¡Serás feliz… o sino no serás nada!


Mariana Karaszewski Haciendo oídos sordos a las encuestas que afirman que en el último mes ha bajado su imagen positiva, el presidente de todos los argentinos sigue pregonando el discurso de la felicidad plena. Tal como nos anunció el pasado 25 de Octubre al asumir su mandato, “la revolución de la alegría ya comenzó”.

Es que parece que para el PRO ser feliz es cuestión de voluntad; Si querés, podés. Si lo deseas, sucede. Discurso simplista que evoca a la filosofía de la autoayuda sobre la cual podemos encontrar vastos libros que insisten sobre los
beneficios de tomar este camino. Sin ir más lejos, el propio Mauricio Macri hizo del “Si, se puede” una de las insignias de su campaña electoral y aún hoy comparte este slogan entre los oyentes de sus giras por todo el territorio.

De hecho, la“Meritocracia” no hace más que ilustrar este mundo feliz en cual bastaría con hacer méritos para obtener lo que uno quiere; una ilusoria regla de tres. Es sabido que desde sus inicios el PRO insiste en contagiar de buena onda a sus ¿‘militantes’? y seguidores. Y por supuesto que en sus actos siempre está presente el optimismo, ingrediente infaltable de su receta política.

En esta línea entonces, la felicidad pareciera ser algo que se impone, al estilo de un mandato: “Tenés que ser feliz”. No importa el contexto, no importa lo que le sucede al prójimo… vos tenés que sonreir. Este pensamiento por supuesto va en concordancia con los ideales de la posmodernidad: Sujetos cada vez más individualistas conectados con la tecnología pero desconectados de los otros y de lo que sucede a su alrededor. Una nueva moral que implica grandes riesgos fundados en el egocentrismo, y cierto egoísmo e indiferencia en las relaciones humanas.

Veremos que en este punto, el psicoanálisis hace una lectura completamente distinta, más pesimista si se quiere, que demuestra que a veces con la voluntad no alcanza. Y que la felicidad, lejos de poder ser impuesta desde afuera es algo completamente subjetivo. Vulgarmente, se la define como: “el estado de ánimo de la persona que se siente plenamente satisfecha por gozar de lo que desea o por disfrutar de algo bueno”. Para la psicología, la felicidad es
una condición subjetiva y relativa. Como tal, no existen requisitos objetivos para ser felices: dos personas pueden no sentirse felices ante las mismas situaciones o en las mismas condiciones y circunstancias.

Por su parte, Sigmund Freud considera que la felicidad es algo utópico, ya que de ser posible, no podría depender del mundo real; lugar en el cual los sujetos vivimos expuestos a experiencias negativas y displacenteras, como el fracaso y la frustración. Sostiene en este sentido que a lo máximo que podríamos aspirar es a una ‘felicidad parcial’. En su famoso texto titulado “El malestar de la cultura”, el padre del Psicoanálisis afirma que la felicidad consiste en “buscar el placer y evitar el displacer”. Incluso se atreve a poner en jaque los ideales de la época escribiendo que “no está en los planes de la creación que el hombre sea feliz”. Luego, Jaques Lacan agrega que “nadie sabe qué es ser feliz a menos que la felicidad se defina en la triste versión de ser como todo el mundo”.

Planteado esto entonces cabe preguntarse: ¿De qué habla Mauricio Macri cuando dice que “Saquemos una ley que diga que somos todos felices”? ¿Puede la felicidad disponerse por ley?. ¿Se puede castigar al que no cumple?Veamos…

¿De qué habla Mauricio Macri cuando dice que “Saquemos una ley que diga que somos todos felices”? ¿Puede la felicidad disponerse por ley?. ¿Se puede castigar al que no cumple?

Si analizamos un poco la historia del PRO, encontramos fácilmente postales “alegres y divertidas”: La cumbia en el bunker de campaña, los globitos de colores, el baile en el balcón de la rosada, Balcarce en el sillón presidencial, etcéteras. Y todo esto siempre acompañado de la idea de un éxito constante. M.M siempre se ha esmerado por dar la imagen de un hombre feliz, relajado, sin demasiadas preocupaciones. Un hombre al que en definitiva, la vida siempre le ha sido fácil y no tendría motivos para sentirse mal.

Es de público conocimiento que Mauricio es habitué de los retiros espirituales y los encuentros con una budista ecuatoriana y que adhiere a la filosofía del gurú Ravi Shankar. Y como si todo esto fuera poco, el presidente sumó recientemente a un nuevo integrante al “staff feliz”: Daniel Cerezo, psicólogo social y músico, ex “gerente de la felicidad”. Este fulano fue la estrella de la reunión de gabinete ampliado que Macri organizó en el mes de abril en el CCK. Cerezo, en la misma línea que los libros de autoayuda más populares, instaló la posibilidad de ser feliz independientemente de las condiciones materiales de existencia y de este discurso se apropió hábilmente el partido Cambiemos, a quien sin dudas le conviene que los habitantes no dependamos del contexto para lograr nuestra felicidad interior. O mejor dicho, pretenden que seamos felices a pesar del contexto, el cual se va tornando cada vez más adverso.

Quedan planteadas entonces dos alternativas posibles: vivir en una “felicidad miope” o ser un poquito infelices pero con los ojos bien abiertos. Cada cual decide.

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