Stolbizer pide en “El País” de Madrid, que Cristina vaya a prisión

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Una obsesión que gana espacio en el exterior. Escribe Alejandro C. Tarruella

Alejandro C. Tarruella

Prohibir, prohibir

   “Margarita Stolbizer: No es malo que Cristina acabe en la cárcel, lo malo es que nos robaran”, es el título del corresponsal en Buenos Aires de “El País” de Madrid, Carlos E. Cué, que publicó el diario esta semana. Hace meses que la diputada radical massista, cercana a Cambiemos aunque no participa de su espacio, vive repitiéndolo como una letanía religiosa, en una suerte de misión corporativa. Destruir la fuerza política de Cristina Fernández de Kirchner, sumiéndola en un tornado de causas legales que lleven a prohibir su derecho a participar en política. En ese camino, Stolbizer, centroizquierdista en el radicalismo de los noventa, fue girando a la derecha y olvidando sus críticas a Mauricio Macri, acercándose a sus posturas e intimando con Sergio Massa y el Frente Renovador luego de haber caído a poco más de un punto en los votos y la consideración de los electores.

   Stolbizer está jugada ahora a la presión mediática y a acentuar su ojeriza con el fin de obtener el favor de los medios y ganar adhesiones electorales. Monotemática en la política, montada en la campaña que procura acabar con la ex presidenta en prisión. En estos días es perseguida su madre de casi 90 años por asuntos legales, debido a que aparecer como uno de los dirigentes políticos de mayor adhesión con vistas a los comicios de medio término de 2017. Recientemente, Stolbizer publicó un libro “Yo acuso”, remedando al notable escritor francés Emilio Zolá, en el que –difundido por una editorial que aporta a la persecución paranoica de Cristina- judicializa el universo de temas políticos de actualidad.

   “Estoy convencida que la justicia va a llegar porque los delitos existen y las pruebas son muchas y muy evidentes. Prisión solo sería si es condenada por asociación ilícita. En la calle muchos piden que vaya a la cárcel ya. Hay que reducir esa ansiedad. Hay que dejar actuar a la justicia también para recuperar parte de lo que se llevaron”, afirmó a “El País”, angustiada tal vez por la ansiedad de la gente. Stolbizer se monta sobre la demonización iniciada a fines de 2015 por el gobierno entrante de Mauricio Macri, que buscaba encubrir el período de mayor endeudamiento (supera en menos de un año los u$s50 mil millones mientras que la fuga de capitales se estima hoy en los u$31 mil M), bajo una campaña de hostigamiento y persecución política contra Cristina Fernández de Kirchner, que refleja a diario una suerte de cadena nacional privada de medios. Si esta semana diputados, incluso algunos del Frente para la Victoria que promueve el kirchnerismo, aprobaron una ley de inversión que concede la justicia a estados extranjeros en detrimento de la soberanía argentina, bien puede ser disimulada bajo una catarata de denuncias en su mayoría sin sustento jurídico como ocurre con el caso del ex responsable de investigar el atentado a la AMIA, el malogrado fiscal Nisman.

   A la hora de defender a Macri, a quien en el pasado acusó con severidad, Stolbizer dice ahora, “No tengo elementos para pensar que haya habido corrupción en este Gobierno, ya lo habría denunciado.

Pero tampoco entiendo por qué están presentando a parientes en las licitaciones públicas ni por qué hacen una obra como el soterrramiento del tren Sarmiento por decreto, sin pasar por el Congreso. Es lo que le criticábamos a ella”. En la obra del Sarmiento, Macri, luego de anunciar que la infraestructura se haría con inversiones externas, dio por decreto a su primo hermano, Ángelo Calcaterra, $ 45 mil millones para que la haga con una firma que él mismo fundó. En ese caso, Stolbizer no acusa, tan solo dice: “no entiendo”.

Cristina tiene los votos

   El reportaje de Carlos E. Cué para “El País”, abunda en el tema de su posible psicosis: “Yo estoy detrás de que la procesen y la citen cuanto antes. Eso es independiente de las elecciones. Pero me parece que no es bueno para Argentina que una persona que es la responsable comprobada de una cantidad de delitos que devienen en su enriquecimiento pueda ser una alternativa electoral. Por la salud de Argentina no sería bueno que Cristina pueda ser candidata, legisladora o que pueda volver a la presidencia”, reiteró aplicando la línea de la demonización. Y esto es claro, porque afirma que “es la responsable comprobada de una cantidad de delitos” cuando precisamente, no existe confirmación en ninguna de las denuncias o textos de valor relativo (en la presunta denuncia del ex fiscal Nisman sobre un acuerdo con Irán, la justicia ha dicho y reiterado, que el escrito presentado carecía de consistencia jurídica para ser tomado como tal).

  Stolbizer retoma así la línea del golpe de 1955, que además de asesinar a decenas de personas por pertenecer al gobierno constitucional del general Perón, uso a la justicia para perseguir sin pausa a miles de peronistas. A tal punto, que en Chile se conformó una comisión parlamentaria para perseguir a peronistas vinculados al gobierno del general Carlos Ibañez del Campo, afín al general. De ese modo, la diputada obsesiva, se acerca a la trama de “Las brujas de Salem”, en una palpitante manía en la que pone su deseo de perpetuarse en el Congreso de la Nación. No en vano, Lilita Carrio, diputada macrista que compite en espacios comunes, le dijo hace algún tiempo que es “importantísimo que se ocupe ahora de este tema (los ataques a Cristina), sobre todo por que la ayudan mucho Clarín y Bonadío (el juez obsecado en que Cristina vaya a la cárcel )”. Carrió lo expresaba así luego de que se filtrara que Stolbizer acusaba a Cristina presuntamente con información que se entregaba en los despachos de los jueces.

   Ahora, con su incursión en el diario español, Stolbizer no hace sino colocar su angustia personal ante el caso de una mujer reconocida tanto su país como en el exterior, en un plano más amplio en procura de que sus prejuicios le permitan superar aquel poco más de uno por ciento de los votos que la llevaron a martirizar a sus adversarios políticos. Su acción está exenta de sorpresas porque es un camino al que apelan las dictaduras o las corporaciones financieras cuando se hacen del poder en un país. Triste rumbo y pésima elección de una persona que parece haber arrojado su suerte al mercado.

 

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