En la ¿dulce? espera del segundo semestre


Mariana Karaszewski Según los cálculos oficiales, al día de hoy estarían faltando aproximadamente treinta y cinco días para que llegue el ansiado ‘segundo semestre’, lo que serían algo así como unas cuatrocientas ochenta horas en la dulce espera. Se prevé que para ese entonces el país de un vuelco de 180 grados y comencemos a vivir la revolución de la alegría en todo su esplendor. Al menos esto es lo que promete vuestro presidente, el Sr. Mauricio ‘Procastinador’ Macri.

La procastinación (procrastinación, según la RAE), postergación o posposición es la acción o hábito de postergar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables para el sujeto. Desde un punto de vista psicológico, se considera que el síntoma de postergar la acción puede deberse a muchas causas: la más común es la neurosis obsesiva, donde la acción se va postergando para no comprometerse con el cumplimiento. El fantasma que tiende a postergar la acción es el miedo a la muerte porque uno queda estático con la idea de que si lo hace y cumple estará entonces más cerca del fin.

Este mecanismo es una de las formas que tiene el ser hablante de relacionarse con el deseo: puede demorarlo, postergarlo y aplazarlo. Se trata de una renuncia pulsional, es decir, el sujeto desea satisfacer la pulsión pero al mismo tiempo siente angustia y culpa por su realización, y consecuentemente lo suspende.

Resumiendo, lo que se conoce como procrastinación es alejar el deseo en el tiempo para suspender el goce. Es gozar de la suspensión del goce; hacer de la suspensión un goce mismo.

En la vida cotidiana podemos encontrar vastos ejemplos que ilustran estas actitudes. El sujeto en cuestión elige conscientemente evitar actividades de cualquier grado de importancia en su vida en forma innecesaria. Por ejemplo, un jefe que aplaza a diario una reunión en la que comunicará malas noticias a sus empleados para evitar situaciones conflictivas o un alumno universitario que tiene que rendir un examen final para recibirse y, sistemáticamente lo posterga, postergando por ende su recibimiento.

Por supuesto que la situación se complica cuando el sujeto del que se trata es el presidente de la Nación. Basta con mirar un rato de TV o leer los diarios para escuchar del famoso segundo semestre, el que apartemente traerá buenos augurios. Desde el Gobierno vienen alentando la idea de que a partir de Julio habrá un crecimiento de la economía y entonces habrán valido las consecuencias del ‘ajuste’, el cual principalmente incluye tarifazos, despidos y caída del consumo.

Desde un punto de vista psicológico, se considera que el síntoma de postergar la acción puede deberse a muchas causas: la más común es la neurosis obsesiva, donde la acción se va postergando para no comprometerse con el cumplimiento

A comienzos del mes de abril, el primer mandatario, haciendo referencia al brutal ajuste, enunció que: “Esto es parte de una primera etapa de ordenamiento”. Y agregó que le duele y le desespera tomar la decisión de aumentar las tarifas de los servicios públicos. Sin embargo, lo justifica afirmando que esas medidas son “la antesala de un proceso de crecimiento inédito en el país”. Pidió además que todos “den su máximo esfuerzo” para que “todos lleguemos a buen puerto”. La cuestión entonces sería una cosa así: pasarla mal ahora con la promesa de que en la segunda parte del año todo será mejor. Para los que leímos bastante a Freud y a Lacan, nos encontramos aquí con la procastinación del deseo. Y lo preocupante de esta situación no es que el presidente juegue con su deseo, que lo postergue más o menos en el tiempo, sino que está jugando con el deseo, las ilusiones y las expectativas de todos los argentinos. Y mientras tanto nos entretiene con temas superfluos.

Cabe destacar que Mauricio no está sólo en esto; sus funcionarios Frigerio y Triaca lo acompañan en la tarea de vendernos promesas de colores para ‘más adelante’. El ministro del Interior, confirmó el pasado martes 24 que “en el segundo semestre del año bajará drásticamente la inflación”, porque desde diciembre cuando asumió el nuevo gobierno se vienen aplicando las medidas correctas. Por su parte, consultado sobre las consecuencias del ajuste sobre los trabajadores, el flamante ministro de Trabajo admitió que las medidas del Gobierno “aprietan el bolsillo de muchas familias”, y reconoció “el esfuerzo que le estamos pidiendo a la ciudadanía”. Pero justificó las medidas tomadas en base a la profunda crisis social heredada del kirchnerismo. Asimismo, alimentó la idea de la transición: “Estamos en un momento de dificultades, de transición hacia otro momento que creemos que será mejor, pero en esa transición hay mucha gente que necesita una mano, y es ahí donde están todos los esfuerzos del Gobierno”.

Sin embargo, pareciera que no es necesario comenzar a transitar el mes de Julio para percibir que lo que se promete desde el gobierno no será posible. Economistas y empresarios prestigiosos coinciden en que puede llegar a bajar la inflación, pero la actividad se recuperará lentamente y hacia el final del año. El ex presidente del BCRA, Aldo Pignanelli, afirmó que es muy difícil que en el segundo semestre haya una recuperación de la economía. Y advirtió: “Inclusive dudo de esa recuperación si el Gobierno no acierta con la estrategia.

Sin ir más lejos, pareciera que el propio Macri ya empezó a arrepentirse de lo prometido. El viernes pasado en el acto de la fábrica de Cresta Roja (donde casualmente anunció el veto de la Ley Anti-despidos) se refirió al supuesto repunte de la economía del país y ya estiró los plazos: “Tengo confianza del camino que hemos emprendido. Los problemas que heredamos no se resuelven de un día para el otro. Estoy seguro que en un año vamos a ver los frutos de este camino que empezamos a recorrer”.

Queda claro pues que el actual mandatario no sólo posterga tomar decisiones para que a toda la Argentina le vaya bien, sino que también pospone la toma de responsabilidad que le concede el rol de Presidente de la Nación y por ahora le sigue echando la culpa de la situación actual al Gobierno anterior. Cabe preguntarse entonces, ¿hasta cuándo podrá seguir ‘pateando la pelota’? El tiempo es infinito, pero la paciencia de los argentinos, no.

Comentarios

comentarios