La visibilidad de lo invisible


En el prólogo al libro La palabra de los muertos de Eugenio Zaffaroni a cargo de Juan Gelman, el poeta dice refiriéndose al poder: “El poder ha procurado siempre –o casi- convertir a la sociedad civil entera en carne de punición. El poder punitivo nos vigila (…) Se nos quiere uniformar el alma a fin de convertirnos en tierra fértil para los autoritarismos, a veces dictatoriales, a veces más modernos pero no menos exterminadores”.

* Por Alma Verónica Rodríguez, especial para InfoBaires24

En relación a lo mencionado por Gelman, dos episodios gravísimos ocurridos la semana pasada dejan, una vez más, en evidencia antidemocrática al gobierno macrista de Cambiemos : la terrible y salvaje represión a los maestros durante el domingo nueve de abril a la noche en la Plaza del Congreso y los hechos acontecidos en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Jujuy durante el jueves a la madrugada, que terminaron con la detención ilegal y arbitraria de los estudiantes e integrantes del claustro estudiantil Joaquín Quispe e Ignacio García en la que, a partir de un operativo ilegal, se violó lo establecido en el Artículo 31 de la Ley 24.521de Educación Superior por el cual se determina que “La fuerza pública no puede ingresar a las instituciones universitarias nacionales si no media orden escrita previa fundada de juez competente o solicitud expresa de la autoridad universitaria legítimamente constituida”.

Se trata de dos episodios que ponen de manifiesto un mismo estado de las cosas, en un caso representado por la fuerza policial de la ciudad de Buenos Aires y en el otro representado por la policía que responde a Gerardo Morales en Jujuy.  Con estos dos hechos, el gobierno nacional -y por ende el estado- “firmó” (en el sentido de dejar su sello), a través de actos puntuales, un decreto por el cual declara la guerra a la educación en todos los espacios posibles: escuelas, universidades, calle, redes, medios de comunicación.

Sabemos que lo ideológico tiene su manifestación más clara en el discurso (no en el sentido protocolar como discurso que alguien da frente a un auditorio,  sino discurso como conjunto de enunciados de un hablante) y que es a partir de los distintos discursos que se producen en una sociedad, que circulan y se imponen, que el poder encuentra su mecanismo más claro de conformación y consolidación. Sabemos, también, que el macrismo impone su discurso (su propio relato, si es que lo hay) utilizando las vías que le proveen los medios hegemónicos y explotando al máximo dos estrategias. Una de las más fuertes es la mentira (esto quedó claramente demostrado en el debate presidencial del 15 de noviembre de 2015, momento a partir del cual muchos, medio en broma y bastante en serio, instituyeron a esta fecha como “día nacional de la mentira”). La otra estrategia discursiva es el cambio de lugares y la tergiversación de la prueba: la utilización de los medios hegemónicos para mostrar y montar la secuencia de los hechos de manera trastocada, invertida y, en definitiva, cambiada, colocando a la victima en lugar de victimario y viceversa.

En el caso de la represión a los maestros, esto último se vio claramente reflejado en la manera en que los medios aliados y funcionales al poder armaron la puesta en escena de lo acontecido. Cuando Patricia Bullrich dice en el programa de Morales Solá:  “Estaba la policía de la ciudad parada y los docentes le pegaban patadas por abajo” -a lo que Morales Solá pregunta para dar otra vuelta de tuerca y revictimizar a la víctima: “¿eran docentes? “-  no está haciendo más que revertir la imagen de lo que todos presenciamos y vimos claramente: transformar lo que fue una brutal represión policial a los maestros en “pegarle patadas a los policías”.

Como si fueras poco, y para reforzar este accionar, al día siguiente de lo ocurrido con los maestros, Clarín titula: “Por sorpresa, activistas docentes aparecieron ayer en la Plaza del Congreso para protestar montando una carpa itinerante. Como no tenían permiso de la ciudad la Policía los desalojó.” El apelativo “activista” reemplaza a “maestro” y la brutal represión con palos y gas pimienta entre otros métodos es reemplazado por “desalojo”. Por último, debajo de la foto, y a modo de epígrafe, puede leerse:  “Choque. Los manifestantes y la policía, anoche frente al Congreso”. La palabra “choque”, como si habláramos de fuerzas igualitarias al igual que la utilización del término “enfrentamiento” durante la Dictadura,  les viene como anillo al dedo para nombrar la reprimenda.

En sintonía con esta línea discursiva, la gobernadora Vidal y el mismísimo Macri refieren a la reunión paritaria como una “batalla” y el presidente insta a la gobernadora a no bajar los brazos, planteando, entonces, que lo que debiera considerarse una pacífica reunión en donde se acuerden medidas en pos de la educación, termine impactando en la opinión pública como una guerra donde los malvados son los docentes por el mero hecho de pedir a los gobernantes que cumplan con la ley.

Cuando creíamos que lo ocurrido el domingo a la noche en el Congreso ya había sido suficiente representación de la barbarie en detrimento de la educación pública a la que este gobierno viene apaleando desde hace rato, nos enteramos de lo ocurrido el jueves a la madrugada en la Universidad Nacional de Jujuy.

En su discurso del seis de agosto de 2016, durante la visita que Cristina Fernández de Kirchner realizara a la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA con motivo de los cincuenta años de la denominada Noche de los bastones largos, expresaba: “La duda, la ciencia, la investigación, el pensamiento crítico, todo esto atenta contra un modelo que tiende a encorsetar el pensamiento y fundamentalmente a disciplinar a una sociedad. Para que haya disciplinamiento social en los trabajadores, en los estudiantes, en los científicos, tiene que haber gente que no piense, que repita slogans, y que de ser posible solamente pueda desarrollar no más de 2, 3, 5, 10 minutos de discusión o de charla. Todo aquel que pase los 15 minutos es considerado casi un enemigo público.” Y agrega: “Cuando un gobierno tiene ideas cortas, necesita bastones largos”. Podríamos agregar: bastones largos, también, porque vienen de larga data. Y, como bien sintetizaba la ex presidenta citando el manifiesto de los Científicos autoconvocados: “No cambiaron. Volvieron.”

La guerra declarada a la educación en todas sus formas, la necesidad de nombrar lo tremendo del espanto hace pensar que tanto la noche del domingo como la noche del miércoles en Jujuy puedan ser nombradas de acá a un tiempo como “la noche de un gobierno de ideas cortas” o “la noche de las ideas cortas”, así, directamente.De esta manera, el discurso de los medios de comunicación hegemónicos se presenta en consonancia con esas ideas, de forma naturalizada, creando significaciones que funcionan algo así como mapas de sentido que sirven para imponer un orden dominante a la vida social.

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