El mismo amor, la misma lluvia


25 de Octubre de 2010. Una multitud sale a la calle a llorar a su líder, un líder que había sabido ganarse la voluntad del pueblo en base a no dejar sus convicciones en la puerta de la Casa de Gobierno. 13 de Abril de 2016, una multitud sale a respaldar a la mujer que representa el punto más alto de la lucha en América Latina, tal como Fidel Castro caracterizó a Cristina, que de ella hablamos.

J. C. Romero López  Por Juan Carlos Romero López

La torpeza de los paramilitares judiciales, se manifestó en toda su plenitud al citar a la mujer que sin fueros, más que los del pueblo, cómo ella muy bien dijo, se enfrentó a una citación absurda desde que las decisiones políticas no son judiciables. La causa del dólar a futuro demuestra lo endeble de querer involucrar a la Presidenta Cristina Fernández en causas que le son ajenas, al menos mucho más que para los amigos de Mauricio Macri, que sí, se beneficiaron transando y especulando con el verde billete, con posterioridad a la brutal devaluación que acometieron.

Y entonces, el amor que se manifestó cómo lágrimas al despedir a Kirchner, reapareció como indignación y apoyo para defender a su compañera de vida, lucha y militancia.

Las columnas partieron desde los barrios, desde diferentes puntos de la ciudad, llegaban desde el interior, sin movilizaciones de aparatos, sin prebendas, planes o vales de comida. La lluvia era intensa, persistente, el clima destemplado., devotos de la inclusión, fieles de la soberanía y la dignidad nacional.

Las columnas iniciales se iban engrosando con el correr de las cuadras, se sumaban trabajadores, comerciantes, periodistas, intelectuales, carteros y abogados. La gente de los comercios salía al paso los autos tocaban sus bocinas y sus ocupantes saludaban con la V de la Victoria al paso de los feligreses de la patria es el otro.

Hombres y mujeres de todas las edades se congregaron en los alrededores de los tribunales de Comodoro Py, llegaban caminando, algunos en micros, y hasta hubo quienes llegaron en sillas de ruedas.

Al cronista se le humedecen los ojos al recordar esa jornada, que pugna por encabezar las más hermosas de su vida.

Es que la historia, la pasión y las ganas se corporizaron en esa mujer que de manera plena nos representa a todos, aún a los que la odian. Su impotencia para intentar  destruirla, no hace más que desnudar sus miserias.

Quisieron derrotarla, y la fortalecieron.

Con supina imbecilidad, las autoridades del Ministerio de Seguridad enviaron carros hidrantes para prevenir los desmanes de quienes llevábamos horas empapados. Así de inútiles los gerentes de esta corporación siniestra que desgobierna a la patria.

Y habló Cristina y dijo todo lo que tenía que decir. Su altura de estadista está intacta y más resplandeciente aún con el breve espacio en que no estuvo y pudimos comparar sus “encíclicas” con las muecas perversas de un grupo de desquiciados, perversos e improvisados que llegaron para saquear al país ungidos por la mano astuta de los asesores y la fuerza brutal de la antipatria encabezada por los paramilitares mediáticos.

Desde ese discurso todo cambió. Desaparecieron de escena los candidatos a ocupar los vacíos del liderazgo que Cristina nunca dejó, pese a su silencio y repliegue táctico.

Convocó a legisladores, intendentes y personalidades de la cultura, la asistencia bordeó ser perfecta. Es que no hay fuerza más poderosa que el amor de un pueblo. Es hora que algunos terminen de entenderlo de una vez.  Y es que quizá alguna vez sentirán esa lluvia que les bautice la ropa y la piel y por qué no ese amor que les inaugure el alma.

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