Néstor, ese Presidente Militante: mucho más que un recuerdo político.

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El sentimiento de orfandad volví a sentirlo años después cuando murió mi padre. Tal vez leer esto sea incomprensible para quien no vive la política como la vivimos millones de personas. 

Daniela Bambill

Néstor Kirchner fue uno de los dirigentes al que más admiré, tal vez el que más me interpeló.

Su desparpajo, su espontaneidad y su firmeza en la claridad conceptual reflejada en los hechos históricos que marcaron una bisagra en la vida de varias generaciones que no conocimos a Perón son y serán definitivamente el punto de retorno ante cada interpelación.

Sabemos que el sueño de una Patria Libre, Justa y Soberana, no es un apotegma anacrónico, Kirchner se arremangó en un país literalmente devastado y trabajando duro nos sacó del infierno.

Su inteligencia superlativa y su visión puesta en la posteridad lo convirtieron en un imprescindible. Néstor fue el tipo que tomó el Bastón con alegría,  desacartonado  e irreverente y nos mostró que ese símbolo de poder no era otra cosa que eso, un símbolo y que desde ese momento y para siempre connotaba la alegría con que debe ponerse la Patria al hombro.

Hemos visto pasar por la historia señores de riguroso protocolo y exquisita prolijidad que han entregado nuestros sueños al mejor postor. Néstor Kirchner nos invitó a concretar sueños individuales para conformar la gran Realidad Colectiva.

Los desaparecidos sociales tuvieron entidad bajo su mirada y la reconstrucción no se hizo esperar. No se quejó de herencias y el heredó el caos, no echó culpas a nadie y se hizo cargo de todos los problemas para resolverlos sin usar jamás como variable de ajuste el dolor del Pueblo.

Néstor  no nos pidió sacrificios, no nos pidió paciencia, no nos prometió nada. Simplemente nos invitó a soñar con la Patria que nos merecemos y se puso a trabajar por ella.

Ningún dirigente logró interpelarme de la manera en que él lo hizo, resignificó la Política para mí. Kirchner me devolvió la pasión que creí apagada para siempre después de varios cascotazos en mi corta vida militante en ese momento.

Ningún dirigente había logrado arrancarme la promesa de no claudicar jamás y no resignarme a ser mera espectadora de la historia.

Lloré como millones esa mañana de octubre y esas lágrimas que regamos por toda la Patria fueron el abono para el nacimiento de un nuevo tiempo.

Nada será igual en la Argentina después de Kirchner, sencillamente porque los Pueblos, confundidos, a veces, engañados, otras no se olvidan de esos hombres, los imprescindibles.

Nada será igual en la América Morena después de Kirchner, sencillamente porque demostró que la dignidad de los Pueblos no se arrodilla ante nadie.

Nada será igual en la historia después de Néstor, el mundo es un poco mejor con su paso por la tierra.

 

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