La Presidenta Cristina Fernández de Kirchner recibe a las terminales automotrices


Esta semana, cuando Cristina Fernández de Kirchner reciba a los titulares de terminales automotrices de la Argentina, reprochará con seguridad el apego mercantil especulativo de los empresarios, muchos de los cuales se vieron beneficiados por el compromiso del Estado argentino con la industria. Hace algunos días, la Presidenta fue clara cuando les pidió que no “encanuten” los automóviles destinados al Pro.Cre.Auto, el plan de financiación oficial que acompaña la recuperación del sector, y en 2009, ayudó con una inversión a la General Motors, que no solo le permitió sortear la crisis internacional, sino que proyectó sus ventas al punto de constituir un paquete de “ganancias genuinas” con escasos equivalentes internacionales.

La crisis actual de la industria, que se recupera con lentitud pero con solidez, fue el producto de una crisis internacional sobre la que actúa el establishment económico, financiero al producir especulaciones de diferente tipo. Una de ellas es la que avizora en 2015, un resultado electoral favorable al kirchnerismo de acuerdo a la conducción de Cristina Fernández de Kirchner. El virtual llamado a golpe de Estado, dicho en tono encubierto, del economista radical González Fraga, es una de las fórmulas que utiliza la oposición convertida en una suerte de entrevero buitre donde confluyen todos los gestos gorilas de un conglomerado político que sale luego, a cobrar servicios. Si de algún lado salen los fondos para las campañas, hoy los fondos buitres alimentan a derecha e izquierda, a patéticos presuntos dirigentes que cacarean antes de la frustración. Por eso, el jefe de Gabinete explicó que “defender los intereses extranjeros de los fondos buitre” en vez de defender “los intereses soberanos de la Argentina”, da la pauta de que esos beneficiarios están “financiados y bancados por los fondos buitre”.

Cristina no se equivocó al reprochar a algunos jefe de automotrices el hecho de que sean desleales con un gobierno que realizó desde el 2003, una fuerte inversión en la industria, de más de 20 mil millones de dólares. Tal vez el ejemplo interesante a considerar, que revela incluso esfuerzo intelectual, es el de Toyota, que lejos de mirar la coyuntura, invierte en Argentina, mirando los próximos diez años para convertir a la plaza local, en una de las más fuertes del continente en materia de fabricación y exportación de automóviles. Intuyen que Argentina va a recuperarse, que tiene un capital humano profesional que es uno de los más competentes de Hispanoamérica. Y para ello cuenta incluso, con los planes de formación profesional que realiza el Ministerio de Trabajo con gremios como el SMATA, que despliega sus centros de formación en todo el país, y con el sistema de paritarias, casi único en el mundo, que es un modo de canalizar las demandas salariales con justicia social. Medios como “El País” de Madrid, insisten en colocar a México como líder de la industria en América Latina. Sin embargo, en México no hay paritarias, la palabra delegado está prohibida en las fábricas y si alguno aparece, es corrido por la violencia. México, dicho don dolor, representa hoy a un pico de la alta explotación de los trabajadores para lograr costos a precio humano.

En su edición de ayer, “El País” vuelve con su prédica antiargentina, y resalta a México y sus políticas neoliberales. No hay dudas del crecimiento de la industria en ese país pero sucede porque los trabajadores pagan el precio de la involución salarial y social. Y eso, como se sabe en Argentina, es pan para hoy y hambre para mañana.

Por eso cuando la Presidenta Cristina reciba a los titulares de las terminales, su palabra será escucha son suma atención. Conducir un país, un proceso político de cambio, precisa de autoridad, capacidad de observación de la realidad, y visión que proyecte los destinos de un país hacia su transformación. Y con eso cuenta la mandataria que al mismo tiempo, entre cabildeos, escenas teatrales de la decadencia en la oposición, camina el presente en función de un futuro con vistas a la Patria Grande.

Por Ignacio Campos

 

 

 

 

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