No cantes envido que no sos mano


Ganar la calle. Parecía una utopía luego  de la derrota electoral y con la colaboración actitudinal de mucha dirigencia que sigue actuando pour la galerie convocando a eternos debates que constituyen una suerte de onanismo intelectual que les hace crecer el ego descangallado y sin brillo. 

Daniela Bambill

Ganar la calle, pareciera un imposible en reuniones para unos pocos que disfrutan de los discursos emperifollados de palabras que engrosan el éxtasis  de la vanguardia iluminada.

Pero el gobierno más brutal e indolente desde el regreso de la democracia ha perdido la calle definitivamente.

A manos de los nadies, a manos de los trabajadores, a manos de la juventud que no se queda en los laureles del señalamiento divino.

La calle es del Pueblo, de ese pueblo doliente, que padece diariamente, que  sabe de lucha, que estuvo silencioso durante 12 años y  salió solo a festejar. Un Pueblo que el jueves se movilizó por sus MADRES sin convocatoria alguna más que el alerta del peligro sobre las viejas, un pueblo que el 29 de abril dijo “acá estamos, fíjense lo que hacen” aún a costa de la dirigencia vetusta y mezquina de las Centrales Obreras, un Pueblo que marcha hacia su destino y es consciente de sus derechos es imparable.

La calle se llena de ruidos, la calle se llena de Pueblo,  la calle se llena de lucha. El desenlace es conocido, más temprano que tarde  la bestialidad del establishment estará sitiada.

Las crisis generan oportunidades, lo sabemos los argentinos, lo hemos aprendido a sangre y fuego, con hambre y dignidad.

Las crisis ponen en su lugar lo que está acabado y permite el surgimiento de nuevas formas, de nuevas esperanzas.

El Pueblo fue engañado con globitos de colores está vez, no hay “masitas” que sacien el hambre de dignidad.

No se apuren a probarse el traje, dirigentes con sonrisa de plástico, porque un Pueblo en la calle está más despierto que nunca y las mentiras del marketing no logran frenar el avance de la realidad.

El subsuelo de la Patria está de pie nuevamente. El tiempo comienza la cuenta regresiva, quien cante envido debe tener 33 de mano porque la calle llena no es para mentirosos.

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