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Hoy en el diván: “Los discursos de Macri o cómo hablar sin decir absolutamente nada”

 Al leer el título de este artículo, muchos podrán preguntarse cómo es posible hablar sin decir nada. Para que se entienda un poco más, podríamos agregarle nada, “importante”. Y esto nos lleva directo al análisis del discurso del presidente Mauricio Macri, quien efectivamente, en la mayoría de los casos, habla mucho pero no llega a decir nada importante, o al menos nada que luego se acompañe con hechos concretos. Entonces más que de un discurso sentido y coherente con la realidad, podríamos hablar de un  palabrerío sin sentido.  

Mariana Karaszewski

Esto sería algo común si pensáramos por ejemplo en lo que sucede en una sesión de terapia psicoanalítica, donde el paciente habla de cosas banales la mayor parte del tiempo y sólo por momentos puede salirse de ese “bla-bla”, para decir algo que realmente lo involucra. Y es ahí donde el analista debe “parar la oreja” para luego poder intervenir.

Pero cuando hablamos de Mauricio, estamos pensando en la figura de la autoridad máxima del poder ejecutivo y el problema de que esto suceda radica en que sus discursos se dirigen al pueblo. Un pueblo que espera acciones más que palabras. Un pueblo que de a poco se va dando cuenta que fue engañado con promesas de campaña que no se cumplen. Un ejemplo bien concreto: “la felicidad” que nos prometieron para el segundo semestre que nunca llegó.

Veamos un poco cómo explica la psicología esta distinción que vamos a denominar como “palabra vacía y palabra plena”. Sigmund Freud elaboró distintas teorías al respecto pero encontró un límite al suponer que el inconsciente estaría en otro lugar que en la palabra misma y se dedicó a analizar las resistencias para que el sujeto ‘confiese’ aquello que no dice. Lacan da un paso más allá y hace hincapié en algo que ya había formulado el padre del psicoanálisis: la verdad está en el discurso mismo. Sin embargo, no está presente todo el tiempo. Hay momentos privilegiados para captarla, los cuales se denominan ‘formaciones del inconsciente’ e incluyen sueños, actos fallidos, chistes y síntomas. Todas estas formaciones tienen algo en común: la palabra se confiesa sin querer. Entonces, denominamos  ‘palabra plena’ al momento en el que aparece el inconsciente de cada sujeto. Todo lo demás, se considera palabra vacía.

Ahora bien, recordemos un poco los últimos discursos de Mauricio, o incluso de otros referentes del PRO, donde siguen hablando de la ‘pesada herencia’, justificando el sufrimiento en pos de un futuro mejor y prometiendo amor y felicidad para los tiempos que vendrán. No hace falta haber leído a Freud para darse cuenta de que son todas palabras vacías, fundamentalmente porque no conducen a nada de lo que estos actores políticos piensan ni sienten realmente. Es claro que el propósito de este gobierno es favorecer a los sectores más pudientes de la sociedad y no ayudar al progreso de los sectores más vulnerables, como muchas veces pregonan.

Recordarán el lapsus de Marcos Peña, cuando en su primer informe de gestión enunció que estaba pensando en «un sistema de tarifas y subsidios para proteger a los que más tienen«. Podemos ser ingenuos y pensar que simplemente se equivocó y quiso decir que subsidiarán a los que menos tienen, pero también podemos encontrar en esas palabras una muestra de sus deseos inconscientes, de sus intenciones reales, que de hecho tienen más que ver con lo que este gobierno está llevando a cabo.

En cuanto al presi, cabe destacar un fallido, entre muchos otros, que cometió durante su estadía en Chile en ocasión de la Cumbre de la Alianza del Pacífico. Comenzó afirmando que hay un enorme futuro para la región, y concluyó: «Estamos seguros que todos hemos entendido que a mayor institucionalidad, que a menores reglas claras de qué es lo que hay que hacer, vamos a tener más inversión, que nos llevará al empleo». Sin dudas, otro propósito que este gobierno pretende ocultar, pero el inconsciente por suerte es sabio y no lo permite.

De todos modos, no sólo en estas formaciones se traduce el inconsciente, a veces puja tanto por salir a la luz que hasta se iguala al aparato consciente y se lo puede oír a viva voz. Sino repasemos el flamante comentario de ‘Mau’ sobre los 30 mil desaparecidos durante la dictadura militar: «No tengo idea y no me interesa participar del debate. «No sé si fueron 30 mil o 9 mil, es una discusión en la que no voy a entrar». Más claro, echale Macri.

Tarea para el hogar: prestar más atención a las palabras de quienes nos gobiernan, porque no hace falta buscar en las profundidades; ahí nomás están sus verdades y una muestra gratis de sus ideales y convicciones. Estemos atentos, con las orejas y los ojos bien abiertos y no nos dejemos endulzar con promesas vacías.

 

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