No es que quiera negar que neguemos…


No hay ola de despidos; el desempleo está como en diciembre”. El jefe del bloque de diputados del Pro, Massot, dijo que el Gobierno “destinó más fondos a las medidas sociales que a pagar a los holdouts”. (www.lanacion.com.ar)

“El Pro niega que haya despidos y niega la necesidad de una ley que los frene” (www.pagina12.com.ar)

“El Gobierno niega que haya una ola de despidos en el país. Funcionarios insisten en que no se justifica una ley de emergencia laboral, como plantea la oposición. (www.lagaceta.com.ar)

¿Relato PRO? Peña niega que haya despidos y Prat Gay dice que son una sensación. (www.infogremiales.com.ar)

“El PRO niega un acuerdo con Massa para aprobar la ley anti-despidos”  (www.lapoliticaonline.com)

Si bien estos titulares hablan por sí solos, veamos qué se esconde detrás del acto de negar.

Vulgarmente, cuando se dice que alguien niega la realidad, se piensa en una persona que niega los aspectos evidentes de la realidad y actúa como si no existieran, se podría decir que los bloquea de su mente. Todos hemos escuchado alguna vez decir de alguien: “Es un negador”. Incluso muchas veces se relaciona con el acto de no ver: “Está ciego, no ve lo que está pasando delante de sus narices”.  Cualquiera aconsejaría entonces que  si se quiere cambiar lo que no funciona en su vida, tiene que empezar por salir de la negación y que es necesario aceptar y reconocer lo que sucede tanto en el exterior como en su interior.

El psicoanálisis va un poco más allá: considera que la negación propiamente dicha, es un mecanismo de defensa del sujeto, como lo son también la sublimación o la proyección.

Este mecanismo es ‘inmaduro’,  ya que la persona reprime contenidos inconscientes o preconscientes desagradables o dolorosos. No se trata de una decisión consciente de ‘posponer’ las cosas, sino que éstas quedan bloqueadas en el inconsciente y se vive ajena a ellas.

Un contenido de representación o pensamiento reprimido puede irrumpir en la conciencia sólo a condición de que se deje negar. Hablamos de una cancelación de la represión, pero no una aceptación de lo reprimido. Hay una aceptación intelectual, se permite al contenido acceder a la conciencia. Negar algo significa entonces aceptar algo que se preferiría reprimir.

Volvamos ahora a los titulares. Ampliando los títulos, los datos oficiales del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) anunciaron que entre diciembre de 2015 y marzo de este año hubo 141.542 despidos (cifra hasta abril). De ese total de despidos, el 52 por ciento correspondió a trabajadores del ámbito privado y el 48 por ciento restante a empleados del Estado. Siempre según el informe, el sector más afectado fue el de la construcción, seguido de la administración pública y la industria.

Entonces, si el oficialismo está negando una situación que es verídica y comprobable, ¿estamos pues ante un gobierno infantil e inmaduro? ¿Estamos nuevamente, como el caso de los actos fallidos, asistiendo a un ‘sincericidio’ y no nos damos cuenta?.  Lo que se niega no es ni más ni menos que lo que se quiere reprimir, es decir, ocultar.

Y ni hablar de la insistencia en la negación. El gobierno se empecina en resaltar una y otra vez que NO hay tales despidos. Siguiendo esta línea, nos están gritando a viva voz: ¡Hay despidos! Y no de ‘ñoquis’. No podemos desoírlo.

Negar los despidos en Argentina no es sólo un acto de cinismo sino también un acto absurdo, ya que la realidad nos enfrenta con un escenario muy distinto del que quiere ilustrar el actual gobierno. Ni siquiera es necesario consultar una encuesta oficial. Basta hablar con un familiar, un amigo, un compañero o un vecino. Todos conocemos más de un despedido de la ‘era Macri’.

Lo que queda entonces es no ser cómplices de esta ceguera y esta negación sin sentido y visibilizar lo que está ocurriendo, sobre todo para quienes aún no se retiraron la venda de los ojos. ¡No neguemos que nos niegan la realidad! Mejor afirmémoslo, y hagamos algo con ello.

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