencia que tuvo en Rodolfo Walsh, éste, una vez consagrado como un gran escritor, en 1913 decidió dejar a su familia, fama y fortuna e irse a pelear a la Revolución Mexicana bajo las órdenes de Pancho Villa. Nunca fue hallado su cuerpo.

Rodolfo Walsh, quien comenzó su militancia política en la derecha nacionalista antiperonista, fue uno de los que festejó la denominada “Revolución Libertadora”, aquel fatídico golpe de Estado contra la presidencia de Juan Perón en 1955, que meses antes tuvo su correlato con el criminal bombardeo sobre la Plaza de Mayo, donde la aviación naval asesinó a más de 400 civiles, entre ellos unos 30 niños de escuela primaria. Su hermano, el capitán de fragata, Carlos Washington Walsh fue un entusiasta golpista en aquella jornada.

Operación Masacre y la creación accidental del género de “Relato Testimonial” (o “Non Fiction”)

Mientras un joven Rodolfo Walsh, desarrollaba otra de sus pasiones, el ajedrez, en una límpida noche de verano de fines de 1956 en un bar de La Plata, un extraño se le acercó y le dijo al oído: “Hay un fusilado que vive”. Se trataba de Juan Carlos Livraga, uno de los peronistas que el gobierno de Rojas y Aramburu mandó a fusilar en el basural de José Leórn Suárez, el 16 de junio de 1956, y que sorprendentemente estaba vivo luego de recibir dos disparos en el rostro y hacerse el muerto ante la requisa policial.

Ese hecho cambió para siempre no sólo la óptica del propio Walsh hacia Perón y el peronismo (a quien conocerá una década más tarde en Puerta de Hierro), sino que dio paso a un nuevo género literario-periodístico: el “Relato Testimonial”, como se lo conoce en castellano, o el “Non Fiction” como se lo bautizó en inglés. Incluso, este género que para la academia fue creado por el escritor estadounidense Truman Capote, al publicar “A sangre fría” en 1966, Walsh lo había hecho una década antes con “Operación Masacre”.

“Operación Masacre cambió mi vida”, escribió Walsh en un texto autobiográfico de mediados de los ´60.

Luego, vendrán sus años de criptógrafo en Cuba, donde pudo desentrañar el plan estadounidense de invadir Bahía de los Cochinos; la creación de la Agencia Prensa Latina, con otros dos argentinos: Ricardo Masetti y Rogelio “Pajarito” García Lupo, su regreso a Buenos Aires, sus breves pasos por las revistas Leoplan, Panorama, Vea y Lea, entre otras, hasta desembocar en otra de sus creaciones: el periódico de la CGT de Los Argentinos.

Más tarde, se involucra más activamente en la militancia política dentro de las organizaciones armadas peronistas, desde donde recalará en Montoneros ante cuya dirección también presenta sus críticas a fines de 1976 por el “exceso de militarismo” de esa organización. Viaja a El Líbano, donde escribió algunas crónicas memorables, y mientras se debatía en escribir la novela que nunca escribió, y luego de la caída en combate -ya en dictadura- de su hija Vicky, a quien le dedica “La Carta a mis amigos”, dirigía la Agencia de Noticias Clandestinas (ANCLA), y tras escribir “La Carta Abierta de Rodolfo Walsh a la Justa Militar”, en la que denuncia las consecuencias económico-sociales y políticas durante el primer año del gobierno militar, y que firma con su propio nombre, “saliendo” formalmente de la clandestinidad, cae combatiendo contra una patota de la ESMA, en la que se encontraba el genocida Alfredo Astiz,en la esquina de Sarandí y San Juan.

Su cuerpo, como el de Ambrose Bierce, nunca fue encontrado.

Rodolfo Walsh (al centro) junto a Rogelio”Pajarito” García Lupo (a la izquierda) y Ricardo Masetti (a la derecha)

 

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