La marcha federal marcó un quiebre en el escenario político


Esperanzadoramente triste la realidad que nos toca. Como en una obra de ciencia ficción parece que el tiempo retrocedió más de veinte años. 

Daniela Bambill

La Marcha Federal convocada por la incipiente unidad de diferentes sindicatos nucleados en las dos CTA y en la CGT junto a Movimientos Sociales ha marcado un quiebre en el escenario político.

La conflictividad social se agudiza con la premura del paso de las horas, solo 9 meses le han costado a Macri para gestar la Unidad impensada en diciembre del Movimiento Obrero Organizado. Los gobiernos antipopulares logran un solo mérito: morigerar los argumentos de luchas internas en el Campo Popular.

Yasky ha cerrado la contundente movilización con una amplia convocatoria hacia un paro general efectivo y propuso como desafío marcar la agenda política desde la clase trabajadora.

Las inversiones no llegan y parece que no llegarán, las torpezas discursivas de los miembros del gobierno y su indolencia permanente están viciando el aire de este tiempo en que el brutal ajuste, el tarifazo y los despidos marcan el timing del objetivo de transferencia de recursos a manos de las corporaciones que han ocupado el poder sin más armas que los micrófonos, las cámaras y las letras de molde.

El avance sobre la Región es obscenamente violento. El imperio ha fijado su objetivo geopolítico en Suramérica hace tiempo. La reacción popular es la única esperanza concreta para recuperar la dignidad que supimos conseguir en 2005 en Mar del Plata.

El mapa mundial se tiñe de sangre y nuestra Región de mafias institucionalizadas. Un difícil tiempo ha llegado.

Las bases presionan al ritmo del descontento en las barriadas. Conocido escenario para los argentinos, como en el final del siglo pasado volvemos a las calles a gritar en paz para evitar la pérdida de los derechos conquistados.

La diferencia radica en que no han pasado 30 años desde el último gobierno que priorizó la búsqueda de la Justicia Social, han pasado solo 9 meses y un Pueblo consciente de sus derechos es más difícil de doblegar.

La cuenta regresiva ha comenzado. La calle es el lugar. La dirigencia que pretenda sobrevivir a la crisis de representatividad inminente después del conflicto en ciernes debe estar allí. No hay marketing que valga cuando las panzas hacen ruido.

Es tiempo de acción.

 

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