Macri, el faccioso


Hernan Brienza Convencido de que la polarización le sirve, al menos, para fidelizar su electorado, el presidente Mauricio Macri decidió abandonar definitivamente su retórica conciliadora para asumir un discurso claro y belicoso contra todos aquellos sectores que se opongan a su gobierno. En ese nuevo rol, ya no como primer mandatario de todos los argentinos sino como el simple “jefe faccioso” de Cambiemos el sábado por la noche, emitió un corto video en el que mostró su nueva cosmovisión: ya no se trata de “todos los argentinos, en unidad, juntos, todos del mismo lado” sino de los “argentinos” por un lado y de aquellos que van por el “choripán” y “en micros” acarreados a las marchas. El desprecio que el presidente mostró por sus opositores, esos cientos de miles de personas que marcharon durante todo el mes de marzo por Buenos Aires, marcó el fin de la estrategia de acumulación política del Macrismo. De aquí hasta las elecciones, al menos, la táctica electoral del Macrismo será la confrontación para garantizar la fidelización de su propia clientela, es decir, no irá en búsqueda de un electorado plural, como lo hizo en el 2015 sino que se recostará sobre lo propio, profundizando la confrontación y el desencuentro entre los argentinos.

En 2008 en plena campaña destituyente organizada por las organizaciones rurales, la por entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner se refirió a los cortes en las rutas como “piquetes de la abundancia”. La frase, dura, repercutió en todos los medios de comunicación y fue duramente criticada por los principales analistas del poder hegemónico en la Argentina. Las acusaciones, en aquel momento, señalaban la “soberbia”, el “autismo”, la “confrontatividad” de la primera mandataria. La frase “vienen por el choripán” de neto corte faccioso en la boca de un presidente repite el mismo esquema de resolución de demandas: soberbia, autismo y confrontatividad son cualidades que ha desplegado Macri en esta semana. Cristina lo hacía contra los poderes concentrados en la Argentina, lo que significaba un alto grado de valentía, Macri contra los trabajadores, los sectores mas postergados en los últimos 16 meses en la Argentina.

Por alguna razón, Macri ha decidió no escuchar el reclamo. Y ha contestado encerrándose sobre sí mismo y su propia autocondescendencia. Lejos de dialogar con la oposición ha decidido despreciarla –he allí el pecado de soberbia que lo vuelve antipático excepto para el electorado cautivo. Y la jugada es riesgosa a mediano plazo incluso para sus propios intereses. Nada hay peor para un gobierno que “no escuchar” los reclamos de la sociedad, que aparecer como cerrados, necios, fanáticos, infalibles, dogmáticos. Eso sirve para la tropa propia, los 25 o 50 mil manifestantes del Primero de Abril, por ejemplo, pero no alcanza ni siquiera para contener a los sectores antikirchneristas “lúcidos”, es decir aquellos que creen que “comerse al caníbal” nunca es el mejor de los negocios.

Lejos de ser un exabrupto, el Macrismo exacerbó la confrontación con el paro general del 6 de abril. Negó la contundencia de la medida, la minimizó, habló de “un paro de transportes”, reprimió los piquetes, y peor aún trató de extorsionadores a aquellos que ejercían su derecho a decretar una huelga general en una república democrática.

Sin embargo, la perla negra de la semana fue para la frase de Macri “si no metemos presos a los mafiosos, nos voltean”, dicha entre bambalinas. La frase es sumamente peligrosa por varias razones:

a) Cosifica a la oposición: todo aquel que se opone es un mafioso.
b) Todo mafioso es golpista
c) Es una amenaza directa: el opositor, va preso.
El enunciado sugiere un avasallamiento a los principios básicos del republicanismo: un presidente, una facción, puede meter preso a quien quiera, sobre todo si son opositores, pasando por arriba del Poder Judicial, o los que es peor, ordenándole al Poder Judicial que encarcele a los que el Supremo desea.
La frase es desacertada, además, porque continúa con la política de estigmatización y cosificación del Kirchnerismo. Ya no se trata de un adversario político, sino, vaya mirada precámbrica si las hay, en un enemigo al que hay que exterminar. Macri y los suyos, junto a los medios de comunicación, ejercen una visión autoritaria de la sociedad donde la mirada predemocrática establece el siguiente silogismo:

a) Si no estás conmigo sos mafioso.
b) Si sos mafioso, sos golpista.
c) Ergo, a los mafiosos golpistas, ni justicia.
El razonamiento es peligrosísimo. Porque así piensa la razón autoritaria. Por esta vía, un buen día, Mauricio Macri se convirtió en todo aquello que él mismo criticaba. Y demostró que lejos de unir a los argentinos, vino a gobernar para su facción, mediante la confrontación permanente, la lógica amigo-enemigo. Tal vez le sirva para las elecciones de octubre, pero es una muy mala noticia para todos los argentinos. Un mal lector de Ernesto Laclau, podría decir que “se hizo populista”, perdón por la ironía.

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